El 'Nuevo Anchústegui' necesita seis años para su restauración total

La embarcación, en el Museo Marítimo. /
La embarcación, en el Museo Marítimo.

El ejemplo más antiguo de la pesca tradicional vizcaína de bajura está siendo recuperado por Erain, proyecto del Museo Marítimo que pretende recobrar la antigua carpintería de ribera

Laura González
LAURA GONZÁLEZBilbao

El 'Nuevo Anchústegui', la bonitera ondarresa de 1958, el ejemplo más antiguo de la pesca tradicional vizcaína de bajura con viveros, permanece en el mismo lugar en el que ha estado los últimos años desde su donación al Museo Marítimo, en 1997, en el dique seco de Olabeaga, pero fuera de la colección permanente. Y es que varios andamios reflejan que su estado aún no permite, ni de lejos, ser admirado desde cerca y por dentro. De hecho, aún le quedan seis años en el taller, según declara Jon Ruigomez, director del museo, para volver a lucir el mismo aspecto que cuando surcaba las aguas del Cantábrico en busca de bacalao o antxoas.

Una reconstrucción que arrancó en 2016, tras varias denuncias de la familia Anchústegui, tras ser dada de baja la nave debido a su mal estado, alegando el museo ser irreparable por su alto coste. Finalmente, la Diputación consideró que su mantenimiento y conservación debía de ser una «prioridad», por todo lo que representa, como volvió a dejar claro Lorea Bilbao, presidenta del museo y diputada de Euskera y Cultura. «Nuestra tradición es un pilar muy importante de nuestro patrimonio, es nuestra identidad, lo que nos hace diferentes. Bizkaia y la tradición marinera van de la mano y este es un gran reto, difícil pero absolutamente necesario, que va más allá».

De este trabajo se está encargando Erain, proyecto estratégico del Museo Marítimo, cuyo objetivo es construir embarcaciones y conservar las ya existentes, recuperando para ello el oficio de la carpintería de ribera, el modo en que antiguamente se realizaban las embarcaciones en ambas márgenes de la ría y en toda la costa de Bizkaia. Una iniciativa impulsada sobre todo después de la restauración del gasolino 'Bizkotxalde', que está compuesto por un grupo multidisciplinar, en el que destacan entre todos ellos muchos voluntarios con grandes conocimientos de la pesca, como antiguos patrones o estibadores, ya retirados, que no dudan en aportar todo lo que está en sus manos, llenos de ilusión.

Restauración científica

La restauradora Carmen López declara que esta es una de las únicas restauraciones científicas que se están realizando en este ámbito. Un minucioso proceso en el que están siguiendo a rajatabla numerosos criterios. «Todo está muy pensado, en beneficio de la propia embarcación, y no se añade nada que no sea original, para respetar toda su historia y sus señas de identidad», asegura, con materiales «inocuos» y madera de robles, pinos y acacias.

El 'Nuevo Anchústegui', de 21,20 metros de eslora, 6,14 metros de manga y 2,80 m. de puntal, sufrió «movimientos en el soporte leñoso» a causa de las condiciones extremas del ambiente marino al que estuvo expuesto, dando lugar, como se refleja en la memoria de Erain echa pública recientemente, a la pérdida de su «natural elasticidad», debido a las «deformaciones plásticas irreversibles en su estructura». Parte del material se pudrió a causa de los hongos. También contribuyó a este deterioro la acción del amoniaco, principal refrigerante para la producción del hielo, que se transportaba en las neveras, además de la «gran cantidad de restos orgánicos que iban a parar a la sentina del barco».