Los vándalos atacan un ascensor urbano de Trapagaran por tercer a vez en un año

Un vecino espera a una de las cabinas. /H. R.
Un vecino espera a una de las cabinas. / H. R.

Los actos incívicos en el elevador de San Gabriel cuestan a las arcas municipales casi 7.000 euros

H. RODRÍGUEZ TRAPAGARAN.

El ascensor urbano de San Gabriel, en Trapagaran, lleva casi dos semanas cojo. Una de sus dos cabinas ha tenido que ser cerrada al público debido a los desperfectos causados por la acción de un vándalo, que rompió el cristal de la puerta a patadas. La incívica actuación costará a las arcas municipales 2.700 euros y más de un mes de espera hasta que se pueda reponer la placa destrozada. Es el tercer ataque que sufre el elevador en el último año, que suma casi 7.000 euros en reparaciones.

El equipamiento fue inaugurado hace 12 años y suma decenas de usuarios a lo largo del día. «Hay que tener en cuenta que ese núcleo concentra a muchos vecinos, ademas de dos centros educativos: el colegio Burdinibarra y el San Gabriel», detalla el edil de Obras del Ayuntamiento, Juanjo Sagredo. Para los usuarios, el hecho de que la segunda cabina siga operativa les salva de subir un buen trecho de escaleras. Sin embargo, no les sirve de consuelo.

«A ver por qué tienen que hacer semejante mamarrachada. Es que acaban con todo, la verdad, no se puede tener nada en condiciones porque la gente es una maleducada», protesta Mari Carmen, una vecina que espera al elevador con su carrito de la compra bien cargado. Los tres ataques sufridos en los últimos doces meses están grabados por las cámaras de seguridad que hay repartidas por la instalación. En total, 17 ojos vigilantes que no han servido de mucho hasta el momento.

Los ataques del último año están grabado por las 17 cámaras de vigilancia que hay

«En dos de los casos no se distingue la cara del atacante porque la lleva tapada con un antifaz o un pasamontañas y, en otra ocasión, porque justo se habida ido la luz y la imagen no es nítida. En la tercera, sí se identificó al causante», confirma el concejal minero. Se trataba de un menor que roció con pintura el interior de uno de los ascensores. «Se le identificó y se apercibió a los padres», resume. Los 900 euros de la trastada los asumió el Consistorio... por esa vez.

De cara a evitar nuevos ataques, los responsables municipales han reforzado la vigilancia policial en la zona, en la que, además, se suelen concentrar los chavales para hacer botellón. Tampoco se desestima la colaboración ciudadana a la hora de alertar de estas conductas o de identificar al posible delincuente.