El pozo de los deseos de Santa Casilda

El Pozo Blanco. /
El Pozo Blanco.

El agua milagrosa del santuario burebano atraen a fieles que buscan la fecundidad y recobrar la salud

IÑIGO MUÑOYERRO

Santa Casilda vigila desde su santuario encaramado en lo alto de un roquedo La Bureba, una inmensa extensión de campos de cereal y girasol que Azorín llamó con acierto 'el corazón de las tierras de Burgos'.

Patrona de Briviesca, capital de la comarca, es venerada en un paraje popular y visitado en esta época estival. Cuenta con una sombreada chopera, el albergue-restaurante en lo alto y las dos pozas de agua que proporcionaron la salud a Casilda y a muchas mujeres la fecundidad.

INFORMACIÓN ÚTIL

Cómo llegar De Briviesca, BU-V-5107 a Revillalcón. A la izquierda, BU-V-5120 al santuario.
Información Hospedería Santuario Santa Casilda 09240 Briviesca (Burgos). Teléfonos: 947 590152, 661 792076, 661 792077
info@santuariosantacasilda.es

Tiene una leyenda preciosa que se remonta a la época del reino taifa de Toledo, allá por el año 1000. Era una piadosa princesa mora llamada Casilda (cantar en árabe) que alimentaba a escondidas a los cristianos cautivos. Alertado el rey salió al paso de su hija y le preguntó qué era lo que llevaba en el delantal. Ella le respondió que flores. Abrió el delantal y se obró el milagro. Efectivamente eran flores. Por eso es conocida como 'la Santa de las rosas'. De esta leyenda queda constancia en cuadros pintados por Zurbarán y José Nogales. Pocos años después la princesa enfermó y los médicos del rey no fueron capaces de curarla. Los prisioneros cristianos le dijeron que en Castilla un ermitaño llamado Vicente custodiaba un pozo milagroso. Casilda viajó a las tierras burebanas, se bañó en el pozo y sanó de sus males. Vivió allí hasta su muerte en el año 1075.

Hasta aquí la leyenda. Casilda, ya santa, alcanzó tanto predicamento entre los burebanos, que en el siglo XVI construyeron un santuario encima de la ermita primitiva. Es un edificio de estilo renacentista lombardo con vistas privilegiadas sobre los carrascales y pinares que cubren los cerros. También hay una hospedería. Su propietario es polifacético. Además de hotelero es escritor y maestro cervecero.

La iglesia ha sido restaurada. Vaciada de exvotos que afeaban el interior, ahora podemos disfrutar de las pinturas en las bóvedas. Recuerdan a las de Ojo Guareña en Sotoscueva. En el altar está la imagen de Casilda yacente. Custodia el sarcófago que conserva los huesos de la Santa. Es obra de Diego de Siloé.

Muchos de los visitantes no se conforman con visitar el santuario, comer en la hospedería o descansar en la chopera. Van más allá. Buscan la magia o el milagro que encierran los pozos. Son artesianos. Es decir, manantiales que rebosan del acuífero y lo hacen de manera espectacular en primavera. De ellos y del arroyo de las Tres Fuentes nace el río Santa Casilda, afluente del Homino que va al Ebro.

Un sendero baja de la verja de hierro situada a la izquierda de la fachada. También se llega desde el aparcamiento (letrero). En medio de la arboleda mana el Pozo Negro o de Vicente donde Casilda sanó de sus dolencias. La creencia popular dice que basta con mojar un pañuelo en sus aguas y llevárselo al enfermo. Se curará si tiene fe.

El Pozo Blanco o de Santa Casilda es más interesante. Aseguran que tiene la propiedad de hacer fecundas a las mujeres que se encomiendan a la Santa. Acuden las parejas que desean tener un hijo. El ritual les hace situarse a una cierta altura de la ladera. Si tiran una teja nacerá niña, mientras que si lanzan una piedra será niño. Si aciertan dentro del pozo tendrán descendencia en el plazo de un año. ¿Superstición? ¿Milagro? ¿Leyenda? Aún hoy muchas parejas se encomiendan a Santa Casilda y prueban con la piedra o la teja.

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