El Correo

Idoia Mendia, la socialista que rompe moldes

Mendia, en el atrio de La Alhóndiga de Bilbao, fue portavoz del Gobierno vasco.
Mendia, en el atrio de La Alhóndiga de Bilbao, fue portavoz del Gobierno vasco. / Luis Ángel Gómez
  • La nueva secretaria general del PSE es de cuna nacionalista, trilingüe y con formación académica en el extranjero

La patria de la infancia y juventud de Idoia Mendia fue el Deusto de las huertas, de los txakolis y de las "jarritas de cerveza" al aire libre y el pollo asado acompañado de una buena tortilla de patatas a la sombra de la cervecera que había al lado de la ría en este conocido barrio bilbaíno. Pero a diferencia del escritor Bernardo Atxaga, que echaba de menos su querida Obaba cada vez que salía de ella, Mendia creció a gusto por otros pueblos antes de volver a casa. Jugó en las campas de Arrigorriaga, donde vivían sus abuelos por la vía materna; estudió en la ikastola Lauro de Loiu por consejo de su pediatra, Santi Brouard; completó su formación académica en Amsterdam y Bruselas tras licenciarse en Derecho en la Universidad de Deusto, en la que Xabier Arzalluz le daba clases; se curtió en política en el Ayuntamiento de Barrika y el Parlamento de Vitoria antes de ser portavoz del primer Gobierno vasco socialista; y sigue veraneando a orillas del mar Mediterráneo, en el Alto Ampurdán, junto a su marido y sus dos hijos. Si tuviera que llevarse un libro a una isla desierta, no lo duda: ‘Memorias de Adriano’, de Marguerite Yourcenar, una reflexión sobre el amor y el dolor. Sobre la vida en toda su "diversidad".

Todo este bagaje personal y profesional ayuda a comprender la personalidad de quien ha sido elegida secretaria general del PSE-EE en Euskadi. "Es fundamental conocer a otros. Sentirte extranjero en otra tierra y comprobar que todos, seamos de donde seamos, tenemos los mismos problemas e inquietudes", declara a este periódico Mendia, única candidata a suceder a Patxi López al frente del socialismo vasco en el congreso del día 20.

Este recorrido por su vida de trotamundos, en el que participan algunos de sus compañeros y cómplices, comienza en la clínica Vicente San Sebastián, en la calle General Eraso del barrio bilbaíno de Deusto. Aquí nació Idoia Mendia Cueva en 1965, procedente de una familia enraizada en el nacionalismo y con un abuelo fundador del batzoki de ANV en Barakaldo, aunque sus padres no militaran en ningún partido. Los tres primeros años los pasó con su madre en Arrigorriaga, mientras su padre trataba de acortar sus singladuras por el mar como jefe de máquinas de un barco mercante.

Por consejo de Brouard

Inició los estudios en la ikastola de Deusto, ubicada en los bajos de la iglesia de San Felicísimo. Mendia se cogía muchos catarros y sus padres se plantearon un cambio de aires para mejorar sus bronquios. En aquel entonces, año 1973, recta final del franquismo, se fundó la ikastola Lauro por la vía del cooperativismo tras la fusión de dos centros que impartían enseñanza en euskera casi en la clandestinidad. Fue su propio pediatra, el parlamentario de HB Santi Brouard, quien le recomendó el traslado a Loiu. Brouard, asesinado por los GAL en 1984, era uno de los fundadores del centro.

En Lauro compartió pupitre con Iñaki Lasa, convertido hoy en empresario hostelero al frente de la firma Bilbao Berria. Lasa recita de memoria los nombres de la cuadrilla de clase. Y ahí está el de ella.

¿Cómo era Idoia en la ikastola?

Fueron muy buenos años. De diversión, compañerismo y amistad. Como alumna, Idoia era una chica muy aplicada. Cordial y alegre. Destacaba por su altura, pero lo que le caracterizaba es que se llevaba bien con todo el mundo. Ya entonces se la veía madera de líder.

Aunque pensó en realizar la carrera universitaria en el extranjero, se matriculó finalmente en Deusto con la vista puesta en ser abogada. Uno de sus profesores fue Xabier Arzalluz, presidente entonces del PNV, que impartía los viernes Derecho Político. Su sustituto durante el resto de la semana era Aitor Esteban, actual portavoz jeltzale en el Congreso.

Una vez licenciada, se sacó "la espina" y dio el salto a Holanda para formarse en Relaciones Internacionales. Interesada en el mundo de las Naciones Unidas y la Unión Europea, logró plaza para cursar un postgrado en inglés en la Escuela de Amsterdam, dependiente de la Universidad. Transcurría el curso 1991-1992. "En esa época, en la que se firmó el Tratado de Maastricht, Finlandia y Suecia entraron en la UE. Y en mi curso había cinco finlandeses y veinte suecos. Nos lo pasamos...", recuerda ahora. "Íbamos a un centro, The Melkweg, la Vía Láctea, que tenía coffee shop, teatro, exposiciones y sala de conciertos, el Paradise. Cenábamos en casa y nos íbamos a tomar unas cervezas por los ‘brown bars’. Yo me he aburrido de salir. Los extranjeros alucinaban con nosotros. Encima, aprobábamos".

Genoveva Madurga estudió con ella en Amsterdam. Madrileña de nacimiento, Madurga trabaja hoy en la Corte Internacional de Justicia de la Haya, en el Departamento de Prensa y Protocolo.

¿Cuáles son sus recuerdos de aquella etapa?

Tengo un recuerdo magnífico. Teníamos muchos amigos, cada uno de una punta del mundo. Un grupo muy simpático. Todos jóvenes en una ciudad con muchos estudiantes... Idoia es tímida de entrada, pero muy abierta en la manera de pensar. Nunca había tenido contacto con una persona que había estudiado en una ikastola. Pensaba que se trataba de gente supercerrada, que solo hablaba en vasco. Y fue todo lo contrario. Muy simpática y dispuesta a aprender.

Mendia es trilingüe –sabe castellano, euskera e inglés–, aunque también se defiende en francés. La próxima líder de los socialistas vascos valora su paso por el extranjero no sólo desde un punto de vista académico, sino como un proceso de enriquecimiento personal. Pese a su importante curriculum, muy por encima de la media de los políticos vascos, prefiere la discreción.

En enero de 1993, Idoia Mendia dio un paso que acabaría cambiando su vida profesional y personal. Decidió afiliarse al PSE-EE y acudió para ello a la agrupación bilbaína de Abando, frente a La Alhóndiga. Era la antigua sede del Partido de los Trabajadores, luego fusionado con el PSE. Los socialistas compartían local con un grupo de milicianos, con quienes Mendia se reunía para escuchar sus historias sobre la lucha por las libertades. Aunque no procediera de esa tradición, respiró el socialismo. Su familia, de ideología nacionalista, acogió con cierta "reticencia" su ingreso en las filas del partido de la rosa. Tras una etapa incluso de "desinterés", sus padres y su hermano han terminado por "ilusionarse" con cada paso que da en su vida política.

El día de su afiliación, le abrió la puerta de la sede Alfonso Gil, secretario de Organización. Gil, hoy portavoz del PSE en el Ayuntamiento de Bilbao, se encargó de hacerle la ficha. Fue el primer contacto porque Mendia decidió volver a volar y completar estudios en Bruselas.

Dentro del partido

Meses después, regresó a Bilbao, donde montó un despacho de abogados. Mientras tanto, ganaba espacio en el partido. Testigo de ese «crecimiento» fue Fidel Orcajo, histórico militante socialista desde los tiempos de la clandestinidad y electo con una amplia experiencia. Orcajo, presidente de la agrupación de Abando a primeros de los noventa, ha sido concejal y teniente de alcalde en Bilbao, parlamentario en Vitoria y juntero en Bizkaia.

¿Cómo fue ese proceso de acercamiento de Idoia Mendia al PSE?

Idoia vivió con nosotros el socialismo puro, sin mistificaciones. Fue madurando como el vino joven en barrica. De modo natural, aprendió a distinguir entre el socialismo y el partido. La agrupación estaba al margen de la presión del aparato. Había total libertad y escuchaba atenta las historias de los diez o doce milicianos que teníamos, ya fallecidos. Idoia no se apuntó al partido. Lo hizo al socialismo y lo aprendió perfectamente. Nunca la he visto intrigar ni maquinar. Como persona, tiene algo fundamental: pregunta lo que no sabe. Llegó como retoño y creció como un árbol sano.

Mendia encontró algo más que una motivación política en el PSE. Tres años después de afiliarse, se casó con Alfonso Gil, la persona que le había dado la bienvenida. Gil recuerda al detalle el encuentro.

¿Cómo surge la relación?

Hicimos una buena amistad, había complicidad. Luego llegaron las elecciones municipales de 1995 e Idoia salió a pegar carteles con nosotros. Al terminar, nos fuimos todos a tomar algo por Ledesma, Galerías Urquijo... Se dice que los buenos amigos no acaban como compañeros. Pues nosotros, sí. Para nuestra convivencia, nos dejamos espacio mutuamente. Yo no le digo cómo tiene que hacer su ejecutiva ni ella cómo tengo que hacer mi labor como concejal.

La pareja se casó en 1996 y tiene dos hijos: Álvaro de 17 años y Pablo de 11. Mendia se fogueó en las elecciones municipales de 2003, en las que encabezó las listas del PSE en Barrika, donde logró representación con 63 votos. Gobernaba el PNV con mayoría absoluta. "Tuve muy buena relación con todos. Con los vecinos, que eran encantadores, con el alcalde Ezpeleta y también con la gente de HB, que estaba ilegalizada", señala. De esta etapa no olvida su mediación para que la BBK instalara un cajero automático que evitase el traslado a Plentzia o Sopelana. También "las puestas de sol en el Golfo Norte". En los siguientes comicios, recuerda orgullosa que sacó 90 votos.

En abril de 2002 se incorporó al Parlamento vasco para cubrir el escaño dejado por Nicolás Redondo Terreros, entonces líder del PSE. Dos semanas después de tomar posesión, Idoia Mendia se quedó embarazada del que es su segundo hijo. "Igual fue por el susto", dice entre bromas. Pero lo cierto es que la gestación fue muy complicada. Ella fue otra de las parlamentarias que no estuvo presente en el célebre pleno del 27 de diciembre de 2002 en el que Ibarretxe sacó adelante sus Presupuestos gracias a la ausencia del líder del PP, Jaime Mayor Oreja, que llegó tarde a votar desde Madrid; y de Arnaldo Otegi, afectado por una bronquitis.

En ese momento de agitación plenaria, Mendia guardaba cama en la UCI del hospital, tras dar a luz ocho días antes en un parto delicado para madre y bebé, felizmente superado. A raíz de ese episodio, las parlamentarias embarazadas pueden delegar el voto en la Cámara.

Años después, Ibarretxe conoció en la ikastola Lauro a Pablo, al que llamó "el hijo de los Presupuestos". Tiempo después, su madre iba a anunciar las primeras Cuentas de un lehendakari socialista. El ascenso de Mendia al Ejecutivo de Patxi López como portavoz y consejera de Justicia la situó de golpe en la primera línea. "Sentía la presión de la responsabilidad. De ti dependen todos los funcionarios, los acuerdos salariales, los edificios, los coches... Pasé del anonimato a que la gente me viera como la cara del Gobierno. Menos mal que tengo bastante autocontrol", explica.

"¿Ama, te pueden matar?"

Viendo el ‘Teleberri’ en casa, se anunció que el primer Gobierno del PSE nacía "amenazado" por ETA. Pablo estaba viendo la televisión y comprendió el alcance del titular. "Ama, ¿te pueden matar?", le preguntó a Idoia. "Nunca les habíamos trasladado esa angustia. El escolta era para ellos una persona que ayudaba a sus padres en su trabajo. Pero sin transmitirles mal rollo", recuerda Mendia. Los críos ya han "superado" esa etapa de inquietud.

Mendia se hizo acompañar en la consejería de Justicia y Administración Pública por la magistrada Victoria Cinto. Expresidenta de la Audiencia de Gipuzkoa, Cinto no conocía de nada a la portavoz cuando le ofreció el cargo de viceconsejera.

¿Qué tal es trabajar con ella?

Tuvimos una colaboración muy estrecha. Ella escuchaba mi opinión, siempre abierta a sugerencias. No usaba el ordeno y mando. Forma equipos y los lidera, con cintura, haciendo que la gente se sienta cómoda. No solo se quedaba con la retórica del respeto a jueces y magistrados, sino que peleó como una leona por mantener los servicios más sensibles para los ciudadanos en tiempos muy duros.

En casa, Idoia Mendia "es feliz con un libro". Un mundo entero en sus manos, interesada en las nuevas formas de narrar y describir la vida. También le gusta la cocina, labor que realiza a diario. Mendia, ‘tomatera’ de Deusto, mira a su patria chica al señalar que sus preferencias gastronómicas son el tomate frito, el pisto y el chuletón. Pero las moderniza con la internacional thermomix que se acaba de "auto regalar". "La inversión ha merecido la pena. He llegado a superar las croquetas de mi madre", confiesa.