Cien puntos y siete costillas rotas al caer por las escaleras mecánicas del metro

Mari Carmen muestra los numeroros cortes y moratones que Simón, su marido, sufrió en la espalda. /Fernando Gómez
Mari Carmen muestra los numeroros cortes y moratones que Simón, su marido, sufrió en la espalda. / Fernando Gómez

Las víctimas aseguran que padecieron un «verdadero horror» hasta que un usuario detuvo la marcha de las instalaciones mecánicas

Luis Gómez
LUIS GÓMEZ

Simón Aguirre y Mari Carmen Fernández, un matrimonio sexagenario de Bilbao, sufrieron el pasado domingo importantes heridas al caer ambos en la escaleras mecánicas de la estación del metro de San Inazio, situada a escasos metros de su domicilio. El hombre, de 63 años, que trató de auxiliar a su esposa al dar un traspié, se llevó la peor parte, con la rotura de siete costillas, la espalda y piernas «machacadas» y más de cien puntos por todo el cuerpo. «Estoy destrozado por todos los sitios», aseguró ayer a este periódico, varias horas después de recibir el alta en el hospital de Basurto. Mari Carmen, de 67 años, presenta también bastantes golpes y visibles «moratones» en la cara, frente, brazos, y orejas, especialmente. «Estoy dolorida y el susto no se me va», lamentó.

Aún consternadas por el accidente, las víctimas aseguran que padecieron un «verdadero horror» durante el «casi minuto y medio» que permanecieron atrapados en las instalaciones. La «angustia» se prolongó hasta que un usuario del suburbano detuvo la marcha de las escaleras mecánicas. Puso fin a la «pesadilla» del matrimonio tras activar la palanca de urgencia. «Nosotros intentábamos levantarnos, pero nos era imposible. Menos mal que apareció esta persona, porque llegamos a pensar que no salíamos vivos. Fue horroroso, porque es que, además, no había casi nadie a esas horas. A las cuatro de la tarde, con un día de sol, todo el mundo estaba en la playa menos nosotros, que andábamos dando botes. Aquello era como una máquina de picar», confesó ayer la mujer.

Responsables del Metro, por su parte, aseguraron que los afectados fueron atendidos de «forma inmediata» por el supervisor de la estación y los dos vigilantes de seguridad. «Se siguió el procedimiento habitual y se avisó rápidamente a SOS Deiak», detalló un portavoz de la compañía de transporte, que hizo hincapié en el «perfecto funcionamiento» de las escaleras. «Las instalaciones nunca han dado problemas», detallaron las mismas fuentes, que no precisaron, sin embargo, las razones del percance. «Desconocemos el origen de cómo llegó a producirse», expresaron.

«Quizá pisé mal»

En realidad, ni Mari Carmen ni Simón se explican tampoco las causas del siniestro, ocurrido a las 16.38 horas del pasado día 29. La pareja, que lleva casada 35 años, regresaba de Etxebarri, donde había pasado toda la mañana junto a un grupo de amigos y se disponía a tomar las escaleras de salida, que dan a la calle Lekeitio. «No me di cuenta. Fue cuestión de segundos. Entre peldaño y peldaño, quizá pisé mal. Solo sé que de repente me vi en el suelo. Simón dice que di un traspié para atrás. Me quiso sujetar, nos caímos los dos y empezó el 'baile'. Querías subir, pero parecía que bajabas. Para arriba, para abajo... Íbamos hechos un ovillo. Todavía ayer había sangre en las escaleras», relató Mari Carmen, que agradeció la intervención de otra pasajera que avisó del percance a los trabajadores del metro.

«Extraña que con tantos monitores nadie nos viera»

Mari Carmen, que ha recibido 20 puntos de sutura, y Simón Aguirre cuentan que no se habían visto «en otra» como la sufrida el pasado domingo y aseguran que tienen intención de poner el asunto en manos de «algún abogado» para solicitar indemnización. «Seguimos sin entender cómo habiendo tantos monitores en el metro nadie se percatara de lo que pasaba en el exterior», señaló Mari Carmen, a la que siempre acompaña el buen humor. «Cuando me atendió el ertzaina le dije a ver si pensaba hacerme el test de alcoholemia».

«De no ser por ella, tampoco la hubiéramos contado. El minuto y medio que estuvimos atrapados se hizo eterno. No venía nadie a ayudarnos y nos daba la sensación de que las escaleras iban a 100 por hora. Era una angustia brutal, con golpes tremendos. Parecían hojas que cortaban», recordó Mari Carmen, que permaneció ingresada «menos de 24 horas» en el Hospital de Cruces. «Lo mío fue poco». Más que por ella, lamenta los daños de su marido. «Todas mis heridas son como arañazos, son más superficiales que las del pobre Simón. Las suyas son puro tajo. No me extraña que gritara como lo hacía, porque se iba rompiendo las costillas».

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