El Correo

Base militar fantasma del Picón Blanco

Base del Picón Blanco.
Base del Picón Blanco. / Javier Muñoz
  • Los cuarteles del Puerto de la Sía están abandonados desde 1999. El ganado se refugia en los edificios ahora utilizados para partidas de paintball. Los buscadores de señales extraterrestres escrutan el cielo en las noches estrelladas del verano

La antigua base militar del Puerto de la Sía (CT-9 en siglas militares) ocupa lo más alto del Picón Blanco, a 1.529 m de altitud. Son tres grandes cuarteles y un edificio que servía de garaje y perrera a prueba de nevadas, vientos huracanados y frío extremo que aguantan en pie tras 15 años de abandono. Concretamente desde 1999, cuando el ejército trasladó el puesto de control aéreo (EVA) al Picón del Fraile, en Lunada.

Picón Blanco, por la nieve que cubre su cima hasta entrada la primavera, es una cumbre que se eleva sobre Espinosa de los Monteros, en el límite con Cantabria. En los años 70 el ejército ocupó los altos y restringió el acceso. Cuando se fueron las instalaciones fueron saqueadas hasta quedar reducidas a un esqueleto. Los edificios siguen allí, pero ahora vacíos y sembrados de boñigas. Dentro silva el viento, se forman ventisqueros y en verano, cuando el calor aprieta, sirven de refugio al ganado.

Cualquier época del año es buena para subir, aunque es mejor hacerlo en verano. El camino más fácil es por el alto de La Sía (1.235 m). De allí parte una carretera de montaña para servicio de los aerogeneradores que nos deja arriba. Cinco kilómetros (300 m de desnivel) no aptos para cualquier vehículo. La subida a pie es sencilla y poco exigente -una hora larga a paso tranquilo-.

Una vez en la base todo es espectacular. Primero están las vistas, que abarcan los cuatro puntos cardinales: el mar, Castro Valnera, las sierras burgalesas, los montes vascos... Luego las instalaciones. Los cuarteles vacíos, fantasmagóricos, poblados de ecos que atardecer ponen la carne de gallina. Finalmente los prados. Siempre verdes, salpicados de vacas y caballos, y de champiñones. Vuelan las alondras y desde el cielo vigilan los buitres y los cuervos.

Las instalaciones se usan para partidas de paintball. En las noches estrelladas de verano algunos suben para vigilar el cielo y descifrar mensajes extraterrestres.

En invierno todo el diferente. La nieve sepulta los edificios -se han medido en la zona espesores de hasta 13 metros- y los congela. Entrar en los cuarteles helados da 'yuyu'. Trae a la memoria películas como 'Estación Polar Cebra' o la tremenda 'El terror que acecha en la Antártida'.