Jon Pertika, el dantzari de la Amatxu de Begoña

Pertika muestra un traje tradicional. /borja agudo
Pertika muestra un traje tradicional. / borja agudo

El fundador del grupo Beti Jai Alai fue una figura clave en la recuperación del aurresku que bailan los alcaldes en la basílica

ALBERTO CASTILLA

Jon Pertika, figura imprescindible en el mundo de la danza vasca y fundador del grupo Beti Jai Alai, falleció ayer a los 80 años. Su labor de investigación y difusión fue infatigable. En 1995, recuperó para Bilbao la tradición de bailar un aurresku cada 15 de agosto y 11 de octubre, día de la Virgen de Begoña, junto a su inseparable Iñaki Irigoien. Y lo hizo basándose en la única referencia histórica que existía: un grabado de 1842, obra del pintor gallego Jenaro Pérez de Villaamil. «Lo copiamos porque sentíamos la obligación de rescatar esa danza en su forma original», dijo entonces.

La agrupación Beti Jai Alai se gestó en el barrio de Basurto y, como era de esperar, los comienzos no fueron fáciles. Ensayaban al aire libre, en la antigua Cervecera del Norte y, cuando llovía, se refugiaban bajo una tejavana. Era 1968 y, además de la falta de recursos, el principal problema radicaba en esquivar la censura franquista. Las letras de las canciones, traducidas del euskera, debían pasar por el filtro del Ministerio de Información y Turismo. Pero la pasión y la ilusión contribuyeron a superar las dificultades, y el día 21 de abril el pabellón de La Casilla acogió la primera actuación del grupo.

Pertika siempre tuvo claro que el carácter amateur era el mejor activo para que la entidad perdurara en el tiempo. «Aquí nadie cobra un duro. Si no fuera así, no habría nada que hacer», decía. Casi medio siglo después de su fundación, más de 2.000 músicos y bailarines han pasado por Beti Jai Alai. Uno de los más ilustres es Kepa Junkera. El trikitilari de Rekalde ha compuesto la canción conmemorativa del cincuenta aniversario de la entidad. Entró «con 13 o 14 años» para tocar el txistu. Pero Pertika le convenció para que aprendiese a desenvolverse con la alboka. «Ha sido una gran pérdida. Tenía mucho carácter, era una de esas personas que en cualquier colectivo son ‘motores’, a su alrededor siempre pasaba algo».

Aburto bailando el aurresku.
Aburto bailando el aurresku.

«Su carisma le permitió impulsar una propuesta tan peculiar en Basurto, y transmitírselo a gente que éramos de ciudad, ajenos a esas tradiciones. El Beti Jai Alai me abrió un mundo». Allí, Junkera se familiarizó con todas las danzas vascas, y con la trikitixa, que empezó a tocar «casi a escondidas». «En mi carrera ha sido muy importante haber formado parte de ese proyecto, estoy muy agradecido».

«Fiel a los orígenes»

Pertika se consideraba a si mismo un simple «transmisor» del folklore vasco, pero lo cierto es que su tarea fue mucho más allá. Jon Gaminde, compañero en la federación Bizkaiko Dantzarien Biltzarra, destaca la «tenacidad y constancia» de una figura «fundamental». «Siempre fue un luchador nato, nuestra danza se queda un poco huérfana». En la misma línea se pronuncia el historiador Jon Irazabal, que le define como un «currante anónimo». A su juicio, en su labor de recuperación siempre se caracterizó «por ser fiel a los orígenes».

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