Arrankudiaga y Llodio zanjan sus límites

Vecinos y miembros de las corporaciones se dieron cita en estas campas de Areta. / C. R.
Vecinos y miembros de las corporaciones se dieron cita en estas campas de Areta. / C. R.

Los alcaldes de ambos municipios acudieron a las campas de Santa Ana para reunirse frente al mojón que terminó con sus enfrentamientos hace 268 años

CRISTINA RAPOSOARRANKUDIAGA.

Pese a la lluvia constante, ni el alcalde de Arrankudiaga, Txutxi Ariznabarreta, ni el de Llodio, Ander Añibarro, faltaron a su tradicional encuentro del 26 de julio: la revisión del monolito que marca el límite territorial entre ambas localidades desde el siglo XVIII. Y es que, por aquel entonces, los habitantes de ambas poblaciones estaban enfrentados por obtener la propiedad de este terreno emplazado en las campas de Santa Ana, en el barrio de Areta. Aquellos conflictos finalmente llegaron a su fin en 1751 gracias a la Real Chancillería de Valladolid, que fijó y ordenó colocar una piedra de forma trapezoidal en el citado enclave para así visualizar hasta dónde llegaban las posesiones de uno y otro.

Desde entonces, y de forma pacífica, los regidores revisan la correcta ubicación del mojón cada año. «Esta cita siempre coincide con el día de Santa Ana, patrona de las fiestas de Areta. Por ello, anualmente invitamos a los vecinos de Arrankudiaga a que crucen la muga a Llodio y disfruten de los actos festivos junto a nosotros. Este año ha sido la primera vez que he acudido al encuentro como alcalde y solo puedo añadir que es una gozada poder vivir este histórico acto en primera persona», expresaba agradecido Añibarro.

En esta ocasión, los primeros en arribar al punto de encuentro fueron los representantes municipales de Arrankudiaga. El tronar de los cohetes anunció su llegada y, escasos minutos después, se dejó entrever la comitiva laudioarra por la ladera del frontón hacia el terreno que antaño fue motivo de duras confrontaciones. Ubicados uno frente al otro, las muestras de humor entre ambos mandatarios dejaron patente la buena relación que desde hace años existe entre ambas instituciones. «Yo creo que este año habéis movido el mojón y traspasado un poco la frontera», decía entre risas Ariznabarreta.

Como marca la tradición, cada uno de ellos depositó su makila encima de la piedra y clavaron en la tierra sus chuzos de plata. «Cada lanza representa a su pueblo. El de Llodio está grabado con esmaltes de lobo y el de Arrankudiaga con un lujoso estandarte rojo bordado de leones y escudos», explicaba el regidor alavés. El acto se cerró con un fuerte apretón de manos entre ambos representantes.

Una vez terminado el acto institucional, los ciudadanos y ambas corporaciones se dirigieron al restaurante El Túnel, en Areta, a celebrar el clásico hamaiketako, que este año le correspondía pagar al Consistorio de Llodio.