La nueva hornada de policías locales se forja en Arkaute

Alumnas del grupo 1 de la Policía local de Bilbao consultan el temario en la clase de fomento de la Seguridad Vial. / BLANCA CASTILLO

Tras seis meses de dura formación, 80 agentes practican tiro, defensa personal o técnicas de conducción antes de lanzarse a patrullar por las calles de Bilbao el día 27

David S. Olabarri
DAVID S. OLABARRI

La jornada en Arkaute empieza poco después de que salga el sol. Las clases arrancan sobre las 8 de la mañana, pero desde bastante antes hay alumnos corriendo por la instalaciones o desayunando en la cafetería. Aquí, en este espacio común, se suelen reunir los aspirantes a policías que han conseguido plaza para dormir todos los días en una de las 340 camas que tiene la academia y los que van y vienen a diario desde sus casas. Algunos toman un café con leche, que cuesta 35 céntimos, otros un poco de fruta, y varios un desayuno completo por unos pocos euros. La idea es que tengan todas las facilidades posibles para que su principal preocupación sea estudiar y superar con éxito el proceso formativo.

Los 67 futuros agentes municipales de Bilbao llevan más de seis meses en la Academia Vasca de Policía y Emergencias, después de que superasen la primera fase de la OPE que consistió en una serie de pruebas teóricas, físicas, psicotécnicas y de personalidad. Apenas les faltan tres semanas para recibir sus acreditaciones profesionales, cuya entrega está prevista para el próximo 27 de julio. Pero el curso ya se está haciendo largo. La recta final de la formación es la que más suele gustar a los alumnos porque es precisamente en la que se imparten las asignaturas que más identifican con el trabajo genuinamente policial, como técnicas de conducción, tiro y defensa personal. Todos tienen ya ganas de «salir a la calle». Sobre todo, después de que hace sólo unos días se despidiesen de los 263 agentes de la 26 promoción de la Ertzaintza con los que han compartido meses en la academia. Y también porque quieren volver a juntarse con los 13 agentes de su promoción que, después de aprobar los exámenes, no han tenido que realizar el curso de formación al haber trabajado ya como ertzainas (4 de ellos) o como policías locales en otros municipios (los 9 restantes).

Todos ellos -juntos a los 40 interinos que se han licenciado esta semana- se unirán en la fase de prácticas, ya como policías en las calles de la capital vizcaína. Después de tantos meses de estudio y preparación física, lo que todos quieren es que les certifiquen que han superado el curso y poner en práctica lo que han aprendido. Saben que su primera prueba de fuego va a ser la Aste Nagusia, una etapa en la que suelen multiplicarse las incidencias. Esta última fase de prácticas durará un año y también tiene carácter eliminatorio. Una vez concluida ya tendrán en propiedad la ansiada plaza de funcionario como policías locales.

El hombre encargado de que todo funcione

Juan Carlos Etxegarai es el jefe de Estudios de la academia de Arkaute. Entró hace 32 años como profesor de Derecho y ha ido desempeñando diversas responsabilidades. En la actualidad, por sus manos pasa la gestión de la formación de un centro educativo que cuenta con 68 profesores -31 laborales fijos y 37 ertzainas, además de otros especialistas que van rotando-. El año pasado colaboraron con la academia 180 expertos en materias especializadas, al margen del profesorado estable. Es el hombre encargado de que todo funcione. También tiene la responsabilidad de hablar personalmente con los alumnos que no superan el proceso formativo.

Estos días la academia que dirige Malentxo Arruabarrena presenta un aspecto mucho más tranquilo del habitual. Los 67 alumnos de Bilbao están divididos en dos de los tres grupos de policías municipales que hay ahora mismo en Arkaute. El tercero está compuesto por 46 futuros agentes de otras 12 localides que se sumaron a la primera OPE conjunta de policías. Comparten instalaciones con un equipo de bomberos de Álava y con algunos cursos de ascenso de la Ertzaintza.

Un día en Arkaute. Arriba, instructores en el campo de tiro. En el medio, Marta reduce a un compañero en clases de defensa personal. Abajo, Iñigo y José en las prácticas de conducción.

El grupo 1 de Bilbao se dirige a su clase de fomento de la seguridad vial. Allí les está esperando José Luis, un agente de Bilbao que se encarga de impartirles una materia que, en la práctica, «va a ser una de las que más utilicen en su día a día». Son más de 70 horas de formación, una de las más importantes. No en vano, el tráfico y las ordenanzas municipales son las dos principales competencias exclusivas de los ayuntamientos. La idea aquí no es tanto que memoricen el temario y la legislación, que están en constante evolución, sino que sean capaces de utilizarlo y de recurrir a él en los casos con los que se van a encontrar cuando salgan a patrullar.

En su contexto

340
camas dispone la academia de Arkaute. Se suele dar preferencia para quedarse a dormir a los alumnos que viven más lejos. Un café cuesta 35 céntimos. Un menú 6 euros para los que no viven allí.
Instalaciones
La academia tiene más de 170.000 metros cuadrados. Dispone de unas excelentes instalaciones en las que se incluyen pista de atletismo, piscina, gimnasio, campo de tiro o circuito de conducción para que los alumnos puedan prepararse, además de frontones.
Curso
Dura 7 meses, dos menos que la Ertzaintza. Cobran del Ayuntamiento de Bilbao unos 1.800 euros, algo más del sueldo base, como funcionarios en prácticas. Las clases de tiro no son más importantes que las relacionadas, por ejemplo, con la policía al servicio de la ciudadanía. A los agentes se les mide el nivel físico, pero deben preparase por su cuenta. Tienen clases de autocontrol y materias para saber tratar con víctimas de agresiones sexuales y enfermos mentales. Al contrario que en la Ertzaintza, todas los aspirantes a la policía local deben tener ya el perfil de euskera, pero no hay límite de edad.
37,55%
de las personas que acceden en la actualidad a los cuerpos de policía en el País Vasco tienen algún tipo de titulación universitaria. El perfil de los futuros agentes va cambiando.

A la misma hora, el grupo 2 tiene clase de autocontrol. Garbiñe es su profesora. Enseña a los alumnos a que puedan «prevenir el estrés» en situaciones conflictivas. Para ello hacen ejercicios de gestión de emociones, trabajan las habilidades sociales y «aprenden técnicas de respiración y de relajación». Destrezas que después se llevan al terreno práctico haciendo ejercicios simulados con sus compañeros. Lo que se trata es de poder conducir de la forma más adecuada posible situaciones conflictivas del día a día.

'Jungla de Cristal'

Después de estas dos clases, los alumnos tienen programadas actividades de defensa policial y de conducción. Esta última suele ser una de las preferidas. Iñigo, su instructor, explica que muchos alumnos llegan a la academia pensando que van a realizar «persecuciones de película». Y el objetivo aquí es todo lo contrario. La idea es «aumentar los márgenes de seguridad» en la conducción para que, en situaciones de máximo estrés, puedan atender las emergencias de forma rápida, pero con la mayor seguridad posible. Siempre teniendo en cuenta cuáles son los límites que no se deben superar.

Estas clases son sólo una pequeña parte del curso que deben afrontar los aspirantes a policías locales durante los siete meses de instrucción. Juan Carlos Etxegarai, el jefe de estudios de Arkaute, explica que las materias básicas -como las relacionadas con el derecho y con la policía al servicio de la ciudadanía-, que algunos consideran más densas, suelen meterse en los primeros meses de formación porque, precisamente, «es en esta etapa en la que los estudiantes están más receptivos». De esta forma se trata de hacer entender a los agentes que su futuro trabajo tiene «poco que ver» con las ideas preconcebidas con las que algunos llegan a Arkaute, al estilo de películas como 'Jungla de Cristal'.

Otros aspirantes también piensan que van a estar todo el día corriendo y levantado pesas. Y, aunque es cierto que son sometidos a tests físicos de forma periódica para medir su nivel, la preparación debe correr por su cuenta. Para ello disponen con unas excelentes instalaciones de más de 170.000 metros cuadrados en las que hay de todo: pista de atletismo, gimnasio, piscina, frontones... Pero la formación policial, hoy en día, tiene una base mucho más académica de lo que parece a primera vista. De hecho, en esta etapa, más que cualquier actividad física, son mucho más importantes las lecciones que sirven para aprender a tratar con enfermos mentales, con víctimas de agresiones sexuales, con menores, con mayores en situación de desprotección... Se trata de clases en las que, por ejemplo, se enseña a los futuros policías a no crear una «doble victimización» a una mujer que ha sufrido una violación. Un dato: en la actualidad el 37,55% de las personas que acceden a los cuerpos de Policía de Euskadi «tienen titulaciones universitarias», según explica el jefe de estudios de Arkaute.

La formación de los policías locales ha ido, de hecho, profesionalizándose con el tiempo y en la actualidad es bastante similar a la que reciben los ertzainas. Los agentes de la Policía autónoma están 9 meses en la academia -en vez de 7- porque, además de formación para utilizar la pistola, reciben también clases de tiro con armas largas, con lanzabolas y relacionadas con incidentes de orden público. «Tradicionalmente se ha pensado que Arkaute era la academia de la Ertzaintza. Pero lo que buscamos ahora es que todas las policías puedan hablar el mismo lenguaje a la hora de enfrentarse a una actuación», explica Josemi, ertzaina de profesión y que en la actualidad es el jefe de sección de técnicas y tácticas policiales de la academia.

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