«Es fácil demonizar a un cura y no a un familiar»

Expertos y víctimas compartieron sus experiencias y valoraciones. / LEIRE PÉREZ
Expertos y víctimas compartieron sus experiencias y valoraciones. / LEIRE PÉREZ

Doscientas personas acudieron a la primera jornada sobre abusos sexuales que organizó la comisión antiviolencia de Marienea en Basauri

LEIRE PÉREZBASAURI.

Dos de cada diez niños sufrirá abusos sexuales entre los siete y los doce años. El agresor será, en el 80% de los casos, miembro de su familia. Las niñas aguantarán los ataques entre los 7 a los 10 años, mientras que en los niños se retrasarán hasta los 11 años los tocamientos y violaciones.

Un problema «social y estructurado que la sociedad patriarcal crea y protege, y que se da en todas las clases sociales, aunque a mayor vulnerabilidad hay más posibilidad», explicó ayer Eider Goiburu, experta en prevención de violencia machista en la primera jornada sobre abusos sexuales celebrada en la Casa de la Mujer de Basauri, Marienea.

Ante doscientas personas la especialista desgranó los datos de una violencia que todavía no ha logrado visibilizarse y menos aún combatirse. Tanto los «niños» como los «adultos» involucrados en estos sucesos muestran «miedo y resistencia», comentó. Y no es para menos cuando los afectados tienen que declarar «hasta cuatro veces en los tribunales, en juicios que se pueden alargar hasta 3 años. Existe una violencia institucional», lamentó.

Los menores se enfrentan además a la falta de identificación del agresor. «En un trabajo con niños de 5 de Primaria identificaban los abusos con alguien en una furgoneta blanca que les llevaba a un sitio oscuro. Hay que luchar contra esa desinformación, porque los agresores no son monstruos y están cerca», relató la experta. Y abogó porque los programas de educación sexual se impartan también con niños. «Es la única forma de que puedan identificar un abuso», advirtió.

Basauri, conmocionada

Goiburu fue la primera ponente de una jornada que tenía como objetivo «visibilizar» esta problemática, después de que la localidad entrase en conmoción en los últimos meses al conocerse que se habían presentado seis denuncias contra un conocido entrenador de fútbol. Jokin Aspiazu, investigador de la UPV recordó que la «violencia sexual» tiene una clara relación con la «machista» porque se ejerce desde una «relación de poder». «Hay que abrir espacios de escucha y prevenir, no esperar al problema», pidió al tiempo que incidió en que la familia es un «peligro». «Para la sociedad actual es más fácil demonizar a un cura que a la persona que tenemos más cerca», lamentó.

De la Iglesia y del libro «No abusarás», que recoge el testimonio de nueve afectados, habló precisamente el periodista Iñigo Astiz, coautor del documento. Censuró que «mientras la sociedad ha comenzado a sensibilizarse, la Iglesia todavía no ha hecho nada. Hay casos muy recientes como el de Gaztelueta», recordó. El periodista apuntó que «sigue sin asumir sus responsabilidades al tiempo que se cuestiona la palabra de la víctima».

«Mi amigo se convirtió en un monstruo cuando me tocó»

Pepe Godoy y Miriam Alonso, dos «supervivientes» de abusos sexuales en la infancia fueron los encargados de clausurar una emotiva jornada. El basauritarra decidió contar su caso a través de un cuento. «Yo era el quinto de siete hermanos de una familia humilde, que tuve la mala suerte de cruzarme en una lonja de Basauri con un depredador sexual», echó la vista atrás.

Recordó como se sintió «afortunado» porque le invitó a su casa «a un bocadillo de salchichas que nunca había probado. Me regalaba petardos, chicles y bebía como un chico mayor. Un día estaba contento porque iba a ver a su casa una película, pero era para mayores y empezó a tocarme. Mi amigo se convirtió en un monstruo», relató. «Había padres que lo sabían, que protegían a sus hijos, pero a mis padres nadie les avisó», lamentó.

El silencio que a su entender se mantenía en torno al presunto pederasta ha llegado a la actualidad. «Hay gente que me da palmadas en la espalda, pero sin embargo han dejado a sus hijos en el club en el que entrenaba. Ser valientes y pedir explicaciones de por qué han expuesto a vuestros hijos», solicitó. Se mostró «cansado de ser valiente». «Con cuatro testimonios en el juzgado no he conseguido nada. No recomendaría denunciar», lamentó.