El Correo

Pablo Iglesias, Albert Rivera y el fin del colegueo

Pablo Iglesias y Albert Rivera se saludan antes de comenzar el cara a cara, moderado por Jordi Évole.
Pablo Iglesias y Albert Rivera se saludan antes de comenzar el cara a cara, moderado por Jordi Évole. / LA SEXTA
  • Los líderes de Podemos y Ciudadanos escenifican su antagonismo ideológico en un cara a cara bronco que «envejece» la nueva política

De chaqueta no, pero sí hubo cambio de camisa. Pablo Iglesias se arremangó una azul oscura y Albert Rivera eligió mal una más clara en el choque de vuelta. Del cheque en blanco de entonces al debate con condiciones. Cecilia, la dueña del Tío Cuco, el bar de Canyells que acogió el ‘partido de ida’ en octubre, de buena gana habría pagado los cafés (los dos con leche, hasta en eso estaban de acuerdo por entonces), pero Ciudadanos pidió un cambio de escenario y una mesa más grande. Quizá como metáfora del abismo ideológico que les separa, amortiguado en aquel primer cara a cara por el colegueo pero puesto en evidencia en este segundo encuentro bronco, celebrado en el Círculo de Bellas Artes, en Madrid.

Al bar del Tío Cuco los dos candidatos llegaron juntos en una furgoneta negra, «como la del equipo A». Iglesias preguntando a Rivera por su hija, que se arrima a papá cuando la gente por la calle le pide un selfie. Ayer no vimos el saludo, solo un obligado apretón de manos final. Tampoco mostraron el 'backstage', las risas de los descansos. Porque no las hubo.

Jordi Évole, un árbitro que en algún momento echó de menos no haber tenido una roja para mostrar, hizo el saque lanzando una pulla en ambas direcciones: «Desde aquí se ve el edificio de Telefónica, espero que no acabéis allí con algún carguito», y abrió fuego con el asunto del gasto electoral. Todo bien, los dos de acuerdo. A partir de ese momento Iglesias y Rivera no volverían a encontrar otro espacio común en la hora y media debate (con dos pausas de uno y seis minutos para publicidad).

Évole había publicitado el cara a cara preelectoral el día antes en 'La Sexta Noche', advirtiendo de la agresividad en el tono. En la primera pregunta se le escapó un «ostia» pero luego fueron los dos debatientes los que fueron alternándose para levantar la voz. Iglesias adoptó la estrategia de equiparar a Ciudadanos con el PP, presentándole como el filial del partido de Mariano Rajoy, y Rivera explotó el argumento de culpar a Podemos (y al PP) de la convocatoria de nuevas elecciones. Eso estuvo permanentemente, y especialmente al principio, en la base del discurso, que alcanzó el tono más feo con la cuestión de los refugiados: «Pablo, tu demagogia es insultante. No juegues con el dolor de la gente, es indignante», «Tú te haces fotos con el dolor de la gente, después de apoyar que se bombardee te haces fotos con los sirios, eso sí que es indignante». Con Venezuela, omnipresente en la campaña que aún no ha empezado, se atascaron sin posibilidad de salida («¿por qué no nos ayudas, tú que tienes mano con el régimen de Maduro? Tú o Monedero, tus amigos…») y en el capítulo de empleo volvieron al tono beligerante: «Te sale la cal viva», le espetó Rivera a Iglesias.

«¿De verdad queréis seguir con este tono en el debate?». Jordi Évole, desafiando la lógica televisiva del 'más madera' les afeó el tono. Y ahí empezaron los dos a perder más que a ganar. Porque da la sensación de que las palabras gruesas no benefician, de que el votante está harto del desacuerdo, más todavía en esta segunda convocatoria de elecciones.

La cordialidad de la nueva política que se vio en el debate del Tío Cuco fue reemplazada por la beligerancia de la vieja política en este cara a cara que ha inaugurado antes de tiempo la campaña electoral en la tele. El formato, con dos candidatos frente a frente en una mesa (eligieron los mismos sitios que la vez anterior, Iglesias a la izquierda del espectador y Rivera a la derecha), tampoco era nuevo, pero Évole supo agilizar la conversación planteando los grandes temas a través de cuestiones concretas que dejaban poco margen para las generalizaciones. Medio Ambiente con el incendio de Seseña, Educación con la cuestión de los colegios concertados, Empleo con los contratos de ocho minutos en el sector de limpieza, Fiscalidad con la decisión del Ayuntamiento de Barcelona de no hacer contratos con empresas que tengan dinero en paraísos fiscales, Europa con la exigencia de Bruselas de recortar 8.000 millones… Hora y media de examen. El primero lo ganó Albert Rivera, hasta Pablo Iglesias reconoció que su adversario lo hizo mejor entonces. ¿Y este segundo?

El veredicto de los expertos:

Pau Canaletas. Experto en marketing político

«Pablo Iglesias ha sabido controlar mucho mejor las emociones y Rivera ha estado más nervioso y con los ataques muy preparados, más implicado en el cuerpo a cuerpo. Se ha mostrado agresivo, como cuando ha dicho lo de la cal viva, a veces de pasa de frenada y cuando ataca así lo hace con todo el cuerpo, con el gesto, el lenguaje no verbal a él le perjudica. El líder de Podemos también ha atacado pero ha sabido guardar mejor las formas. Su partido es más radical pero a él le sale natural el autocontrol. Lanza dardos, como cuando le ha dicho a Rivera lo de los sin papeles que no tienen tarjeta sanitaria, pero lo hace con guantes de seda. Me ha sorprendido la falta de frescura, se ve que la nueva política va envejeciendo. Aunque hay que decir positivamente por parte de ambos que no han mostrado miedo, como en el debate en el bar del Tío Cuco, y los dos candidatos han estado sueltos y seguros de sí mismos. El debate ha sido fresco y rápido pero Jordi Évole tenía que haber cortado el asunto de Venezuela porque llevaban dos o tres minutos hablando de lo mismo y no aportaba ya nada. Me ha llamado la atención el tono excesivamente bronco teniendo en cuenta que la otra vez fue tan cordial. Yo le pondría un seis al debate, a Pablo Iglesias algo más, quizá un seis y medio, aunque no ha ganado muchos votos. Rivera ha sacado un cuatro y ha perdido un poco esa imagen de moderación, de transversalidad».

Miguel Ángel Rodríguez Caveda. Especialista en comunicación política

«Yo no daría como claro ganador a ninguno, aunque Pablo Iglesias ha estado más calmado, más sereno, llevándole a Rivera a su terreno. Me ha sorprendido el tono, yo esperaba mensajes conciliadores porque la gente está harta de que los políticos no se pongan de acuerdo. Albert Rivera ya ha advertido al principio que en estos cuatro meses habían pasado cosas, anticipando que no iba a ser un debate fácil. A los dos se les ha ido de las manos, aunque Albert Rivera ha tenido hasta un momento un poco infantil, cuando repetía varias veces la frase de si iba a hacer algo Iglesias por Venezuela. Ha sonado a ‘estoy enfadado’. Además, en la sala debía hacer mucho calor porque se les veía sudando, especialmente al candidato de Ciudadanos, cuyo equipo tenía que haberle dicho que lo más acertado para estos casos es una camisa blanca. Estéticamente el debate ha sido algo muy clásico, ese guiño a la nueva política no se ha notado nada. Y en cuanto a réditos electorales… Pablo Iglesias está mejor situado que Albert Rivera en las encuestas, así que era el que más tenía que perder con el debate. Rivera podía haber ganado algo pero no ha sabido aprovecharlo. Al margen del tono, al debate le doy un ocho, ha habido chicha».