El Correo

Una cueva con fantasma en Galdames

La cueva desde la explanada de la mina.
La cueva desde la explanada de la mina. / Iñigo Muñoyerro
  • Visita al arco natural de Urallaga, un rincón de esta localidad vizcaína que fue entrada de mina Pepita y cobija la ermita de La Magdalena. En su interior, aseguran que pena el alma del suicida Almanegra

La Cueva de Urallaga de Galdames es un enorme arco natural que se abre en las calizas de los montes de Grumerán. Entre los siglos XIX y XX fue una mina de hierro que hizo prosperar el barrio de Urallaga. En su interior se refugia la Ermita de la Magdalena citada ya en el siglo XVIII. Siempre tuvo fama. Más ahora por la romería que cada 22 de julio se celebra en honor de la Santa, patrona de los mineros y del poblado de La Arboleda. En esa fecha jinetes, romeros, montañeros o simples curiosos suben en procesión, para participar de la Misa y almorzar en las inmediaciones, para luego bajar en gran romería a Galdames.

La subida es sencilla. El Polígono Industrial de La Aceña ocupa la escombrera de la antigua Mina Berango. Sitio para aparcar. A unos metros hay una gran área recreativa. Mesas y bancos en un entorno replantado con robles americanos, arces reales y fresnos.

En el P. I. comienza una pista al principio de tierra y luego de cemento que se interna en un bosque cerrado de eucaliptos y sube hasta un rellano (treinta minutos). Encontramos un edificio en uso, otro minero arruinado y un viejo abrevadero para ganado. Se puede llegar en coche.

Seguimos de frente por la misma pista, ahora de piedra suelta y barro. Llega hasta un depósito de agua. Desde ese punto hay una buena vista del valle de Galdames y de las escombreras de la mina La Tardía. Vamos hacia arriba, por una pista degradada que deja atrás una toma de agua y se interna de nuevo entre los eucaliptos. Un par de curvas y aparece el bosque autóctono: robles, avellanos y castaños, brezos, espinos y endrinos.

Al rato aparece el barrio de Urallaga. El declive minero lo ha dejado reducido a poca cosa. Ahora es célebre por acoger la romería de La Magdalena en julio. Pero en otra época tuvo casas y barracones, una taberna famosa en la zona y una cooperativa de la que quedan las ruinas.

El camino minero no tiene pérdida. Se interna (derecha) en la espesura de grandes encinas, robles, avellanos y serbales. Sube de manera sostenida y al poco rato sale a terreno abierto. El espectacular arco natural de Urallaga se recorta en la ladera de Grumerán.

La cueva tiene una boca de 33 metros de ancho y unos 15 de alto. Sirvió de acceso a la mina de hierro Pepita, cuyo mineral se bajaba por medio de un plano inclinado hasta la línea de ferrocarril de Galdames. De ella cae en cascada el arroyo Eskatxabel y a la izquierda de la boca, adosada a la pared, está la ermita de Santa Magdalena. Es un edificio modesto, cerrado, que se arruinó durante la guerra y fue restaurado en el año 1942. Pero tuvo tiempos aún peores. En 1906, durante una huelga, mineros anarquistas destruyeron la imagen de la virgen a tiros. Años después, en 1935, otro minero dinamitó la ermita porque había perdido una fortuna a las cartas. Cuervos, grajos y palomas anidan en el techo. Nos sorprenden con sus zureos, graznidos y silbidos reprobatorios.

Al anochecer es otro cantar. Los murciélagos vuelan a cientos en busca de insectos. Los búhos ululan y el bosque cruje de manera amenazadora. Es la hora de paseo del suicida Almanegra, condenado a vivir eternamente en la oscuridad de la caverna. El escritor encartado Antonio Trueba lo cuenta en su libro 'De Flor en Flor'. Nos sacude un escalofrío. Cae la luz y es hora de marcharse.