Las mascotas de Nagore Gore: «Los gatos nos han cambiado la vida»

Nagore Gore y Haru en la sala de su casa, en Deusto. Melo está en el dormitorio, escondido bajo la cama./borja agudo
Nagore Gore y Haru en la sala de su casa, en Deusto. Melo está en el dormitorio, escondido bajo la cama. / borja agudo

En su infancia, Óscar Delgado -esa es su identidad 'civil'- tuvo un perro, Jordan. «El nombre estaba inspirado en la serie 'Hombre rico, hombre pobre'. Lo tuvimos algo más de diez años. Era callejero: de cachorrito pensábamos que era un pointer, hasta que dejó de crecer».

CARLOS BENITO

En casa de Nagore Gore viven dos gatos: el negro y el invisible. En realidad, ese segundo animal es corpóreo y bien bonito, con una mancha dorada en la cabeza que parece un flequillo yeyé, pero la llegada de las visitas lo espanta y ya no sale de debajo de la cama. De vez en cuando, un mínimo ruido delata su presencia y alienta la esperanza de que acabe haciendo una aparición triunfal de estrella remolona, pero ni por esas. Tampoco es que su compañero se arroje en brazos de los extraños: es receloso y precavido y, para retratarlo junto a Nagore, hay que organizar un safari fotográfico con cebos apetitosos.

El negro, Haru ('primavera' en japonés), fue el primero en llegar a la casa, cuando era un cachorrillo de tres meses. «Se le había muerto la madre, que era de una colonia que había en el campo de golf de Getxo, y lo encontraron en un garaje. El nombre se le ocurrió a Miguel, mi marido, porque le gusta mucho la cultura japonesa y para reflejar la idea de renacimiento», detalla Nagore/Óscar, mientras dispone suculentos pedacitos de comida para tentar al gato. «Melo tiene la misma edad, pero lo adoptamos ya adulto. Fuimos a SOS Bilbao buscando a una gatita que habíamos visto en su página y resultó que ya se la habían llevado. Este se acercó a nosotros y, con lo tímido que es, empezó a hacernos la croqueta y dejarse acariciar la panza: dicen que los gatos te eligen y, desde luego, este nos eligió. Venía del caserío de un señor mayor que tenía muchos gatos, pero sin capacidad para cuidarlos. Íbamos a llamarlo Carmelo, como el pueblo de mi marido en Uruguay, y se quedó en Melo. Es muy meloso, así que le pega».

El inicio de la convivencia no resultó sencillo, porque a Haru no le hizo mucha gracia la llegada del nuevo, ese guapito del flequillo. «Empezó a bufar, a maullar superfuerte y a lanzarle zarpazos por la puerta del transportín. Haru es una pantera, un gato monstruo, y da respeto cuando bufa. Pero pronto se volvieron inseparables. Se complementan y juegan mogollón: Haru no había tenido hermanitos y Melo había estado rodeado de gatos que lo machacaban mucho, así que han ido aprendiendo el uno del otro».

Patoso y tocanarices

Sus personalidades se parecen tan poco como sus pelajes, hasta el punto de que parecen haberlos diseñado adrede como un juego de opuestos. «Haru es más gato, independiente pero con cositas muy tiernas. Yo no lo puedo coger en brazos, porque la última vez me marcó, pero viene a la cama y te pasa el morro por la cara. Es territorial, elegante, muy cazador, siempre al acecho. Melo, en cambio, es patoso y rompe cosas. Es más gatito-perro, muy gracioso y muy tocanarices: te empieza a maullar a las 6 de la mañana porque quiere jugar. Y es muy 'hablador', mantiene largas conversaciones con Miguel».

De pronto, Haru se lanza a por la comida y se pone a tiro de la cámara. ¡Pillado! Aparece en las fotos, eso sí, con gesto de fiera sorprendida en algún claro de la jungla. «Yo siempre había sido más de perros -admite Nagore-, pero los gatos tienen comportamientos que jamás pude imaginar: piensas que no van a salir a recibirte, pero sí lo hacen. No como si les fuese la vida en ello, al estilo perro, sino de manera más sutil. A nosotros, los gatos nos han cambiado la vida: es como ampliar la familia, estar pendiente de dos seres vivos, sentir que tú los cuidas y ellos te cuidan a ti. Ha sido un cambio radical, ahora somos más felices».

Haru y Melo

Raza:
gatos comunes europeos.
Edad:
los dos tienen 2 años.
Peso:
Haru (el negro) pesa 6 kilos. Melo, en torno a 5.
Carácter:
Haru es independiente, territorial y poco maullador. Melo es tímido, juguetón y un poquito torpe.

 

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