La coincidencia de los paros de Bizkaibus y Bilbobus pone en jaque el transporte público

Los conductores de Bilbobus se manifestaron a la mañana y a la tarde desde las cocheras de Elorrieta hasta la plaza Moyua. / Borja Agudo
Los conductores de Bilbobus se manifestaron a la mañana y a la tarde desde las cocheras de Elorrieta hasta la plaza Moyua. / Borja Agudo

Los conductores del servicio foral siguen sin atisbar una solución al conflicto, mientras los de la capital afrontan hoy mismo una reunión clave

XABIER GARMENDIA

Hasta ahora las alteraciones habían sido bastante moderadas porque eran interrupciones puntuales, cortas y, sobre todo, por separado. Pero este lunes las reivindicaciones de los trabajadores de Bizkaibus y Bilbobus se encontraron en el asfalto y dejaron tras de sí unas cuantas horas de complicaciones en el transporte público vizcaíno. Los paros en ambos servicios -de cuatro y ocho horas, respectivamente- afectaron a miles de usuarios y amenazan con seguir haciéndolo de forma más acusada durante las próximas fechas.

En realidad, los conductores de ambos servicios piden básicamente lo mismo: que se negocie con las concesionarias un nuevo convenio para sustituir al actual, cuya vigencia terminó hace ahora un año. Los de Bilbobus, además, añaden a sus demandas una mejora sustancial en las medidas de seguridad y de higiene. Pese a que tres de las futuras marquesinas contarán con un aseo, creen que la medida se queda corta y que también se debe reformular el servicio de transporte interno.

En lo que difiere ahora la situación es en las perspectivas a corto plazo. El conflicto laboral de Bizkaibus parece algo más enquistado. Los trabajadores dicen no tener notificación alguna de las concesionarias implicadas para sentarse a la mesa. En concreto, son Ezkerraldea-Meatzaldea Bus (EMB), que cubre las líneas de Margen Izquierda, Encartaciones y el campus de la UPV en Leioa, y Pesalur, que presta sus servicios a las localidades del Duranguesado, el Alto Nervión y Arratia. Fuentes sindicales confían en que «todo pueda cambiar con una simple llamada de teléfono», pero por el momento no atisban una solución cercana.

Si esa situación se mantiene, los conductores volverán a parar de 7.30 a 9.30 y de 18.00 a 20.00 horas este mismo jueves y el próximo lunes -también este martes y el jueves 20 en el caso de EMB-. Las movilizaciones culminarían con una huelga durante todo el día 21, coincidiendo con el mercado de Santo Tomás, la jornada de más tránsito de viajeros. A esa medida se pueden sumar los trabajadores de Bilbobus. En cambio, ellos sí tienen una cita en el calendario para avanzar en la resolución del conflicto con Beobide, la compañía adjudicataria del servicio municipal. La empresa y el comité se reúnen este martes mismo para testar la capacidad de ambas partes para alcanzar un acuerdo.

Los sindicatos afirman afrontar el encuentro «con actitud negociadora» y valoran tener una oportunidad de acercar las posturas. En caso de que no obtengan un compromiso de la compañía, continuarán parando de 7.30 a 11.30 y de 17.30 a 21.30 este miércoles, el viernes 14, el lunes 17 y el miércoles 19. Habría que añadir también la citada huelga durante todo el día de Santo Tomás.

«Siempre pagamos nosotros»

Los viajeros vivieron la primera jornada de paros coincidentes con cierta resignación. Las interrupciones de Bizkaibus resultaron especialmente sensibles para estudiantes de la UPV como Miren Sáenz, que tuvo que esperar media hora más para coger el autobús. «Sabía que había paros, pero pensaba que el mío salía con normalidad», decía. Además, se quejaba de que «por una u otra cosa, todos los cursos hay por lo menos una huelga. Siempre acabamos pagando nosotros».

Entre los usuarios de Bilbobus, por su parte, había quien tenía fortuna y cogía su línea a la primera. Por ejemplo, Toño Salazar no tuvo problema para montarse en el 58 -que va desde Atxuri a Mintegitxueta- en una parada de Hurtado de Amezaga. En todo caso, comentaba que es «un fastidio para gente mayor» como él, que representa un perfil muy habitual en el servicio municipal. «A ver si se arreglan ya, que esto en Santo Tomás puede ser una locura», auguraba.