Orbaneja del Castillo, una fantasía de piedra y agua en el cañón del Ebro

Estanques naturales./
Estanques naturales.

Cascadas y pozas naturales de agua de un increíble color azul en uno de los paisajes más fotogénicos del norte de Burgos

IÑIGO MUÑOYERRO

El Ebro abandona el valle cántabro de Valderrible por San Martín de Elines y se interna en Burgos. Allí se encajona en un cañón sinuoso con paredes calizas que llegan hasta los 200 m de altura. Abajo, junto al río, el bosque cerrado y verde agobia. Arriba, el páramo pedregoso salpicado de carrascas se extiende hasta donde alcanza la vista.

En un meandro soleado, encaramado en la ladera del cañón, está Orbaneja del Castillo. Una sorpresa inesperada. Un pueblo pequeño que ya existía en la Edad Media y como su nombre indica tuvo un castillo. Lo repoblaron los mozárabes que escapaban de la persecución en el Al-Ándalus. Y allá por 1470 los Reyes Católicos le otorgaron el título de villa. Tras la Guerra, en los años 50, se despobló y a punto estuvo de desaparecer. El turismo ha sido su salvación.

Es un pueblo precioso. Nada hay más fotogénico en todo el norte de Burgos que el chorro de agua pura de un azul increíble, que brota de la Cueva del Agua. Atraviesa el caserío como un arroyo, se remansa en la antépara del molino y por una cascada de 25 metros por la toba cubierta de musgo fluye en el Ebro en balsas y pozas naturales.

Información útil

Cómo llegar: De Espinosa de los Monteros. BU-526 al cruce de Soncillo. BU-564 a Cilleruelo de Bezana. N-643 cruce Escalada. Bu-643 a Orbaneja del Castillo.
Cuándo ir: Espectacular en verano. En invierno hace mucho frío. La cascada tiene más caudal en primavera y otoño.
Gasolinera: Cilleruelo de Bezana.
Dónde comer/alojamiento: Oferta reducida en el pueblo.

Es un torrente poderoso en primavera, más sutil en verano de agua transparente y muy fría. Congelada todo año, un imán para los cientos de turistas que invaden el pueblo en el estío.

Orbaneja pertenece al valle de Sedano, pero en realidad está en medio de ninguna parte. Aislado en un desfiladero. Al llegar el visitante se enfrenta al problema del aparcamiento. Hay uno grande bajo los nogales y otros en la carretera, pero se llenan pronto. Dejaremos el coche donde no moleste.

El pueblo es reducido y en cuesta. Una calle ancha y empedrada sube hasta el caserío. Los edificios son antiguos y macizos, de piedra toba. Son casas de influencia montañesa con solanas de madera bien cuidadas. Entramos por lo que fue la aljama o barro judío. El recuerdo perdura en el nombre de la calle La almojada. Y ya estamos en la plaza. En realidad es un espacio abierto bajo la peña, por donde corre el arroyo que nace en La Cueva (entrada de pago). Varios restaurantes todos correctos- y un torreón sobre un espigón rocoso en la Plaza Mayor. Pudo pertenecer al marqués de Aguilar. Unos metros más arriba se abre la entrada a la Cueva del Agua. De pago. Merece la pena la visita salvo para los claustrofóbicos.

Orbaneja es un pueblo reducido que se visita de una vez. Camino de la iglesia pasamos junto a la Casa de los Canes. Edificio modesto (siglo XIV) que recibe su nombre por los siete canecillos románicos reutilizados en el alero. Más allá está la parroquia. Un buen edificio románico (siglo XIII) con añadidos y un interior luminoso. Adosado está el antiguo hospital o casa de los pobres (XVI-XIX).

Hubo un hospital con convento más antiguo del que no queda ni rastro. Estaba advocado a San Albín y fue edificado por los caballeros templarios para proteger a los peregrinos.

Desde cualquier punto del pueblo se admira la cresta caliza del Castillo transformada por la erosión que corona el acantilado del otro lado del Ebro. Es una fantasía de piedra con formas caprichosas que hace volar la imaginación. Dicen que se aprecia la silueta de África. En fin

Sí son reales y numerosas las rapaces que sobrevuelan el cañón. Dicen los ornitólogos que hay censadas 329 parejas de buitres; 29 de águilas; 9 de alimoches, además de incontables cuervos y grajos.

Bajamos del pueblo por la escalera del molino (derecha) para pararnos en la cascada atestada de turistas. Una maravilla aún más espectacular tras fuertes lluvias. Más abajo hay una serie de piscinas naturales. Sólo para valientes. El Ebro corre impetuoso por el fondo del barranco. Lleva fuerte corriente y es peligroso para el baño.

Por último destacar que el nogal es el árbol de Orbaneja. Son muchos, ramificados y de buen porte. En octubre el pueblo rebosa de nueces.