El crimen sádico de la niña Henar Escudero

La Policía detuvo en 1993 a un primo de la cría acusado de estrangularla. Fue condenado a 30 años por asesinato, abusos sexuales y por profanar su cadáver

Momento del levantamiento del cadáver de Henar./Luis Calabor
Momento del levantamiento del cadáver de Henar. / Luis Calabor
Ainhoa De las Heras
AINHOA DE LAS HERAS
Portada del 25 de mayo de 1993

El 24 de mayo de 1993, unos montañeros encontraron en las faldas del monte Pagasarri el cuerpo sin vida de una niña de 12 años que llevaba días desaparecida. Se llamaba Henar Escudero. Cuando su madre llegó a casa, en el barrio de La Peña, la niña ya no estaba, lo que le hizo presagiar lo peor. En la imagen de Luis Calabor, forenses, policías y el resto de la comitiva judicial proceden al levantamiento del cadáver. Según los primeros indicios, que luego fueron confirmados por la autopsia, Henar murió estrangulada. Pocos días después, la Policía Nacional, cuerpo encargado de la investigación, detuvo a un primo de la niña como presunto autor de su muerte. Había huido a un pueblo de Toledo al saberse sospechoso. Los investigadores creían que había abusado sexualmente de ella antes y después de matarla en el coche en un punto aislado del Pagasarri.

Una tía del arrestado, Ángel López, se había encontrado con él a la una de la madrugada del mismo día que desapareció Henar en las inmediaciones de su domicilio, en Amorebieta. «¿Qué haces, Angelito?», le preguntó la mujer. «Nada, vengo de dar una vuelta», contestó él sin confesar lo que realmente había estado haciendo. El caso conmocionó a la opinión pública y llenó páginas de periódicos.

El juicio se celebró dos años después en la Audiencia vizcaína. El acusado reconoció el crimen, pero no que la violara. Según declaró a un psiquiatra, había actuado así después de escuchar «rock satánico». En mayo de 1995, Ángel López fue condenado a 30 años por el asesinato de su prima, los abusos sexuales sobre ella y por haber profanado su cadáver. No se le aplicó ningún tipo de eximente por alteración mental. El tribunal que dictó la sentencia calificó los hechos de «total barbarie, sin nada que lo justifique».

«Enseguida nos enteramos de que estaban buscando al primo»
Luis Calabor

Luis Calabor trabaja como reportero gráfico para EL CORREO desde 1981. En estos 37 intensos años ha «perseguido a los manguis y a la Policía» para ofrecer a los lectores la mejor información de sucesos de la prensa vasca.

Calabor fotografió al asesino, una vez detenido, cuando fue conducido al Pagasarri para realizar la reconstrucción del crimen. «Enseguida supimos que estaban buscando al primo», recuerda. También inmortalizó el levantamiento del cadáver, como se aprecia en la imagen que acompaña al artículo, «en una zona boscosa». En la instantánea aparecen, además de los policías de la Brigada de Investigación Criminal y de inspecciones oculares de la Policía Nacional -entonces la Ertzaintza aún no se había desplegado-, forenses y el juez de guardia. «Entonces, los jueces tenían chófer, no como ahora que tienen que ir en taxi y todos, incluidos los policías, eran hombres».

 

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