El 'misterio' del pitido de 15 horas que tuvo en vilo a Iturribide

El ruido era más perceptible en los locales a pie de calle de la zona/Jordi Alemany
El ruido era más perceptible en los locales a pie de calle de la zona / Jordi Alemany

El lunes por la noche se inició un «molesto» ruido, al parecer procedente de un portero automático, que no cesó hasta primera hora de la tarde del martes

Solange Vázquez
SOLANGE VÁZQUEZ

El lunes por la noche, los vecinos de la parte baja de Iturribide que llegaban a sus casas oyeron un «molesto» pitido que parecía proceder del portal número 28, junto a la fuente de tres caños. Ya en sus casas, cerraron las ventanas y no supieron más de ese insidioso ruido. Pero, a la mañana siguiente, al salir a la calle, se percataron de que el desesperante soniquete seguía allí, dándoles los buenos días de un modo insultante. ¿Había estado toda la noche sonando? Al parecer, sí. Vecinos de las plantas inferiores, noctámbulos de la zona e insomnes aseguran que el piiii piiii piiii no paró en ningún momento.

De hecho, los responsables de los negocios más cercanos al 28 -que pertenece a un enorme bloque de varios portales, el único moderno de ese tramo de casas antiguas- levantaron la persiana el martes por la mañana acompañados del pitido. ¿Sería una alarma antirrobo? ¿De dónde venía? Y, sobre todo, ¿por qué diablos no se paraba? Pasaba la mañana, hora tras hora, y el enigmático ruido continuaba. «Era muy molesto. Para trabajar, horrible -indican en la farmacia del número 26-. Menos mal que estamos mucho rato metidos en el laboratorio, donde se oye menos». Según explican, se tomaron el asunto con estoicismo -«no es la primera vez que pasa algo así en la zona»- y se armaron de paciencia. El dueño de un bar cercano que se pasó por el local un momento, también fue testigo del ruido. «No me afectó mucho porque sólo fui a recoger unas cosas y salí rapido. Y, además, estoy acostumbrado a oír y ver de todo aquí», indica.

En Txarloska, la pastelería vegana que está al lado del portal que parece ser el epicentro de la molestia, casi se vuelven locos con el insistente ruido. Al abrir por la mañana, Ivona, la dueña, ya se percató del asunto. Confiada en que sería pasajero, se puso manos a la obra, a rellenar su expositor con sus increíbles tartas de zanahoria, de coco, de banana con cacahuete... Pero en ese paraíso de los golosos no se podía ni trabajar. «Era insoportable, muy difícil de aguantar. Intenté poner música alta para oírlo menos, pero nada. Y también me metí todo lo que pude en el obrador, que está en la parte trasera de la tienda, para refugiarme», relata. Ya no sabía qué hacer. «Habría cerrado la puerta, pero somos un negocio, hay que tenerla abierta para darle la bienvenida a los clientes...», indica Ivona, quien afirma que llamó a la Policía y le dijeron que «intentarían mandar una patrulla...».

La principal hipótesis es que hubo un fallo en el portero automático.
La principal hipótesis es que hubo un fallo en el portero automático. / Jordi Alemany

Esta misma mañana, un técnico de Medio Ambiente se ha acercado por la tienda interesándose por el caso, pero ya hacía muchas horas que el piii piii piiii había desaparecido... ¿como por arte de magia? Según fuentes cercanas al caso, el enigmático y desquiciante sonido cesó a primera hora de la tarde cuando se solventó un problema en el portero automático del 28. Unos habituales de la zona sostienen que el ruido fue ocasionado «porque un residente del bloque se había dejado descolgado el telefonillo»; otros, que «el portero automático tendría una avería». Y, los más afortunados -o residentes en pisos altos o con mejores ventanas- ni siquiera se han dado cuenta. «Yo sólo cuando bajé al portal, que pensé que era mi móvil sonando -dice divertida María Pilar, residente en el 28-. En casa no se oía porque me da para atrás y es un segundo que hace como un tercero. Pero en la calle, pues sí. Lo bueno de esto es que así durante unas horas no se nos han sentado personas en la fuente, que se quedan ahí...».

Por su parte, desde el Ayuntamiento, no quieren entrar en hipótesis de barrio. «Nosotros recibimos un aviso ayer, después del mediodía, y miramos si la alarma de algún colegio o local municipal de la zona había saltado. Y nada. Para cuando llegó el técnico municipal al lugar, ya había parado el ruido. Así que nunca sabremos de dónde provenía. Si nos hubiesen avisado antes, habríamos podido actuar al momento», explican fuentes municipales sobre este «misterio» de 15 horas que ha alterado el sueño de una noche de verano... y también la mañana siguiente en este rinconcito de Bilbao.

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