número 20

El Corte Inglés vende el edificio de su tienda de electrónica

número 20
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Aún circulan por las librerías de viejo boletines editados a principios del siglo XX por la Compañía General de Material Fotográfico. La empresa, fundada por Manuel Torcida, amigo de los Lumière, y el fotógrafo García Razquin, contaba con laboratorio propio e introdujo el revelado estereostópico en Bilbao. Abierta desde 1901 en el número 20 de la Gran Vía, debía de ser la Apple Store del Novecientos. Es fácil imaginar a Eulalia Abaitua, la primera fotógrafa vasca, comprando allí lo necesario para realizar sus placas asombrosas.

La ciudad funciona también como un sistema de información. Los edificios clasifican un archivo en el que todo regresa al presente. Eso explica que yo fantasee con los pioneros de la Compañía General de Material Fotográfico cuando paso por el número 20 de la Gran Vía. Y encuentre una cierta continuidad, casi una pertinencia, en que hoy haya allí un Corte Inglés que vende los últimos prodigios fotográficos. A la hora en que el gran almacén cierra, es probable que los fantasmas de Torcida y García Razquin se aparezcan para curiosear los últimos modelos de réflex y videocámaras.

Además de con espectros, la historia de la ciudad se explica con documentos de compra y registros de propiedad. En tiempos de Eulalia Abaitua el número 20 de la Gran Vía era una casa de vecinos construida por el arquitecto Saracíbar. De aquello solo queda la fachada y ahora sabemos que el Corte Inglés va a vender el edificio a una gestora de activos inmobiliarios. Se trata de una operación millonaria que no afectará a la actividad del inmueble. Las calles nobles tienen hoy una cierta inestabilidad de Monopoly. Abundan las grandes empresas que cambian la propiedad por el alquiler.

Hace veinte años, en el número 20 de la Gran Vía abrió un Mark and Spencers. Como la ciudad también es un archivo íntimo, yo sentía una gran decepción al pasar frente a él. Era un reflejo condicionado. Cuando yo era niño, todo el mundo que iba a Londres regresaba con una bolsa de Mark and Spencers. Era muy fácil pensar que había en ella un regalo estupendo para ti. Pero, invariablemente, la bolsa contenía cajas de aquellas chocolatinas de menta, los 'After Eight': una de las cosas más insensatas y crueles que ha hecho nunca Inglaterra. Incluyendo lo de decapitar a Cromwell. Y lo de no decapitar a Sting.