El Correo

La ballena de Oriñón

gráfico

Atardecer desde la playa de Sonabia. / Iñigo Muñoyerro

  • Recorrido por la playa cántabra de Sonabia, un arenal nudista, de aguas profundas y fuertes mareas

La N-634 entre Castro Urdiales y Laredo se abre en la espectacular ría de Oriñón. Frente al viajero aparece la muralla a menudo nublada de Peña Candina. En el cielo planean los buitres. A la derecha, al ras de la olas, vemos un cetáceo varado. Es el Cabo Cebollero o La Ballena, el puntal de Sonabia, pueblecito que esconde la playa del mismo nombre. Un arenal tranquilo, con dunas, refugio secreto en otro tiempo de naturistas sin miedo a las multas y los sustos.

Subimos de Oriñón al aparcamiento de Sonabia. Está en lo alto, junto a la parada del bus. Allí está la parrilla Las Encinas. Caminamos hasta el parque y la capilla. Blanca y encalada, parece griega. Destaca la mole caliza de Peña Candina. Detrás un camino baja hacia el mar.

Es ancho. Sigue un prado salpicado de aulagas y argomas. Pronto se bifurca. Debemos seguir el ramal de la derecha. Es una senda que se interna en el encinar -un tramo precioso- y pierde altura. Desaparece el arbolado y se abre el paisaje. La brisa nos da en la cara. A izquierda queda la playa de Valdearenas o Sonabia (0h.25’).

Es un arenal salpicado de dunas cubiertas de vegetación. Sin chiringuitos ni casetas. De agua limpia y oleaje sostenido es ideal para el surf (¡atención a la resaca). Fue un refugio del nudismo, un secreto a voces que se practicaba con la vista gorda de la Guardia Civil. ¡Qué tiempos¡

Más interesante que los nudistas, que hay y muchos, es la muralla de Peña Candina. Parece innacesible. Alberga la única buitrera marina de Europa. Son buitres leonados habituados al hombre, que planean sobre la ría, las playas y los valles de Guriezo y Liendo.

Abandonamos la playa. Un sendero trepa (derecha) entre brezos y rosales silvestres hasta un amplio aparcamiento. Allí termina la pista que llega de Sonabia. También hay un chiringuito. En verano se llena de autocaravanas. Se divisa la punta del cabo Cebollero o La Ballena.

Vamos hasta borde del acantilado. Se divisa el Buciero. A la izquierda está la ensenada. Fue un puerto minero hasta la Guerra. Allí cargaban los barcos con el mineral de hierro de las minas de Solpico. Nada queda de aquello.

Vuelta al aparcamiento (0h.50’). Junto a la cervecera La Ballena una pista baja de fente. Cruza entre pinos y eucaliptos cerrados de argoma y nos devuelve a la orilla (1h.05’). La costa se rompe en calas. Gaviotas y ¡sorpresa¡ buitres en reposo. Vamos despacio hacia el cabo la Ballena. De cerca es más complicado de lo que parece. Esta partido en tres trozos batidos por la olas. Llegar hasta el final queda reservado a días despejados, sin viento y marea baja (1h.25’).

Desde el cabo la vista es inmensa. Divisamos Peña Candina y Santoña, con Cerredo y Arenillas al otro lado de la ría. El Cantábrico cierra el horizonte por el Norte.

Hora de volver. Primero de peña en peña y luego por prado y camino remontamos la loma hasta las urbanizaciones de Sonabia y el coche (2h.10’).

* Los horarios detallados deben ser tomados siempre como orientativos, ya que cada persona tiene su ritmo de marcha y una preparación determinada que repercuten en esa velocidad. Están calculados sobre una velocidad media y sin contar paradas. De todas formas, el objetivo de una excursión nunca debe ser cumplir con unos horarios predeterminados o establecidos por terceras personas, sino encontrar un ritmo de marcha adecuado a cada uno y que permita disfrutar del paseo.