El Correo

Los extremos de Verstrynge

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Jorge Verstrynge en sus tiempos como secretario general de Alianza Popular. / Agencias

  • De la derecha pura y dura del posfranquismo a la izquierda radical próxima a Podemos, el primer secretario general de Alianza Popular se distingue ahora por ser detenido en manifestaciones prohibidas a favor de la República

Abrigado por un pañuelo palestino, el ciudadano, llamémosle García, salió a la calle para mostrar su firme oposición a la adhesión de España en la OTAN. El joven García jamás vestía con vaqueros Levi's. Apostaba por los Lois patrios, por aquello del boicot yanqui, para su 'outfit' invariablemente desaliñado. Siempre fiel a sus principios, un día vivió una especie de 'flash' y, con el consiguiente asombro de sus camaradas, se sorprendió defendiendo la prosperidad de la era Aznar en una cena informal. Poco después, decidió enviar a sus hijos a la enseñanza privada, y trató de justificarse ante su círculo más cercano con el argumento de que lo hacía por el mayor nivel de idiomas. Y llegó el momento en el que eligió de forma natural la papeleta del partido conservador de turno. Ahora, el señor García recuerda aquellos tiempos con una levísima sonrisa que refleja una disimulada posición de superioridad moral y una alopecia que, hace ya tiempo, dejó de ser incipiente. "Cosas de juventud", se dice mientras da sorbitos a un buen gran reserva.

Algo así, sólo que todo lo contrario, le debe ocurrir a Jorge Verstrynge (Tánger, 1948) al echar la vista atrás. La historia de uno de los contertulios que con más vehemencia defiende las posturas más izquierdistas, casi antisistema, en las tertulias televisivas más encendidas está marcada por los extremos. A un lado, aquel muchacho que "con 15 o 16 años era fascista", según reconoce él mismo, y que llegaría a jovencísimo secretario general de Alianza Popular -el partido de la derecha que acogió en su primera fase a los 'dinosaurios' del franquismo y que evolucionaría con el paso de los años-, protegido de Manuel Fraga, con pelo engominado y gafas redondas que le otorgan cierto aire de intelectual british. Al otro, un señor de pelo cano, vestido con una camiseta negra con la bandera republicana, al que dos policías antidisturbios arrastran a un furgón cogido por el cuello el mismo día que Felipe VI está siendo proclamado nuevo Rey de España. Y, entre medio, 32 años. Una evolución ideológica nada convencional que sólo se puede entender atendiendo a la biografía de un hombre cuya trayectoria parece no entender de grises.

Verstrynge es hijo de un hombre que fue fascista, como cuenta en las numerosas entrevistas que ha concedido y en su biografía 'Memorias de un Maldito' (1999). Se crió al oeste del Rif con un padrastro comunista y estudió en Francia. Allí, en plena adolescencia, con apenas 16 años, coqueteó con el OAS (Organización Armada Secreta), una suerte de organización terrorista francesa próxima a la extrema derecha. Fue a su llegada a España, para estudiar el bachiller y, sobre todo, a su entrada a la facultad de Ciencias Políticas cuando se empezó a rumiar su extraña metamorfosis. Aunque con moderación. Allí conoció a Manuel Fraga, el maestro, el patrón, que le tendió la mano para subir a bordo de la renqueante locomotora de Alianza Popular rumbo a un futuro incierto.

La 'vie en rose' con Lady España

Pronto la prensa le empezó a ver como el delfín del entonces jefe de la oposición y referencia del conservadurismo español. Todo tenía cierto brillo a su alrededor, con María Vidaurreta del brazo, su más que guapísima y mucho más que atractiva esposa, disfrutó de una tranquila 'vie en rose'. Con ella iría a fiestas y se codearía con la jet set del momento. Sin ir más lejos, en agosto de 1984 Verstrynge acudiría a la proclamación de su mujer como 'Lady España' en el hotel Marbella Club con invitados que pagaron ¡12.000 pesetas! el cubierto por asistir a tan magno evento. Pero todo cambió. Su intento por alcanzar la Alcaldía de Madrid frente al socialista Enrique Tierno Galván y su distanciamiento del núcleo duro del partido desembocaron en una escandalosa salida de AP. Fue defenestrado.

Corría 1986 y entonces se inició un aluvión de especulaciones sobre su futuro político que se resolvería un par de años más tarde. Verstrynge, que durante años había exhibido un verbo flamígero para defender los postulados de aquella derecha pura y dura, solicitó su ingreso en el PSOE, que no fue confirmada hasta cinco años después. ¿Qué pasó? Ni un 'click', ni una suerte de aparición divina. Según explica el mismo hombre que ahora mantiene enfrentamientos encarnizados con analistas de todo pelaje frente a las cámaras, no hubo nada especial que provocara tan inesperado viraje. "Llevaba el virus de la izquierda inoculado", sostiene el exsecretario general de Alianza Popular, que hace un año encabezó un 'escreche' frente a la vivienda particular de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáez de Santamaría.

Tras una breve etapa como militante del PSOE, pasó a la Izquierda Unida de Francisco Frutos como asesor y a las tertulias de la tele donde desliza su simpatía hacia el chavismo y a Podemos -la plataforma de Pablo Iglesias que irrumpió en las elecciones europeas- para llegar el pasado jueves, 19 de junio a la Puerta del Sol. Cuando Felipe VI estaba estrechando la mano de 2.000 personalidades de la sociedad española, entre ellas algunos compañeros de partido del antiguo azote de la progresía y ahora progre por antonomasia, Verstrynge estaba siendo detenido en plena concentración republicana.

Y allí, sentado en el coche policial o quizás pasando la noche en blanco en el calabozo con su camiseta con la bandera republicana, cuesta poco imaginarle con una media sonrisa, recordando los tiempos en los que despachaba con Fraga para muñir la estrategia de la derecha española de pura cepa, en los que ocupaba con su mentor un escaño con siglas bien distintas a las que ahora defiende, con una media sonrisa y musitando: "Cosas de juventud".