El tranvía que desapareció en el camino
Vertebrador. ·
Desde su inauguración en 1902 hasta 1964, fue fundamental para unir los pueblos del valle de Arratia con Bilbao y sus núcleos industrialesLa historia oficial, fundamentada en hechos tangibles, nos cuenta que el tranvía de Arratia unía Durango y las localidades del valle con Bilbao. Pero para entender en su justa medida lo que supuso este transporte resulta esclarecedor verlo desde otro prisma, el de la conexión entre el mundo rural y el urbano, entre la tradición y la modernidad. El escritor e historiador Jon Urutxurtu publicó el año pasado, en colaboración con la Diputación de Bizkaia, el libro 'Historia gráfica del tranvía de Arratia', y este lunes, 1 de diciembre, hará un repaso a su historia en la Sala de Conferencias de las Juntas Generales, un evento organizado por la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Bilbao.
El 6 de diciembre de 1902, el tranvía realizó su primer viaje desde la plaza del teatro Arriaga. Pasaba por Basauri, Galdakao y Bedia hasta llegar a Lemoa. La estación de esta localidad era el centro neurálgico del tranvía, «ya que aquí se bifurcaba la línea hacia Durango o bien hacia Zeanuri, y también albergaba las cocheras y talleres», explica Urutxurtu. Antes de su llegada, los habitantes del valle debían coger el tren, que llegaba hasta Lemoa, y luego servirse de diligencias para conectar con otros pueblos. «En su día fue una auténtica revolución», destaca Urutxurtu.
En este aspecto influyó notablemente que el tranvía no sólo llevara personas, sino también mercancías, algo novedoso en lo que a estos transportes se refiere, y que creo un intercambio, con los productos agropecuarios que fluían desde Arratia hasta Bilbao y los materiales industriales que hacían el viaje en sentido contrario. «Muchas fábricas de la zona, como la Baskonia o la Firestone de Basauri o Cementos Lemona, entre otras, se beneficiaron de ello», señala el historiador.
El tranvía se convirtió en un firme competidor para el tren y en 1911 la Compañía de los Ferrocarriles Vascongados lo adquirió. Este fue uno de los múltiples motivos que provocaron su declive, pues los responsables de la empresa nunca se molestaron en renovar los vehículos, hasta que terminaron quedando obsoletos. 1952 fue el momento álgido del tranvía, que alcanzó su cifra máxima de ingresos y de viajeros, llegando a los 6.749.914 usuarios. Las inundaciones de 1953, en contraste, marcan su decadencia, ya que a partir de ese año comenzaron a suprimirse ciertos tramos. Los cambios en la estación de salida, que primero pasó a la parte posterior del Arriaga y posteriormente al muelle de Urazurrutia, fue otra de las razones de esta deriva.
Por encima de todos estos motivos sobrevuela uno más importante, la moda desatada en el París de los años 30 de suprimir los tranvías para dejar paso al imparable automóvil. Lo que iniciaron los franceses se fue extendiendo durante las siguientes décadas por el bloque occidental del continente, ya que en el bloque del Este, bajo la égida de la URSS, sí mantuvieron este medio de transporte. «A partir de los años 80 se produjo el renacer del tranvía, y actualmente más de 280 ciudades de Europa lo tienen», explica Urutxurtu.
El 29 de noviembre de 1964 un grupo de montañeros realizó un homenaje al tranvía para su despedida, haciendo el recorrido desde Lemoa hasta Zeanuri para después regresar a Bilbao. Aquel fue el último viaje del tranvía de Arratia, un medio que marcó un antes y un después en la vida de los habitantes del valle.