Punto final a las fiestas de Ugao

Miembros de la Cofradía Udiarraga junto con la simbólica olla. / CRISTINA RAPOSO
Miembros de la Cofradía Udiarraga junto con la simbólica olla. / CRISTINA RAPOSO

Más de un centenar de vecinos se reúne en la popular alubiada celebrada bajo la carpa de la Cofradía de Udiarraga

CRISTINA RAPOSOUGAO-MIRABALLES.

La histórica comida de la Cofradía de Udiarraga, que tiene lugar en los aledaños de la ermita de Ugao-Miraballes, despidió ayer nuevamente las fiestas patronales de la villa con su clásico guiso; la alubiada. Un plato que desde la década de los 90 no ha dejado de conquistar los paladares de cientos de ugaotarras. «La primera referencia documentada de la cita data de 1566 aunque ha tenido varias fases diferentes a lo largo de los siglos. De hecho, el lunes posterior a cada 8 de septiembre era el día de la Cofradía y no el de la alubiada. Realmente este guiso se instauró en 1985 por cuestiones prácticas y económicas ya que antes se comía sopa, bacalao y pollo», explica Iñaki García, miembro de la hermandad.

En su novena edición, el festejo contó con la asistencia de 136 personas. «Aunque cada año asistan nuevos vecinos, los de siempre no fallan nunca», expresa orgulloso el Mayordomo Ernesto Fernández. Bajo la carpa también se encontraba el pequeño Ekhiotz, vestido de Buzz Lightyear, junto a su familia. «Siempre venimos porque mi pareja forma parte de la cofradía. Además, este es el primer año que contamos con la compañía de nuestro hijo», apuntó su amatxu Ixone. No fue el único que acudió disfrazado al encuentro. En una de las mesas ocupaban felices sus sitios diez amigas vestidas de geishas. «El tema de este año eran los oficios. Por ello, hemos escogido este atuendo. Es uno de los trabajos más antiguos que existen», cuenta Gotzone entre risas.

Frente a todos los comensales se ubicaba en el suelo la olla en la que hace siglos los antiguos cofrades asaban su tradicional becerro con hortalizas de la huerta. Un instrumento de cocina que con los años se convirtió en un símbolo de la villa. «Este fue un presente religioso de la Fundición Santa Ana a la hermandad en 1848. Esta caldera además forma parte del escudo de nuestra localidad, por eso está vieja amiga nunca falta a la fiesta», bromeaba García.

Más de 300 raciones

Junto a la ermita también la familia y amigos de Mari celebraban el día de su patrona la Virgen de Udiarraga. «Siempre la hacemos nosotros y no fallamos ni un solo año. Nos encanta disfrutar de este momento», explicaba con cariño la ugaotarra a sus 94 años.

En el otro extremo, los miembros de Harile Kultur Elkartea no pudieron descansar ni un breve instante porque tenían que dar de comer este sabroso plato a los más de 300 vecinos que allí se encontraban. «Nosotros nacimos hace quince años porque al principio la comida de la cofradía únicamente era para los hombres. Por ello, comenzamos a organizar un evento mixto y que tuviese como protagonistas nuestros productos locales», señaló Feli Bahillo, miembro de la agrupación.