A pedales por las cuestas de Bilbao y sin esfuerzo

El servicio Bilbaobizi pretende disponer de unos 300 vehículos de pedaleo asistido a finales de año. / Borja Agudo

EL CORREO estrena por los barrios altos la primera bicicleta de pedaleo asistido del nuevo servicio BilbaoBizi

LUIS LÓPEZ

Los gurús de la movilidad vaticinan que la gente del futuro mirará con repugnancia hacia nuestros días, aquel momento histórico en el que las personas y los coches compartían espacio en las ciudades. Puaj. Recordarán con grima cuando los peatones, y la gente desde sus casas, respiraban el veneno que miles de vehículos de combustión emitían ante sus narices. Para esos gurús, las ciudades del futuro estarán libres de humos, o bien porque el tráfico se restringirá de manera implacable, o bien porque los nuevos medios de transporte y los nuevos hábitos serán sostenibles. Limpios.

¿Y si Bilbao está a punto de dar un paso fundamental en esa dirección? Ayer se presentó la primera bicicleta del futuro servicio Bilbaobizi, que sustituirá al actual Bilbon Bizi, y que llega con vocación de revolucionar la movilidad urbana en la ciudad. ¿Cuáles son las diferencias entre lo que hay ahora y lo que viene? Pues que ahora tenemos 200 bicis normales, exigentes en los repechos, con las que hay que sudar; y luego, dentro de aproximadamente mes y medio, esas unidades se sustituirán por otras de pedaleo asistido. Con ellas se podrá llegar sin grandes esfuerzos a los barrios altos y afrontar subidas son solvencia sin necesidad de ser un portento físico. Además, se aumentará el parque móvil: este año terminará con 300 bicis, y en enero ya sumarán 450.

Puede parecer un poco exagerado esperar que el nuevo servicio dé un vuelco al modo que tienen los bilbaínos de ir al trabajo o a estudiar. Al fin y al cabo, no estamos inventando nada. Pero no sería la primera vez que algo así ocurriese. Kristian Brink, director comercial de Nextbike, la empresa que va a gestionar el nuevo servicio, asegura que en Varsovia, en 2011, «nadie usaba las dos ruedas». Ahora, tras la implantación de las bicis públicas de pedaleo asistido, «el 40% de la gente» va a trabajar en este medio de transporte. No es que todos usen las municipales, sino que su implantación popularizó este medio de transporte, de manera que muchos polacos decidieron comprarse su propia bici. El resultado es el mismo: menos coches.

¿Será Bilbaobizi capaz de seducir también a los bilbaínos? EL CORREO ha estrenado la bicicleta presentada ayer, la primera unidad que llega a la ciudad, y ha elegido para hacerlo a un individuo, el que escribe estas líneas, con unas características muy concretas: es peatón y conductor, pero nunca ha utilizado la bicicleta en sus desplazamientos urbanos. Es más, sus últimos recuerdos en dos ruedas son juveniles y nostálgicos.

Por el asfalto

La prueba arranca frente al teatro Arriaga. Empezaremos subiendo a Miribilla. «¿Cuál es la mejor ruta para llegar allí en bici?», preguntamos. «La misma que en coche. Hay que acostumbrarse a ir por la calzada, los vehículos deben compartir espacios», responden los expertos municipales. Vaya, eso suena peligroso...

El primer contacto con el nuevo artilugio es bastante prometedor. Pero recordemos: es una bici. No es una moto. O sea, hay que pedalear. Eso sí, es una pedalada amable, suave. El propio sistema detecta el impulso necesario y el motor, en silencio, complementa el empuje de las piernas. La sensación es la de llanear despreocupado, con natural ligereza, incluso en las cuestas.

EN SU CONTEXTO

12.906
personas están inscritas en Bilbon Bizi, que realiza 901 préstamos diarios. El Ayuntamiento prevé que con las nuevas bicis los usuarios aumenten, al menos, un 30% el primer año.
Pedalada asistida
El principal atractivo del futuro servicio Bilbaobizi -donde los puntos de préstamo pasarán de los 31 actuales a 40- es que las unidades serán de pedaleo asistido. Es decir, un motor ayudará a las piernas del ciclista. Tendrán una autonomía de unos 50 kilómetros y la recarga, que se hará en los puntos de préstamo, durará como máximo 90 minutos.
Más tecnología
Los usuarios del futuro servicio -que seguirá costando 20 euros al año para empadronados, y 25 para vecinos de otros municipios- desbloquearán las bicis a través de una app en su móvil. Una novedad con respecto a la situación actual es que las unidades tienen un sistema de bloqueo, lo que permitirá a los usuarios hacer paradas intermedias entre dos puntos de préstamo. También disponen de geolocalización y un sistema de alarma para el caso de que salgan del término municipal o se intente alterar el sistema.

Tiene tres marchas. En tercera se alcanzan con facilidad velocidades de 30 kilómetros por hora (aunque a partir de 25 el soporte eléctrico se detiene y todo el esfuerzo es del ciclista). Alcanzar esa velocidad facilita convivir con el tráfico por la calle Arenal, cruzar el puente de la Merced, girar a la izquierda en Bilborock... Y ahí llega el primer repecho, en la calle Conde Mirasol en dirección a San Francisco. Ponemos primera y subimos como si nada. Igual que, un poco más adelante, en Don Claudio Gallastegui, ya en un lateral del Bilbao Arena. En segunda también se va cómodo. En tercera, aquí, cuesta algo más.

Casi acabamos de empezar y todo fluye con inesperada confianza. La convivencia con el tráfico es bastante cordial. Algún coche se acerca más de la cuenta, algún autobús se hace el amo del asfalto, y alguna moto caracolea un poco temeraria. Pero nada dramático. Subimos hasta Jardines de Gernika, luego a San Adrián, y llegamos hasta Iberdrola. De ahí, bajamos a Zabalburu, y por Hurtado de Amézaga y Buenos Aires alcanzamos el Ayuntamiento.

En ese momento caemos en la cuenta de que un ciclista urbano recién estrenado es un ser mestizo, de naturaleza imperfecta, con todos los vicios de los conductores y de los peatones. De los primeros, el sentido de propiedad sobre el asfalto. De los segundos, el desprecio por los semáforos en rojo y la tendencia a buscar atajos por aceras y vericuetos.

Uno se enfada

Subimos a Begoña por la Avenida Zumalakarregi, nos probamos en los desniveles entre el parque Etxebarria y la plaza del Gas, y seguimos hasta Arabella, donde los vecinos contemplan con admiración al ciclista que, con una bici municipal, escala con gallardía imposible semejantes repechos. Apenas sudamos.

Bajamos a Txurdinaga, Bolueta, Atxuri... Luego por Campo Volantín y el Paseo de las Universidades hasta el puente de Deusto. Cambiamos de ribera. En la rotonda de la plaza Euskadi un conductor a quien no le da vergüenza gritar por la ventanilla afea: «¡Eh, tú, hay que indicar con la mano!». Recibido.

De vuelta al Ayuntamiento por el bidegorri de Uribitarte la ciudad parece más amable. Han sido unos 20 kilómetros para comprobar que es posible subir a los barrios altos con esta bicicleta. También que puede ser usada como medio de transporte diario sin miedo a llegar al trabajo impregnado en sudor.

Al final del trayecto, un usuario de Bilbon Bizi nos detiene y, como para recordar lo diversa y difícil de complacer que es la sociedad bilbaína, reflexiona: «¿Y eso, para qué? ¡Yo quiero la bici para hacer ejercicio!».

«Hay que atraer a los jóvenes y a las mujeres»

El objetivo de todo esto es que la gente asuma las dos ruedas como un medio de transporte más. Y que el servicio de préstamos municipal tenga más usuarios. Ahora, con 200 bicis normales, hay 12.906. Cuando el servicio de vehículos con pedaleo asistido esté totalmente implantado, en enero, contará con 450 unidades. ¿Y cuántos inscritos? El concejal de Movilidad, el socialista Alfonso Gil, habla de, al menos «un 30% más a finales del año que viene».

La primera unidad del futuro servicio se presentó ayer ante el teatro Arriaga, y Gil recordó que su vocación es allanar la llegada de las dos ruedas a los barrios altos, donde su uso pincha por motivos evidentes. También quiere atraer a «jóvenes y mujeres». Ellas, en realidad, ya son más de las que eran, aunque aún suponen únicamente el 37% de los usuarios. Sin embargo, los menores de 30 años no son ni el 20%.

El acto, al que acudieron concejales de EH Bildu, PP y Udalberri, estuvo apadrinado por el exciclista profesional Haimar Zubeldia -«ostia, un grande», dijo uno del público cuando fue presentado-. El deportista animó a las bicicletas a conquistar la carretera, y pidió a los conductores respeto porque «el espacio es el que es, y hay que compartirlo».

También estaba Ralf Kalupner, el director general de la alemana Nextbike, que es la empresa que gestionará el servicio por nueve millones durante siete años. Es una veterana en este sector porque opera 30.000 bicis en varios países.

Una de las posibilidades que ofrece, al llevar cada bici un sistema GPS, es explotar los datos para diseñar políticas de movilidad futura. Eso sí, por cuestiones de privacidad las bicis no darán una señal continua, sino que revelarán su posición a partir de señales que emitirán cada cinco minutos.