«Una vez llegué tarde a un funeral por un atasco. ¡Menudo apuro pasé!»

Néstor Aras posa junto a su coche con la iglesia de San Miguel de Basauri como testigo. / O. HERNÁNDEZ
Néstor Aras posa junto a su coche con la iglesia de San Miguel de Basauri como testigo. / O. HERNÁNDEZ

Néstor Aras es uno de los dos religiosos que más kilómetros recorre de Bizkaia. Tiene a su cargo 13 parroquias

OLATZ HERNÁNDEZ OROZKO.

Conoce mejor que nadie las curvas, repechos y rectas de asfalto desde Basauri a Orozko. No es ningún ciclista. Ni siquiera le gusta conducir, pero cada día, el cura Néstor Aras pasa varias horas en la carretera para atender las 13 parroquias que hay en la zona. Un trabajo que comparte con otro clérigo, don Agustín. «Antes había un sacerdote por pueblo, pero desde hace tres años solo quedamos dos. Pasamos muchas horas en el coche, casi se podría decir que es nuestro despacho», ironiza.

No es exagerado decir que Aras es uno de los religiosos que más kilómetros recorre en Bizkaia. Atiende a EL CORREO en la Iglesia de San Miguel de Basauri y rebusca dentro de su maletín varios minutos antes de disculparse: «Espera a ver si la encuentro la llave porque con tanta parroquia...». Es la una de la tarde y ya ha realizado una unción de los enfermos en Arrigorriaga, ha confesado a una señora en una residencia y ha oficiado misa en el convento de las Mercedarias, en el barrio de Ibarra, en Orozko. «A la siete debo estar de nuevo en Arrigorriaga para la misa diaria. Al menos me toca una tarde tranquila», se consuela.

Según el día puede haber funerales, grupos de catequesis... repartidos entre las parroquias de San Miguel, Arrigorriaga, Zaratamo, Ugao-Miraballes, Zollo, Arrankudiaga, Zeberio, Arakaldo y Orozko, «donde hay cinco y muy dispersas». De punta a punta, recorre 30 kilómetros, «unos cuarenta minutos en coche», por carreteras complicadas y con mucho tráfico, donde llegar a tiempo es, a veces, un milagro. Y eso, sin tener en cuenta posibles contratiempos. «Puede haber una carrera ciclista, un accidente, nieve en invierno... Una vez llegué tarde a un funeral por un atasco, ¡menudo apuro pasé!». Encontrar aparcamiento, al menos, no suele ser un problema, ya que existen varias plazas reservadas en cada iglesia.

Para que todo encaje es necesaria una coordinación milimétrica. «Los fines de semana pueden llegar a ser caóticos, por lo que contamos con la ayuda de un diácono», señala Néstor. La colaboración de los fieles también es fundamental. Cuando el cura llega al templo, ya está todo listo para oficiar la misa. «La gente es comprensiva. Saben que en estos tiempos es difícil ser cura. Andamos saltando de pueblo en pueblo. Muchos se preocupan y me dicen 'no corras'», sonríe.

Jubilación tardía

La paulatina jubilación de los religiosos más mayores ha mermado la cantidad de clérigos en Bizkaia. El último fue don Víctor, párroco de Arrigorriaga, a los ochenta y muchos años. Con 45, a Néstor aún le queda lejos. Tiene muchos años de servicio por delante. «Tan jóvenes somos muy pocos en el territorio». Antes de cubrir esta zona, estuvo destinado en Galdakao durante 12 años. «Ahora atiendo al mismo número de habitantes, solo que están todos dispersos». Su coche, un Citroen C3 blanco, ha acumulado 55.000 kilómetros en dos años y medio. «Cuando fui a comprarlo me preguntaron a ver cuántos kilómetros hacía al año. Dije que unos 12.000, qué ingenuo fui», recuerda.

El vehículo es una herramienta esencial en su trabajo y está lleno de cajas y materiales que transporta de una parroquia a otra. «El coche es casi tan importante para nosotros como el móvil», señala. Mientras que un médico atiende a sus pacientes en horario de consulta, un cura tiene que estar siempre disponible para cualquier emergencia. «Desde una pareja que quiere casarse, hasta alguien que quiere confesarse. Estamos cuando nos necesitan, solo tienen que llamarnos». Y claro, los desplazamientos son inevitables. «Antes eran los ciudadanos los que venían a la iglesia, ahora somos nosotros los que nos movemos». Para amenizar los innumerables viajes, Néstor ha encontrado en la radio el compañero perfecto. «Me ayuda a desconectar. ¿Qué escucho? Radio María o Los 40 Principales, según cómo esté de ánimo».