El Correo

La aventura del Camino de Santiago en invierno

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Dos peregrinos en un tramo del Camino de Santiago por pueblos de La Rioja en medio de un temporal de nieve.

  • Si nos atraen los espacios libres para caminar y respirar, enero y febrero son los meses ideales para el viaje a Compostela. El tramo entre Belorado y Atapuerca es atractivo para comenzar la aventura

El Camino de Santiago se despuebla en invierno. Las muchedumbres del verano se desvanecen y la ruta Jacobea se despeja. Los albergues cierran y los restaurantes se vacían. Los taxistas se cruzan de brazos. El problema es que hace frío, llueve y a veces nieva. No importa. Si nos atraen los espacios libres para caminar y respirar, enero y febrero son los meses ideales para el viaje a Compostela.

El Camino es largo y plagado de trampas. Hay que planificar con tiento y pisar el terreno con cuidado. El tramo entre Belorado y Atapuerca, final de La Rioja y entrada en la llanura castellana (6ª etapa), es atractivo para comenzar la aventura.

Belorado, Belfuratus, es una villa antigua. Celta y luego romana. El casco antiguo estaba protegido por una muralla. Fue plaza fuerte del Cid al casarse con Jimena. Los escasos peregrinos entran con cuentagotas en Belorado por el barrio del Corro. Allí estuvo la judería. Ahora está el Albergue municipal 'El Corro'. Uno de los pocos que no cierra en invierno (los hoteles están abiertos). 40 plazas en una casa antigua reformada. Admiten perros. Lo llevan entre tres: Alberto, otro 'cuartelero' también burgalés y un cocinero coreano.

Sí, coreano. Y no debe sorprendernos porque el 90% de los romeros con los que nos hemos cruzado eran asiáticos y concretamente coreanos. Desde hace unos años Corea del Sur es el punto de origen de peregrinos que recorren el camino en los meses más fríos del año.

Alberto, 'el del albergue', cuenta que generalmente son hombres. Tipos duros, desconfiados e individualistas, que no buscan problemas. Se unen durante la etapa. Luego se separan, comen sólos y duermen cada uno por su lado. Recorren distancias considerables. A veces más de una etapa al día. Hay desde médicos a bomberos. Uno tenía intención de saltar de Galicia a Brasil y dar la vuelta al mundo, etc.

Esta afluencia se debe a la escritora Kim Hyo Sun, gran amante y conocedora de siete de los principales caminos xacobeos. Esta pasión le ha llevado a publicar tres libros-guías, en los que relata sus andanzas por el Camino Portugués, Francés y Vía de la Plata. Son 'best sellers' en su tierra y se reeditan continuamente.

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De Belorado a Villafranca

La etapa entre Belorado y San Juan de Ortega es larga (25 km) y en ascenso. Iremos primero a Villafranca de Montes de Oca (10 km). Cruza el río Tiron y se aleja de la carretera. Se 'esconde' entre sotos y protege al caminante del viento y de la nieve racheada. Sube a Tosantos y su ermita rupestre. Pasa por Villambistia, con la iglesia en el alto. Es un pueblo de excelente miel. Aseguran que el agua de la fuente es curativa. Viene después Espinosa del Camino con varios albergues. Pasa por el ábside de San Felices, vestigio del monasterio de San Félix de Oca (siglo XI), aunque su origen es romano y entra en Villafranca - asentamiento de francos- por el aparcamiento. Allí están el restaurante 'El Pájaro', todo un clásico, y una panadería.

El reconstruido Hospital de San Antonio Abad (año 1380) se eleva en el centro de la población. A su lado está la iglesia. Custodia una imagen del apostol Santiago.

Hora de afrontar el tramo más duro de la etapa. La subida al Alto de la Pedraja por una senda pendiente y venteada. Se interna en el bosque de pinos y abetos de repoblación. Fuente de Mojapán y monumento a los caídos en la Guerra y nos internamos en los Montes de Oca. Fue territorio hostil, plagado de bandoleros y guerrilleros.

San Juan de Ortega

El camino es una senda ancha y fácil de seguir entre robles, que termina en San Juan de Ortega, santo burgalés (1080-1163) colaborador de Santo Domingo de la Calzada.

San Juan es un oasis entre prados y bosques. Está alto y las nevadas son frecuentes. En estas fechas hay poco movimiento. Silencio solo alterado por unos ladridos y el charraneo de la corneja. El albergue y el punto de turismo están cerrados y los peregrinos pasan de largo. Primero cuatro coreanos, luego otros dos, una pareja de californianos y un alemán. Ya tarde, lo hacen dos catalanes.

En el edificio adosado está el bar, abierto todo el año. Ofrece camas. La iglesia de San Nicolás de Bari es románica. Amplio aparcamiento y ideal para llegar en coche.

Aquí termina nuestra incursión invernal en la ruta de Compostela. La marcha se puede prolongar hasta Atapuerca y allí visitar las excavaciones y el museo.