Fallece el periodista bilbaíno Javier Reino
Presentador durante décadas del programa 'El reino popular' en Radio Popular ha muerto este sábado a los 95 años
No era raro verlo bailar en pijama, a veces bajaba así al River para tomar unos potes, pero poco antes había sufrido un ictus y ... la imagen impactaba. Hablamos de un payaso metido en frasco de hombre. Cuando las agujas apenas habían dejado las 12 y arrancaba este sábado, fallecía un maestro de la radio, la publicidad, el espectáculo y, sobre todo, de la vida. Javier Reino Vidaurreta. Nos deja a los 95 años. No esperen un obituario al uso. Jamás lo habría permitido. Siendo coqueto, preferiría llamarlo artículo a mayor gloria del artista. Porque eso era. A quienes tuvieron la suerte de conocerlo poco podemos decirles. Pero el resto debe saber que hablamos de alguien irrepetible. De esa gente hecha a sí misma, capaz de presentarse voluntario para un trabajo, sin saber de qué se trata. Todo empezó cuando dio su primera bocanada en el barrio de La Cruz, en 1929. Como él decía, eligió nacer en esa atalaya para contemplar Bilbao sin él.
Allí residió hasta que se casó. Inven logró que el bilbainito trasladara su buzón a Erandio, donde seguro hoy les ha dolido la noticia. Y en Indautxu, territorio al que regresó para formar su gran familia. Javier, Mirenlur, Estibalitz, Imanol, Gorka y Asier dan fe de ello. No solo han sido sus hijos. También y sobre todo compañeros de aventuras radiofónicas y teatrales. Como los días de fiesta en que aita les llevaba primero a la emisora y luego a jugar entre bambalinas para estar con el artista de turno, que lo mismo era Concha Velasco que Montxo Borrajo. Su universo se expandió tanto que todas las estrellas del momento pasaron por él. Era tan polifacético como profesional veterano curtido en mil batallas.
Con 12 años recién cumplidos entró como botones en la Cadena Trueba. Llegó a ser jefe de prensa, relaciones públicas, mano derecha del jefe y coordinar más de medio centenar de cines y salas. Llegaba el artista, lo recibía en Sondika a pie de avión, lo pasaba por los micrófonos de sus programas en Radio Popular y acababan en el Aranzazu, sala de la que era relaciones públicas. El paquete completo. Pero lo que más le gustaba era ser payaso. Con diecisiete años, tras participar en un concurso de artistas noveles de Radio Bilbao, forma pareja con Manolo Umaran para convertirse en los «Hermanos Manrey». Inolvidables tardes de gloria con el Circo Amateur del Club Deportivo. Arturo Castilla, poderoso empresario, quiso llevárselo como gerente del Monumental de Madrid y después al Parque de Atracciones de Benidorm. Pero Javier quería mucho al Botxo y se quedó.
Javier Reino nos deja.
— Juan Mari Aburto (@juanmariaburto) November 15, 2025
Un buen Hombre, con dos grandes pasiones: la radio y Bilbao.
“Bilbao es como nuestra segunda madre. Y le debemos cariño, educación, respeto, prudencia y cuidados”.
Desde hoy, y para siempre en el “Reino de Javier”…
Goian bego. pic.twitter.com/yVFyWOmnRt
Hubo otras ofertas y obtuvieron la misma respuesta. Gracias a ello disfrutamos de sus programas. Como «Cine, humor y melodía» o «Pase Usted sin llamar». No contento con hablarle al micrófono, producía y vendía sus propios espacios. Y, sobre todo, dominaba la publicidad. Aquí y fuera. Como demostró con su programa para la emisora cubana «Radio Rebelde», que se emitía desde Bilbao. No nos podemos olvidar de «El Reino de Javier». Programa mítico y tan personal que solo él podía hacerlo. Amén de los aperitivos teatrales de Aste Nagusia o el famoso «Trofeo a la Raza» otorgado al jugador del Athletic que más garra demostrara. Tanta actividad obligaba a hacer malabares con el tiempo. Como el día en que nació Gorka y llegó a verlo con el Trío Calavera, a los que en ese momento estaba acompañando. O cuando llegó Julio Iglesias y el cantante dio la rueda de prensa con Imanol en sus rodillas. Lo que nunca perdonaba era la cita semanal con «La cuadrilla de los Jueves».
Su hermano José Mari, los Bacigalupe, Fidel Uniarte, Jon Ortuzar, Cayó, Zarrabeitia, Quintana, Bustamante y compañía conformaban una tertulia épica en el restaurante de La Coral. Allí se hablaba de todo y de nada. Ya les decimos que era un equilibrista del reloj. Lo que nos lleva a otro equilibrio. Cuando estrenaron una balsa en Plentzia y al llegar la primera ola toda la familia cayó al agua. Menos él. Todavía recuerdan en casa, y entre risas, cómo gritaba-¡Mis hijos, mis hijos!»-pero no se soltaba de la embarcación. Vayan a través de estas líneas el pésame a los suyos, tanto de sangre como a quienes formaron parte de su camino vital. Pero sobre todo que sea el primero de los muchos homenajes al niño que quiso ser payaso y jamás se quitó su nariz roja. Solo él podía ir a Nueva York a comprar películas sin tener ni idea del idioma y usar una frase inventada para comunicarse.-Wisky Key-. Decía que era inglés. En el vídeo donde baila en pijama la repite una y otra vez. Seguro que los días en que la fuerza del cuerpo se apagaba la repetía en su fuero interno. Al fin y al cabo hablamos de un ser mágico. Por eso, en su recuerdo, no lloren a Javier Reino. Salgan a la calle y sonrían a la vida. Es lo que habría hecho él.
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