El orgulloso baile de Leticia

Arkaitz García, profesor de la academia Bizkaisalsa, guía los pasos de Leticia, / LUIS ÁNGEL GÓMEZ

Una joven ciega de Zorroza encuentra en una academia de ritmos caribeños todo lo que necesita «para ser feliz»

LUIS GÓMEZ

Leticia Raya Pérez es una joven de 33 años de Zorrozaque consigue casi todo lo que se propone, pese a sus limitaciones visuales. Dos días antes de cumplir el primer año de vida sufrió una meningoencefalitis herpética, que le afectó «a tres cuartas partes del cerebro» y le provocó una ceguera total», explica su madre, Estrella Pérez. «Tiene visión cero. De noche puede distinguir si la luz está encendida o apagada o, todo lo más, si es de día, pero nada más», asegura. Sin embargo, jamás esta discapacidad la retrajo.

Al contrario. Desde los 12 años lleva compitiendo en judo. Hace solo dos se proclamó campeona de España en su modalidad. Todos los lunes, miércoles y viernes asiste a clases de artes marciales. Saca tiempo de donde puede porque trabaja en el Taller Usoa del barrio baracaldés de Lutxana. Se ayuda de un bastón para moverse por los lugares que acostumbra. Va sola al trabajo, a coger el autobús, a hacer recados por el barrio... Pero su pasión es la música y el baile.

Y, como cualquier joven, le encanta la moda. Viste pantalones vaqueros rotos, sudadera blanca y zapatos de tacón «cómodos», a los que da buena suela. Lo primero que hace al levantarse, mientras desayuna, es encender la radio y escuchar a sus cantantes favoritos. «Oigo de todo. Me encanta la música suave:Melendi, PabloAlborán, que está de moda, Pablo López, Merche, Fito&Fitipaldis... ¡Y el himno del Athletic!», exclama. Pero, sobre todo, le encanta «moverse. ¡Siempre he deseado bailar!», expresa emocionada.

Así que el primero paso lo dio Estrella. Le preguntó si quería «probar» y madre e hija se presentaron hace ya un año en la academia Bizkaisalsa de Zorroza, donde imperan los aires caribeños: salsa y bachata, especialmente. «En vez de quedarme sentada viéndola bailar, nos apuntamos las dos». Van por el segundo curso. Meten hora y cuarto todos los martes.

–¿Es difícil bailar, Leticia ?

– La bachata es más fácil. La salsa sí que es complicada. Hasta Arkaitz (uno de los profesores de la academia) me lo ha dicho. Por eso nos mete más horas.

Lecitia dice que le resulta complicado, pero no lo parece viéndola moverse. «Claro que cuesta seguir los pasos de la canción. Me dicen 'primero escucha la música', pero...», desliza. «Hay que saber pillar y seguir el ritmo», detalla. Leticia es tímida. Cuando sus compañeros –Mikel, Jone y Jessica, entre otros muchos– le recuerdan los avances conseguidos, responde que lo ha logrado «intentando seguirle a él». A Arkaitz García, claro. Luego ríe. «Suele decirme 'jo, tú enseguida lo coges'», presume.

El «reto»de Bizkaisalsa

Estrella Pérez define a su hija como una chica «con mucho tesón. Nunca tiene miedo a lo desconocido. Siempre da un sí por respuesta. Está dispuesta a aprender y sentir esas experiencias que habitualmente una persona con todos sus sentidos, llamémoslo así, tendría miedo o al menos un poco de respeto. Ella nunca ha sentido eso. No sé si porque no lo ve o porque es así».

Arkaitz García, uno de sus profesores, dice que la trata «como a una más. Le guío las manos para que sepa cómo tiene que subir los bracitos». Y Salvador, el dueño de Bizkaisalsa, reconoce que su llegada supuso «un reto». «Al principio tuve dudas. Pensé 'va a ser complicado', pero miré a Jone, una amiga muy atrevida, me guiñó el ojo y me dijo 'adelante'. Con su ayuda y la de los demás compañeros, lo hizo muy fácil. Leticia es una más».

Se la nota feliz mientras escucha con atención las instrucciones. «Ahora, un giro a la derecha», sugiere el profesor. «Y ahora, pon la pierna de esta forma», pide. En realidad, Leticia hace lo mismo que sus colegas de clase. «Con decir que coge mejor el ritmo que yo, con eso digo bastante», relata su madre, auxiliar de clínica en el Hospital de Basurto. «Se lo pasa como los enanos. Siempre ha sido una persona extrovertida. Donde está ella, hay alegría. Y nos ha ayudado mucho que la gente que nos rodea es fantástica».

Leticia tiene facilidad para dejarse guiar y seguir los pasos.
Leticia tiene facilidad para dejarse guiar y seguir los pasos.

La misma metodología

Salta a la vista que la joven invidente se lleva «de maravilla» con sus compañeros. «Los giros me resultan bastante fáciles, pero no te creas. Me ha costado mucho aprenderlos. La clave para hacerlo bien y dar con el ritmo es sencilla: ¡Escuchar, escuchar y escuchar la mayor cantidad de música posible! ¡Y concentrarse!», argumenta.

Roberto Salvador, propietario de la academia por donde pasan 300 alumnos, no la pierde de vista. La enseña toda clase de «trucos», porque Leticia quiere, evidentemente, más, aunque no lo confiese abiertamente. «Ya veremos. De momento quiero aprender bien la salsa, pero también me gustaría probar con la rueda cubana», reconoce.

Tanta ilusión le pone que cuando un paso no le sale como desea se enfada, pero sin frustrarse. «Si le va mal le digo 'Leticia, vamos a intentarlo de esta manera, a ver si te resulta más fácil'. Nunca dice que no. Siempre lo intenta», explica Estrella, que relata que su hija sigue la misma «metodología» que el resto de alumnos, pero «a un ritmo algo más lento. Si para dos pasos yo necesito tres horas, ella va a necesitar 4 o 6. Pero, a cambio, tiene muchísima facilidad para dejarse guiar», aplaude su madre, a la que le esperan muchas horas por delante en Bizkaisalsa. «A veces le suelo decir 'Leticia, venga, que ya hemos aprendido estos 4 pasos'. Pero no hay manera. Le sobran ganas e ilusión. Me repite 'no, ama, yo quiero seguir'. Aquí es feliz». Porque el baile es, de largo, lo que más le gusta en la vida.

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