Alertan del peligro que supone para los vecinos el mal estado de una zona industrial de Galdakao

Las antiguas naves industriales de Maderas Basañez presentan un estado ruinoso. / A. ANDUEZA
Las antiguas naves industriales de Maderas Basañez presentan un estado ruinoso. / A. ANDUEZA

Los habitantes del barrio de Gorosibai exigen al Ayuntamiento que apuntale las naves que antaño pertenecieron a Maderas Basañez

ASIER ANDUEZA GALDAKAO.

Las ruinas industriales causan numerosos problemas ambientales, estéticos por la imagen de degradación que transmiten y también de seguridad. Lo saben bien los vecinos del barrio Galdakaotarra de Gorosibai, cuyos vecinos conviven con los restos de la empresa Maderas Basañez, cerrada desde hace una década. Las naves de la firma, que llegó a ocupar 10.000 metros cuadrados, jalonan la carretera de acceso a los caseríos que conforman el enclave y su mal estado amenaza a quienes lo usan. Además, el vial es zona de paseo para muchos. Sin embrago, como reconoce Geli Barañano, presidenta de la asociación de vecinos cada vez son más lo que lo evitan. «Sobretodo por la noche, la gente no se atreve a ir por la falta se seguridad. Hemos planteado al Ayuntamiento este tema varias veces y nos dicen que está judicializado y que va lento. Les pedimos por lo menos más iluminación y una mayor seguridad», reclama.

Los restos de la firma permanecen en el lugar desde que echara el cierre hace diez años. Ni sus responsables «ni nadie» han limpiado la zona después de cesar la actividad. Sus maltrechas naves conviven con decenas de viviendas, muchas unifamiliares, que se han ido asentado en Gorosibai, un barrio en expansión. Xabier es uno de los habitantes y pasa habitualmente por el solar camino de su casa. «El estado de esta zona abandonada es muy peligroso ya que últimamente han empezado a derrumbarse los edificios en mal estado, con el riesgo para los vecinos que tenemos que pasar por ahí», advierte el hombre.

Los edificios están en tan mal estado que «te puedes levantar un día y que falte uno porque se ha caído durante la noche». El hecho de que el perímetro de la extinguida fábrica no esté marcado, facilita el acceso de cualquiera, incluidos los niños «que entran a jugar y no saben el peligro que corren». «Con el caso del pequeño Julen tan reciente, no paro de pensar en que un día va a haber una desgracia», señala.

Gente merodeando

Desde 2017, el complejo industrial ha sufrido dos incendios «que ha dejado el entorno todavía peor de lo que ya estaba y que nadie sabe si han sido intencionados o no», confirma el vecino. Además, es habitual ver «por ahí merodeando a gente que roba material como trozos de verja o incluso duerme en la zona», denuncia. Así las cosas, su exigencia de mejorar la zona se hace urgente. «Las autoridades tienen que tomar cartas en el asunto y tomar medidas para que llegar a nuestras viviendas no conlleve ningún riesgo», apremian.

Desde el Ayuntamiento dicen que la empresa está en estos momentos en concurso de acreedores y que el administrador está obligado a subastar el terreno. El Consistorio ha exigido adecentar los terrenos, «pero no tienen dinero por eso los deben subastar». «Cuando lo compre alguien limpiaremos. La inversión se acerca al millón de euros, por eso, no podemos adelantar el dinero porque es posible que no lo recuperemos. Solemos cerrar y vallar, pero los chavales acceden igual. Hemos dado instrucciones a la Policía municipal para que vigile la zona», detallan fuentes municipales.