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La memoria histórica de la derecha vasca

Sin el referente foralista, una parte de esa Euskadi perseguida y proscrita se queda sin alma, sin historia

IÑAKI EZKERRA

El 13 de octubre de 2009 se escenificó en el Congreso de Diputados un curioso fenómeno político que continúa latente: el desconocimiento de lo que es la derecha vasca por parte del resto del conservadurismo español. En esa fecha se votaba en la Cámara Baja lo que se llamó el «blindaje del Concierto Económico», contra el que el PP votó en bloque a excepción de sus tres parlamentarios vascos -Alfonso Alonso, José Eugenio Azpiroz e Ignacio Astarloa-, que se abstuvieron para no contradecir a su partido. Se omitió en aquel debate -por mala fe, intereses tácticos o simple ignorancia- que María San Gil había votado sólo dos años antes un blindaje similar en el Parlamento de Vitoria. Y se omitió también algo más importante: que la derecha vasca fue siempre foralista. Lo ha sido tanto por su rama carlista como por la liberal y desde mucho antes de que aterrizara, ya en las tardías vísperas del siglo XX, esa nueva derecha que es el PNV y que se ha apropiado del foralismo para desvirtuarlo. Paradójicamente, fue la propia derecha tanto en su versión centrista como en la ultramontana la que presentó aquella disidencia de los populares vascos como una concesión al nacionalismo cuando era lo contrario: una reivindicación de sus raíces que devolvía todo su sentido al pervertido concepto de foralidad, que nunca fue un camino hacia la secesión (ni hacia la nación foralde Urkullu) sino su antítesis así como un modo de sentirse en la nación y de sentir la españolidad misma.

 

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