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Tres horas en la cárcel de Basauri, donde no pasa el tiempo

La galería de los chabolos. /Fernando Gómez
La galería de los chabolos. / Fernando Gómez

EL CORREO logra acceder a la prisión vizcaína, en la que casi la mitad de sus 150 reclusos trabajan y cotizan. «Hay que despejar la cabeza»

Jesús J. Hernández
JESÚS J. HERNÁNDEZ

La primera vez que uno entra en la cárcel siente que se adentra en un mundo paralelo donde lo único que existe de verdad son los relojes y donde, además, no pasa el tiempo. Aquí las manecillas suenan como campanadas lentas y cada preso tiene grabada una cuenta atrás que regresa puntual a las ocho menos diez de la mañana. Vuelven entonces a enfrentarse a su condena, que se levanta como un promontorio sin huellas de erosión pese al oleaje nocturno. EL CORREO ha traspasado esa frontera y ha entrado en el centro penitenciario de Basauri después de ocho meses de gestiones y trámites. Es la primera vez que este diario lo logra desde 1993, hace 25 años. Así es, hoy, la principal cárcel de Bizkaia.

 

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