La última sardinera: «Cuando me jubile, solo quedará el recuerdo»

Isabel Castillo continúa con la tradición del oficio desde un puesto fijo en el puerto de Santurtzi

Isabel Castillo repasa la historia de uno de los oficios más representativos de Santurtzi

SAYURI NISHIME | PABLO DEL CAÑO

Tiene 81 años y ha dedicado la mitad de su vida a uno de los oficios más tradicionales de Santurtzi. Isabel Castillo es la última sardinera del pueblo. Nunca se ha remangado la falda y tampoco ha enseñado la pantorrilla pero sí ha cantado el popular grito de '¡Quién compra! Sardinas frescúe'. Ahora lo hace desde un puesto fijo en el puerto pesquero de la localidad. Se le ve de martes a sábado desde las 8:00 de la mañana hasta las 13:30 h. Para ella, en cuanto se acerca el primer cliente empieza la comedia: «De vez en cuando chillo con aquel, con el otro, algún juramento va y viene...».

El gusto por los oficios de la mar es de familia. Su padre fue marinero, su madre sotera, su abuela sardinera y su tío cantador de la venta. «De vez en cuando canto yo también porque buen humor siempre tengo». No todas las personas que se acercan lo hacen para comprar. Hay quienes pasan para saludar o intercambiar uno que otro chiste con ella. «Me llevo muy bien con todos. Si alguno chilla pues ya sabes dónde le mando. Así que no chilla ninguno, por la cuenta que le tiene».

Y así transcurre su día, atendiendo a los clientes que llegan al puesto. Pero no siempre ha sido así, antes de que se establecieran las pescaderías, eran las sardineras quienes caminaban para ofrecer los productos más frescos. «Cogían los pescados, los lavaban en unos tinacos, le echaban sal a la sardina y luego se marchaban». Los sitios que recorrían no son un secreto, la popular canción lo dice: «Desde Santurce a Bilbao vengo por toda la orilla». Era un recorrido de 17 kilómetros por las márgenes del Nervión. «Ahora yo vengo a mesa puesta», dice Isabel mientras limpia la pesca . «Esta es la dolorosa, se llama así porque si se rompe la tinta, se jodió el titanic» y continúa explicándole el proceso a uno de los vecinos que se ha escapado un momento del trabajo para saludarla.

De lejos aparenta mucha seriedad, pero al acercarse es imposible no reírse desde el minuto uno. «Ya vi que te gusta meterme mano», bromea con el cámara que le acomoda el micrófono. Asegura que la conocen como 'Isa la del puerto'. «Cuando yo me jubile no sé quién se pondrá». Adolfo Onaindia, de la Cofradías Santurzi, considera negativo que una tradición tan característica del pueblo desaparezca. Aún recuerda cuando era pequeño, ver a las mujeres pasar por su casa ofreciendo los productos. En su mente guarda la imagen de la pesca saltando dentro de las cestas. «No había que ir a Mercabilbao, que es la zona de distribución por toda Bizkaia, ellas lo vendían aquí en fresco. Pescado vivo».

Ahora lo que se ve en el puerto son pescaderías y mujeres que han sido sardineras de toda la vida vendiendo en algunos puestos. Pero tan importante ha sido la labor de ellas que el último sábado de septiembre se celebra el 'Sardinera Eguna', un homenaje a quienes desempeñaron este oficio en un contexto considerado «especialmente duro». Las vendedoras ambulantes ya han desaparecido, pero parte de la esencia de ellas aún la conserva Isabel. Con tristeza, Onaindia afirma que «cuando ella se marche del puerto, solo quedará el recuerdo».

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