La Virgen de la Guía se da un baño de masas en Portugalete

La Virgen de la Guía se da un baño de masas en Portugalete

La celebración de la Virgen de la Guía vuelve a congregar a decenas de miles de personas en el casco viejo de Portugalete

HELENA RODRÍGUEZ

Que la fiesta de la Virgen de la Guía es la más querida por los portugalujos, no es noticia. Tampoco lo es que ayer congregase a decenas de miles de personas. Nadie sabe explicar muy bien por qué, pero cada año bate récord de asistencia y no hay vecino que no asegure que «esta es la mejor fiesta del mundo», tal y como proclama el alcalde, Mikel Torres. Ni siquiera aquellos que se describen como «poco creyentes» escapan al encanto de la pequeña talla, de poco más de 40 centímetros de altura. Es la dueña y señora del corazón de los jarrilleros.

La celebración de ayer no se salió del guión. Procesión, misa, cohetes, folclore, paseo por la ría del Nervión y hasta lluvia que «no puede faltar a su cita anual», comenta Rosa Peláez, llegada en el transbordador del Puente Colgante desde Las Arenas. «Tengo 46 años y vengo desde los 13», explica mientras sus amigas huyen de las preguntas. «Son muy vergonzosas... oye, te dejo que va a empezar la bajada y hay que estar ahí», describe antes de unirse a ellas y perderse entre el gentío.

Son las 14.50 horas y, efectivamente, no queda nada para que empiece uno de los actos más multitudinarios de La Guía. Los locales Manuel Las Heras y Yolanda Espantoso se hacen un selfie rápido con la abarrotada calle Coscojales de fondo. La imagen impresiona. No cabe un alma, ni en esa travesía, ni en la plazoleta que se abre en la esquina del mercado de abastos. La concentración llega hasta el punto de que la bajada, como tal, no se produce. Se trata más bien de una macro reunión de cuadrillas, que llega hasta donde alcanza la vista. Saltan, celebran y cantan a la Virgen. Ella preside la escena desde su hornacina, donde descansa tras toda una mañana sin parar.

A las 10.30 horas, José Ignacio Sáinz, Luis Pérez, Aitor Monasterio y Luis Bastida, la sacaban a hombros del convento de las Siervas de María y la bajaban en andas hasta la basílica de Santa María. El honor ha recaído en ellos por su especial implicación en el Berriztasuna Dantza Taldea, organizadores de la fiesta. Los dos primeros son los artífices del artilugio de madera en el que se porta a la patrona. «La hicieron hace tres años y la verdad es que es un trabajo muy fino y bonito», cuenta admirado Aitor. Es el más joven del cuarteto y no es de Portugalete, «aunque me siento de aquí totalmente. Me casé con una portugaluja, llevo 20 años en la villa y siempre ayudo en todo lo que puedo al grupo, en el que, además, baila mi hijo», explica.

«No imaginaba algo así»

Recuerda cómo fue la primera vez que se implicó en el festejo: «Hace 12 años hice un turno en la txosna del grupo. Al salir, miré a la derecha y solo veía gente, miré a la izquierda, y más gente. Flipé muchísimo, porque no me imaginaba algo tan exagerado». El hechizo de aquella noche sigue vigente en él y por eso «es un orgullo enorme y un honor que me hayan pedido que la lleve a hombros».

Tras la misa, les toca sacar a la Virgen del templo, a cuyas puertas les esperan Inma Sáez, Isabel Navarro, Nieves Carro y Nekane Ortiz. Hasta el año pasado solo los hombres transportaban a la santa, pero entonces las cosas evolucionaron. Desde 2017 ambos sexos se reparten el recorrido. Como en el caso de los varones, el cuarteto femenino se ha elegido por tener una estrecha vinculación con la asociación organizadora. 'Ima', como la conoce todo el mundo, también es jarrillera por matrimonio. «Soy de Kabiezes y en mi familia siempre han estado ligados al mundo del folclore, que es la parte que más me llama la atención de esta fiesta», apunta. Como todos, es muy fiel a la cita en honor a la patrona. «Yo la he vivido siempre, pero nunca en el lado más solemne. La fiesta sí, claro, de toda la vida», confiesa.

Tras navegar por la ría en la 'jarrillera, la trainera de la villa, la Virgen de la Guía regresa al mercado de abastos, donde se la honra con un aurresku. De ahí, a su hornacina. Desde allí observó el resto de la jornada. Antes sus ojos, decenas de miles de personas que, a lo largo de todo el día, participaron en los diversos actos programados durante las 28 horas y media que dura la fiesta. Gran parte de ellos, repetirán. Siempre lo hacen.

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