El perfil del hijo maltratador en Bizkaia es un varón de 14 a 18 años mal estudiante

Imagen ajena a la información de un joven juzgado por maltrato a sus padres./
Imagen ajena a la información de un joven juzgado por maltrato a sus padres.

Los servicios sociales de la Diputación atendieron a un centenar de jóvenes agresores en 2017, un 23% más quehace cuatro años

IZASKUN ERRAZTI

La Diputación lleva casi una década atendiendo a las familias que tienen la desgracia de sufrir a un hijo maltratador en casa. Y no puede bajar la guardia, porque el número de casos de violencia filio-parental va en aumento, «no sólo en frecuencia, sino también en intensidad». De hecho, la institución foral asistió el pasado ejercicio a 101 jóvenes agresores correspondientes a 98 familias, un 23% más que cuatro años antes. De los 82 adolescentes atendidos en 2014 se pasó a 96 el año siguiente, a 100 en 2016 y uno más doce meses después.

La experiencia acumulada desde diciembre de 2008, cuando se puso en marcha el programa de intervención familiar, ha permitido establecer un perfil del hijo maltratador en Bizkaia. Según los técnicos forales, se trata de un varón de entre 14 y 18 años, primogénito y mal estudiante que vive en su hogar familiar. No obstante, también hay un elevado porcentaje de vástagos únicos y segundos que ejercen algún tipo de violencia en el hogar, principalmente de tipo físico y psicológico.

Hay un porcentaje alto de vástagos únicos y segundos que ejercen violencia en el hogar Física y psicológica

Los expertos advierten que estos adolescentes no pertenecen por norma a familias marginales Progenitores «formados»

A nivel formativo, los adolescentes asistidos por los equipos de la Diputación se encuentran escolarizados mayoritariamente dentro de la enseñanza obligatoria, en algún tipo de grado de Iniciación Profesional o en bachillerato. En un porcentaje alto han repetido algún curso, no llevando un rendimiento acorde a su edad. De los 101 adolescentes, 76 chicos y 25 chicas, que pasaron en 2017 por los servicios especializados en la atención de este tipo de violencia en el territorio, 17 tenían entre 10 y 13 años, 24 entre 14 y 15 y 14 de 19 a 21 años. El grupo más numeroso, formado por 46 individuos, sumaba entre 16 y 18 años.

Tras casi diez años de trabajo en este campo, los expertos también quieren dejar claro que estos adolescentes maltratadores no pertenecen por norma a familias marginales. De hecho, el 80% de los progenitores «están formados»: uno de cada tres tiene al menos una diplomatura y apenas el 10% sólo la educación obligatoria.

«La imagen de una familia desestructurada y marginal está muy lejos del perfil de estas personas», sentencian. El 60% de las parejas afectadas por esta problemática «pasan mucho tiempo en el trabajo, apenas ven a sus hijos e intentan compensarles con cesiones, regalos...», explican. Además, en prácticamente todos los casos, «la madre es víctima de algún tipo de violencia, algo que no ocurre entre ellos». También en uno de cada tres procesos, la mujer agredida por su hijo antes había sufrido maltrato por parte de su pareja.

Apoyo psicoterapéutico

¿Cómo se interviene ante una situación de violencia filio-parental? La Diputación atiende cada caso desde una intervención integral con la familia, a la que se ofrece apoyo psicoterapéutico y educativo. Se trata de modificar el modelo de relación instaurada en la dinámica de la casa y facilitar el aprendizaje de un modelo de relación y de comunicación «más sano y satisfactorio» con un fin último: conseguir que las agresiones desaparezcan en las relaciones familiares.

La mayor parte de las familias que se decantan por el programa que ofrece la institución foral, el 82,7%, finaliza el proceso de intervención en su totalidad. Un aspecto que los expertos consideran «muy positivo», teniendo en cuenta «la intensidad y duración del mismo». Para conocer su grado de satisfacción, la Diputación les somete después a un cuestionario que gira en torno a tres áreas: efectividad/eficiencia, accesibilidad/adecuación y satisfacción. El 80% de los participantes evalúa entre bien y muy bien tanto la respuesta dada a sus necesidades, como los avances conseguidos y el trabajo realizado en el ámbito terapéutico y educativo.

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