Miles de personas arropan en Bilbao a la víctima al grito de «¡No estás sola!»

Concentración ayer en Bilbao/FERNANDO GÓMEZ
Concentración ayer en Bilbao / FERNANDO GÓMEZ

Mostraron su «indignación» y «rabia», pero sobre todo derrocharon solidaridad con la joven «y todas las mujeres, que clamamos libertad en las calles»

JOSÉ DOMÍNGUEZ

«¡No estás sola, aquí estamos todas!». Por encima de la «rabia», la «indignación» y la «impotencia» que confesaban sentir la mayoría de las más de 2.000 personas que ayer abarrotaron la plaza del Arriaga para denunciar la salvaje violación múltiple en el parque Etxebarria, se imponía la solidaridad. Dieron rienda suelta a unos sentimientos a flor de piel, «también de vergüenza porque haya gente capaz de hacer cosas como ésta», pero ante todo la masiva concentración se volcó en mostrar su apoyo «incondicional» a la joven víctima. Todas y todos, porque también hubo muchos hombres, quisieron arroparla en estos momentos tan duros y animarla a ser fuerte para intentar que, «caiga todo el peso de la ley» sobre sus agresores. Sin fisuras como, a juicio de muchas, ha mostrado hasta ahora la Justicia con sentencias contradictorias como las de 'La manada' los 'sanfermines' de Pamplona de 2016.

«Ha sido muy valiente en denunciar y siempre nos va a tener a su lado», clamaba Laura Cuevas, una joven de 21 años procedente de Trapagaran que exigía a los gobernantes, «políticas que realmente protejan a la mujer, porque las que han hecho hasta ahora se ve claro que no sirven». Su amiga Iara Campos, de 22, apostillaba: «Educación, educación y más educación».

«Estoy de muy mala leche porque esta gentuza no quiere concienciarse, parece que le de igual todo lo que se haga», protestaba el bilbaíno Ander. A sus 18 años, coincidía con su compañera Zaira, de 19, en que, «aunque muchos piensen que no, se ha avanzado mucho a la hora de sensibilizar a la población, en visibilizar esta problemática». «La ola feminista lo ha conseguido, pero hasta que estos engendros, por pocos que sean, no cambien su forma de pensar, las agresiones seguirán produciéndose», lamentaba ella.

Oiane Menika, portavoz de la organización convocante, la federación de colectivos feministas de Bilbao, confirmaba que el acto de ayer se erigió en «un grito a la intolerancia, porque no vamos a permitir estos comportamientos». «Estamos hartas de tener miedo al salir de casa y exigimos libertad para andar por las calles, que también son nuestras».

«¡Sola, borracha, quiero llegar a casa!», se desgañitaba sobre el coro general María Luisa Venancio. Y no es que a sus 61 años esta basauritarra piense mucho en soltarse el pelo por las noches, «pero doy la cara por la juventud, y por todas las mujeres, que tenemos nuestros derechos y clamamos mayor protección, policial o como sea, en las calles». Porque, si el parque Etxebarria es un punto negro de Bilbao, ella tiene bien localizados otros dos: «La estación de tren de Indautxu, son para mí los más preocupantes del centro».

«¿Dejamos de ir al parque?»

Oihure, Marta y Lur, confesaban sentir, «además de la rabia e indignación general, miedo, mucho miedo». Porque son vecinas de Uribarri y Begoña y pasean siempre con los perros por donde se ha producido la violación. «¿Qué tenemos que hacer ahora?, ¿dejar de pasar por el parque?», se lamentaban.

Para ellas, la solución más efectiva para frenar estas agresiones pasa por «medidas ejemplarizantes». «Guillotina general a estos salvajes, quita, quita eso, que qué dirán algunos si me oyen», susurraba una de ellas, aunque a renglón seguido insistía y metía el dedo en la llaga: «Dicen que gran parte del problema es que ahora la juventud ve mucho porno, que hay algunos que no tienen cabeza».

José, que estaba junto a ellas, espetaba otra reflexión. «A mí lo que no me entra realmente en la cabeza es que entre seis no haya ni uno solo que haya hecho algo por parar esta salvajada, de decir, 'pero qué estamos haciendo', es descorazonador».

«Y que todavía haya alguien que plantee alguna duda al cuestionar qué hacía una chica a esas horas en la calle, hace falta valor». A sus 67 años, Emilio Vicente levantaba ayer los brazos contra la violencia machista y se preguntaba «dónde está la Justicia y la seguridad» ante casos como éste. Julieta Panojo, boliviana de 47 años, también lo hacía. Ella, que pensaba haber dejado al otro lado del charco las violencias, «entre otras muchas la machista», clamaba por una libertad femenina, «que nunca había pensado que sería una carencia tan acusada aquí, en el primer mundo». Y, junto a ella, la joven Janira Terraza reivindicaba su derecho a «andar tranquila y segura, sin miedo». En un segundo plano, la concentración contó con la presencia de la consejera de Empleo y Políticas Sociales del Gobierno vasco, Beatriz Artolazabal, y del alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto.

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