La curva de Islares donde acribillaron al 'Bedoya'

Marismas del Agüera./
Marismas del Agüera.

Recorrido arbolado y llano entre El Pontarrón, El Puente de Guriezo y la playa de Oriñón

IÑIGO MUÑOYERRO

El Pontarrón de Guriezo sobre el Agüera en la ría de Oriñón. Un nombre sonoro para un paraje importante en las carreteras del Norte. Era el único punto por donde la Nacional cruzaba el río para comunicar Castro Urdiales con el resto de Cantabria. Por allí pasaron los franceses que saquearon Castro en la Guerra de Independencia. Y por allí se retiraron los republicanos perseguidos por las tropas nacionales durante la Guerra Civil.

A principios del siglo XX el puente ya era una sólida construcción de cemento armado (hay una foto en el bar El Pontarrón) que permitía atravesar la marisma. Lo destruyó el acorazado España, que el 2 de abril de 1937 bombardea la costa de Islares para apoyar la ofensiva del general Mola sobre Bizkaia.

Reconstruido tras la Guerra cobró triste actualidad el 2 de diciembre de 1957. Cerca, en la curva de Islares, km 158 entre Oriñón y Castro Urdiales, a unos cientos metros del Pontarrón, fue abatido el último 'maqui' de España. Se llamaba Francisco Bedoya 'Bedoya' y huía a Francia después de haber resistido en los montes de Cantabria.

'Bedoya' se había incorporado a la guerrilla en la década de los 50. Durante años campó en compañía de Juan Fernández Ayala 'Juanín'. Pero la situación se tornó desesperada. Sus compañeros murieron o desertaron. La Guardia Civil les acosaba y los paisanos estaban hartos de guerra. Además el 24 de abril de 1957 Juan Fernández fue alcanzado y muerto por el disparo del Guardia Civil A. Leopoldo Rollán en el lugar conocido como curva del molino en Vega, cerca de Potes.

Francisco Bedoya se quedó sólo. Y planeó la fuga. Iba a escapar a Francia desde el puerto de Castro Urdiales en un pesquero. Lo que no sabía es que iba a una trampa tendida por miembros de la Brigada Social y Política en complicidad con su cuñado José San Miguel. Era noche cerrada. Iban a bordo de una motocicleta conducida por su cuñado. Hacia las 23.45 horas son interceptados por la Policía entre el Pontarrón e Islares. Francisco Bedoya se da cuenta de que ha sido traicionado. Saca la pistola y dispara contra San Miguel, que muere en el acto. Al mismo tiempo son ametrallados desde un automóvil. El 'Bedoya' está gravemente herido, pero amparado por la oscuridad escapa monte arriba. Sube hasta 400 metros de la cumbre del Pico Cerredo. Agoniza toda la noche y amanece tendido entre jaras. Un disparo en la sien a corta distancia del cabo de la Guardia Civil Fidel Fernández Íñiguez termina con su vida. Tenía 28 años. El cadáver es trasladado a Castro y expuesto. Muestra catorce disparos. Demasiados para correr ladera arriba. ¿Se suicidó el 'Bedoya'? ¿Estaba ya muerto y lo subieron al monte? Nunca se supo quién cobró las 500.000 pesetas que daban por su cabeza. Un periodista bilbaíno ya desaparecido que cubrió la noticia contaba que 'Bedoya' llevaba una chaqueta forrada de billetes de 500 pesetas. Que hizo de chaleco antibalas y le permitió resistir la mayoría de los disparos. El caso es que también desapareció.

Paseo por la orilla del Agüera

La historia de 'Bedoya' añade encanto a un enclave precioso que el viaducto de la autovía no ha conseguido desvirtuar. Una playa de arena fina, un estuario y una marisma en un estado pasable de conservación entre las buitreras de las paredes calizas de Candina y Cerredo. También el comienzo de un paseo por la orilla del Agüera apto para toda la familia.

LOS DATOS

Cómo llegar: A-8 Salida 159 Guriezo. Nacional 634 al Pontarrón. Al Puente de Guriezo CA-151. También Castrobus.
Restaurantes: Bar 'El Pontarrón' en El Pontarrón. Bares y restaurantes en El Puente. Cervecera 'El Porvenir' en Oriñón.
Dificultad: Baja. Apta para todo el mundo. Se puede recorrer en BTT.
Distancia y tiempo: El Pontarrón-El Puente (ida y vuelta) 8,80 km. 2h.30.
El Pontarrón-Oriñón (ida y vuelta) 5,20 km. 1h.30.

Aparcamiento frente al bar El Pontarrón o el parquin del restaurante Las Acacias, cerrado y abandonado. No hay paneles ni pinturas. Llaneamos río arriba por una pista de grava que se ciñe a la orilla. Vamos entre acacias, eucaliptos, castaños y robles hasta una amplia área de descanso. Robles, encinas, alisos, laureles y acebos. También mesas, bancos y papeleras. Nos asomamos a la marisma. Se conserva en buen estado. La ría corre mansa y fangosa y los pájaros son numerosos. Los aficionados a la ornitología disfrutarán con el mirlo acuático, el martín pescador, las garzas real y común, el ánade azulón y friso, la cerceta común y otras muchas aves.

Un puente de madera salva un arroyo y la pista continua entre árboles hasta el barrio de Lendagua. Allí está la depuradora. De los viejos años de los indianos queda Villa Adelita, que ha conocido tiempos mejores. Fuente. Cambiamos de orilla por un puente. El Agüera tiene una rampa para que ahora las truchas y antes los salmones salvaran una presa. La fábrica de Vitrinor queda a la izquierda. Seguimos el paseo pausado por un camino ancho sombreado por robles, plátanos, alisos y algún sauce hasta el puente de Tresagua. Alguna casa antigua, perros curiosos y gallinas. Nueva área recreativa protegida por una vegetación de ribera exuberante.

Durante el tramo que resta hasta El Puente sorprende el tamaño de los árboles. Los robles, los plátanos y los alisos son de una altura descomunal. También la pujanza del sotobosque. Y la abundancia de pájaros, de libélulas y de mariposas. El Agüera corre limpio pero falto de vida. No saltan las truchas y apenas brilla alguna bermejuela.

Llegamos al final del paseo. Al barrio de La Magdalena donde está la antigua ferrería de la Yseca, que ya existía en el siglo XIII. Es la única que se conserva de las cuatro que hubo en el río. Se enfrenta al palacio de Marroquín, también conocido como casona de los Villota. Está siempre cerrado. Rodea los edificios un parque particular con árboles centenarios como hayas, robles, plátanos, encinas y alisos. Otra hora de vuelta por la orilla nos devuelve al Pontarrón.

La senda del zorrito

Vamos ahora hacia Oriñón. Un camino sorprendente y espectacular que permite disfrutar de la ría. Al otro lado de la carretera sale un camino de grava que se dirige hacia los pilares de la autovía. Eucaliptos, acacias y la invasora hierba de la Pampa ha sustituido a la flora autóctona. Al otro lado, las casas antiguas del Pontarrón se anclan a la marisma sobre pilotes.

Pasamos bajo los pilares y justo al otro lado, entre cornejos un letrero nos sorprende. Dice 'Senda del zorrito. A Oriñón 600 m'. Bajamos unos escalones y pisamos la marisma. Juncos, hierba de la Pampa y tamarindos rodean un estero. El sendero nos lleva hasta el dique que protege las tierras ganadas al Agüera, ahora dedicadas a cultivos de maíz y alfalfa. Arbustos halófilos como esparto prosperan en el talud.

Siempre por el dique, con la orilla lodosa e la ría a la derecha, caminamos hacia el mar. Vuelan altos los buitres. También algún gavilán. Peña Candina está a la izquierda. A la derecha se elevan los peñascos de Cerredo. Al final, a la izquierda, está la curva de Islares donde murió Paco Bedoya. Y enfrente la urbanización de Oriñón, hasta donde podemos llegar para visitar la playa. En caso contrario, una vez en la esclusa por donde desagua la marisma damos la vuelta y retornamos al Pontarrón.

 

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