Bildu decide mantener las sillas franquistas de Orduña por ser "patrimonio histórico"

El Ayuntamiento considera que, salvo por el escudo, las sillas son "una obra de artesanía"./
El Ayuntamiento considera que, salvo por el escudo, las sillas son "una obra de artesanía".

El equipo de gobierno, no obstante, cubre con un tapiz el águila imperial de seis asientos

ALBA CÁRCAMO

La recuperación de la memoria histórica y la tradición no están reñidas en Orduña, donde el equipo de gobierno (Bildu) ha decidido mantener un juego de seis sillas artesanas adornadas con el águila imperial del escudo franquista. Pese a que la coalición soberanista ha rechazado siempre todo lo relacionado con la época más negra de España en el siglo XX -incluso el alcalde viajó el pasado año a Buenos Aires con la delegación vasca que acudió en apoyo a la querella contra los crímenes de la dictadura-, en esta ocasión el valor patrimonial e histórico de este conjunto de asientos ha pesado más que otras convicciones.

Así, han apostado por "no esconder el pasado", si bien para cumplir con la ley que exige la eliminación de ese tipo de simbología han tapizado el cuero que todavía alberga bajo la tela las señas de identidad de ese período. En esta línea, el alcalde, Carlos Arranz, incide en que "se ha llevado a cabo un registro documental y gráfico de las sillas y se puede recuperar su estado original si se quiere", dado que no se ha dañado el cuero original.

En un pueblo marcado por la Guerra Civil y que ha dado grandes pasos para reconocer a las víctimas, el debate en torno a este patrimonio del municipio ha sido, sin embargo, intenso. Hasta ahora, ha habido facilidades a la hora de realizar un homenaje a las más de 50.000 personas que pasaron por el campo de concentración y la cárcel, a que se exhumen este verano las fosas comunes del cementerio y a retirar de los portales las placas del Instituto Nacional de Vivienda. Pero el caso de las sillas ha tocado la fibra sensible orduñesa.

Según explica el mandatario local, "ya desde un principio entendíamos que no se debía tapar la historia". Si bien al mismo tiempo el Gobierno municipal consideraba que, dado el propio carácter de los adornos, "el Ayuntamiento no era el ámbito en el que tenían que estar". Por ello, trataron de buscar una solución y se plantearon "diferentes posibilidades" en torno al futuro de las piezas. Contemplaron incluso llevarlas a algún museo por "su valor patrimonial", o directamente "tapar la simbología". El regidor precisa que la primera de las opciones fue rápidamente rechazada, ya que generó cierto "malestar" entre algunos vecinos "sensibilizados con la Historia, los oficios y el patrimonio cultural". De hecho, esas personas trasladaron al Consistorio una visión poco optimista sobre los objetos de valor de la localidad. "En las últimas décadas se está exportando el patrimonio de Orduña", censuraron.

La razón de perder poco a poco sus pequeños tesoros radica en que no existe un lugar en el municipio que sirva como "depósito adecuado". Desde esta perspectiva, señalaron que "no sirve un trastero cualquiera, debe ser una sala acondicionada en la que se registre todo lo que entra y de cuándo es".

"Acabado de calidad"

Ya que de momento la Administración local no dispone de ese sitio ideal, han optado por tapizar la parte conflictiva. "Tampoco queríamos esconderlas, así que tapando el respaldo se le puede dar un uso", señala Arranz, antes de aclarar que se han ubicado en la zona de espera del Juzgado de Paz.

De este modo, seguirán formando parte de un pasado que poco a poco ha desaparecido en pro de la modernidad. "Había muchos profesionales silleros en la ciudad y es un oficio que se ha perdido", rememora el alcalde, quien recuerda que el conjunto de asientos fue alumbrado por Muebles Viguri, que dejó una "importante impronta" con creaciones como estas sillas, con "acabado en madera y un tallado en cuero de calidad". En conclusión, "es una obra de artesanía realizada en Orduña" que no merece que la época de la que proviene la condene al olvido.