Pensar la ría

El Ayuntamiento planifica los futuros usos de la ría

La ría de Bilbao./E. C.
La ría de Bilbao. / E. C.
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Cabe la posibilidad de que uno no sea su mejor versión cuando se encuentra, precisamente, en su ciudad. Lo pienso a veces cuando veo en la ría uno de esos barquitos festivos con megafonía de índole juerguística: la despedida de soltero flotante, la fiesta de cumpleaños en alta mar. Toda esa gente en cubierta, en fin, con gorras de capitán y cervezas, contoneándose al ritmo de la pachanga estruendosa y saludando a gritos a quienes los miran desde tierra firme. Créanme, yo veo un barco similar en el río de cualquier ciudad y me digo divertido que hay que ver cómo es el ser humano. Si lo veo en cambio en Bilbao, solo acierto a proyectar una orden mental dirigida no se sabe a qué alta instancia plenipotenciaria: «Húndase».

El Ayuntamiento debería estar más atento a mis órdenes mentales. También la consejería de Interior. Puede que incluso la Armada. Mientras vamos resolviendo eso, la ciudad ha abierto un cierto debate sobre la actividad de la ría. Todo el mundo parece bastante de acuerdo en que el Nervión es la avenida principal de Bilbao y en que su aprovechamiento es mejorable. Que ese aprovechamiento implique, qué sé yo, que un inversor ruso abra un túnel de viento en el dique del Euskalduna ya es algo más discutible. Entre otros motivos, porque un túnel de viento es una de esas cosas que uno sabe que no necesita aunque no sepa exactamente en qué consiste. Como una isquemia cerebral, pongamos por caso. Otra cosa es que la ría pueda albergar negocios que tengan que ver con el deporte, el ocio, la cultura o la restauración y que lo hagan con más discreción y gusto que estruendo, con más vocación de integrarse y animar un escenario privilegiado que de embarullarlo.

El Ayuntamiento está frenando sin embargo todas las solicitudes para montar algo en la ría. Tienen un argumento razonable: la redacción de un estudio técnico y pormenorizado que diagnostique la situación de cada recodo del Nervión a su paso por Bilbao y ordene su futuro desarrollo. Se espera que el estudio esté listo en un año y tiene lógica no anticiparse, aunque la espera perjudique a quienes tienen ideas para montar alguna cosa. Hay algo en lo que, mientras tanto, sí podría ir adelantándose el trabajo: el establecimiento de una cierta filosofía que vaya dejando claro qué es lo que se quiere conseguir.

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