Fracasa la subasta para vender el prototipo del coche vasco de carreras de Epsilon

Imagen del prototipo, en su diseño para el túnel de viento, que la Agencia Tributaria ha sacado a subasta sin éxito./
Imagen del prototipo, en su diseño para el túnel de viento, que la Agencia Tributaria ha sacado a subasta sin éxito.

La Agencia Tributaria no consigue comprador por 10.000 euros para un modelo fabricado por la quebrada empresa, cuyos gestores han sido condenados tras recibir millonarias ayudas públicas

ÓSCAR B. DE OTÁLORA

El 'caso Epsilon' ha vivido en las últimas horas uno de los coletazos que cada poco tiempo lo reavivan. La Agencia Tributaria no ha conseguido vender en subasta pública una maqueta del prototipo del vehículo con el que esa compañía llegó a participar en las 24 horas de Le Mans; un diseño que se puso a la venta el martes por un precio de 10.000 euros, procedente de los embargos a los que ha sido sometida la empresa vasca. Nadie pujó por ese objeto, que se ha convertido en un símbolo de fallida gestión y de derroche de dinero público. La Administración central deberá organizar una segunda subasta

Epsilon es el fallido proyecto auspiciado por el Gobierno vasco, en tiempos de Juan José Ibarretxe, con el que se perseguía que Euskadi contara un día con un monoplaza propio en el mundo de la Fórmula 1. La empresa acabó en quiebra y la iniciativa se convirtió en un monumental fiasco, en el que se perdieron 48 millones de ayudas públicas, la mayoría procedentes de las arcas del Estado. Esas subvenciones se concedieron dentro de los acuerdos alcanzados en día entre los socialistas y el PNV para que la formación jeltzale apoyara al Gobierno de Zapatero. Epsilon suspendió su actividad en 2011, despidió a la plantilla y entró en concurso de acreedores. Su túnel de viento, un aparato valorado en 30 millones de euros, permanece aún en el parque tecnológico de Miñano, en Álava. .

El caso todavía colea en los tribunales por distintas investigaciones iniciadas sobre la actuación de sus gestores. El presidente del Epsilon, Joan Villadelprat, fue condenado a tres años de inhabilitación y una multa de 900.000 euros de multa por la quiebra culposa de la firma. Todavía tiene pendiente una investigación judicial por alzameinto de bienes iniciada en la Audiencia de Alava. El PNV, principal impulsor del proyecto, fue reprobrado en el Parlamento vasco por su actuación en este caso. La pasada semana, un informe del Tribunal del Cuentas del Estado denunció que las subvenciones se consedieron «con información insuficiente».

Cuando todavía no se vislumbraba el agujero negro en el que se convetiría Epsilon, en 2008, la firma llegó a estar presente en las 24 horas de Le Mans, la prueba mítica de la resistencia al motor. En esa competición salió a la pista con dos vehículos cuyo diseño está basado en el prototipo que este lunes se puso a la venta sin éxito. Los autos tenían un motor de 620 caballos, alcanzaban una velocidad máxima superior a los 320 kilómetros por hora y su peso apenas llegaba a los 800 kilos.

El modelo que ha sacado a subasta la Agencia Tributaria es una maqueta empleada por los técnicos que diseñaron los coches de carrera que participaron en las 24 horas de Le Mans. Se trata de un modelo a escala y sin motorizar, cuyo único destino es poder comprobar las condiciones aerodinámicas del diseño en un tunel de viento antes de pasar a talleres. Está fabricado en los materiales más avanzados como la fibra de carbono. Aunque la Agencia Tributaria no aclara cómo ha llegado a subastar este prototipo, diversas fuentes han señalado que este tipo de objetos proceden de los materiales que llegan a un ministerio -en este caso el de Industria, que es el que concedió las subvenciones- cuando se produce un concurso de acreedores y se llevan a cabo embargos. Posteriormente, estos bienes son destinados a la Agencia Tributaria para que los subaste y así el Estado pueda recuperar una cuantía económica y deshacerse de materiales que no necesita.

La maqueta del coche de carerras no eran los únicos objetos de los que se quería deshacer la Agencia Tributaria pero cuya puja quedó desierta. También sacó a subasta 26 ordenadores portátiles por un precio de 1.950 euros yeEl modelo de una pala para un molino de viento, que salió a la venta por 1.500 euros. La pieza más barata del lote tampoco la ha comprado nadie: un monitor para un ordenador y un ratón, se vendían por 75 euros.

 

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