El preso más peligroso, que mató a su novia en Bilbao, se declara en rebeldía

Fabrizio Joao Silva, en el momento de su detención y en una imagen de un traslado reciente./Luis Calabor
Fabrizio Joao Silva, en el momento de su detención y en una imagen de un traslado reciente. / Luis Calabor

El guineano Fabrizio Joao Silva, condenado por dos crímenes, comunica que «ya está cansado» de obedecer las órdenes de los funcionarios

EL CORREO

Los funcionarios de prisiones tragan saliva cada vez que se encuentran frente a frente con él. Acumulan suficientes motivos para ello. Ha matado a dos personas con las que se ensañó, es extremadamente peligroso, vive aislado y nadie en el centro penitenciario tiene contacto directo con él si no está asegurada su integridad. Se trata de Fabrizio Joao Silva, guineano, 36 años, más de 1,80 de estatura y 120 kilos de peso. Uno de los reclusos más peligrosos de los internos en España. El 'Hannibal Lecter' de las cárceles españolas que en una ocasión llegó a gritar a quienes le custodiaban en la cárcel de Cádiz: «¡Tengo que matar a un funcionario». Pues bien, Fabrizio se ha declarado en rebeldía, ha dicho que no acatará ninguna de las órdenes que reciba.

Asesinato en Otxarkoaga

Fabrizio Joao Silva fue condenado por matar a su novia en el barrio de Otxarkoaga en 2004 y después a un compañero de celda. Y aún tiene pendiente de juicio una agresión con un cuchillo a ocho funcionarios de prisión en Cádiz. En una instancia dirigida a la dirección del penal de A Lama (Pontevedra), al que ha sido trasladado hace dos meses, ha comunicado que ya no reconoce la autoridad por parte de la plantilla de funcionarios del centro alegando que «ya está cansado».

Según fuentes penitenciarias, el comunicado por parte del reo más peligroso de España no ha tenido, por el momento, consecuencias prácticas en cuanto al funcionamiento interno. Es decir, se mantienen las medidas de seguridad que controlaban los impulsos violentos del preso y que limitan su vida entre rejas a una celda en la que no tiene contacto físico ni con los funcionarios ni con ningún otro recluso.

A Adama Aua Bari la asesinó de ocho puñaladas, una mientras dormía y las otras siete por la espalda, cuando trataba de huir tras negarse a mantener relaciones sexuales con él. La mujer no tuvo posibilidad alguna de defenderse. Sucedió en el barrio bilbaíno de Otxarkoaga, el 27 de septiembre de 2004. La Audiencia de Bizkaia le impuso un castigo de 22 años y medio de cárcel. En junio de 2014, Fabrizio volvió a matar. Esta vez acabó con la vida del colombiano José Márquez, en el interior de un baño de la prisión de Córdoba. La emprendió a puñetazos y le pateó mortalmente mientras se encontraba en uno de los pocos lugares del penal donde no graban las cámaras de seguridad. Por este último crimen fue condenado a otros 18 años de privación de libertad.

Extrema seguridad

Nacido en octubre de 1982 en Guinea-Bissau, es extraordinariamente violento y temido. Estas extremas medidas de seguridad se mantienen desde que en Cádiz agredió a ocho funcionarios y mandó a dos de ellos heridos de gravedad al hospital. Su agresividad y la brutalidad con la que actúa llevó a las direcciones de las cárceles en las que ha estado a diseñar un cuidado plan de control en el que no se admiten despistes por parte de los trabajadores, los más expuestos a sus arrebatos.

Así, por ejemplo, la puerta de su celda se abre de forma automática, nunca se cruza y la comida se le pasa a través de una puerta metálica. Ha permanecido más de una década en módulos de alta seguridad, la mayor parte del tiempo, en aislamiento. Acumula 40 sanciones por mal comportamiento y solo sale al patio tres horas bajo la atenta mirada de cuatro funcionarios de prisiones.