«Subo y bajo en brazos a mi hijo todos los días porque vivimos en un quinto sin ascensor»

Fernanda, la madre del pequeño, la segunda por la izquierda. / D. M.
Fernanda, la madre del pequeño, la segunda por la izquierda. / D. M.

Una asociación recaudará fondos este fin de semana en Sestao para comprar un bipedestador para Santiago, un niño de 7 años con parálisis cerebral

DIANA MARTÍNEZ SESTAO.

No hay nada que un padre no haría por su hijo. Y Fernanda Fuentes y Robert Montaño lo saben. Esta pareja vive con su hijo Santiago, de 7 años, en Sestao, en un quinto piso sin ascensor. El pequeño nació con hidrocefalía y apenas puede caminar. Todas las mañanas la mujer, embarazada de cinco meses, baja a su crío en brazos para que reciba rehabilitación y cuidados de manos de Aspace, una organización de especialistas, en Trapagaran. «Le subo y le bajo todos los días. Dejo la silla abajo porque es muy pesada», relata.

Santi necesita un bipedestador, un artilugio que le permitiría estar de pie y que cuesta 3.000 euros; cantidad que la familia, con pocos recursos, no puede costear. Por ello, la asociación Bihotz Solidarioak organiza este fin de semana un evento en el colegio La Salle del municipio, con diversas actividades para recaudar fondos. Exhibiciones deportivas, música, food trucks... Todo por ayudar a Santi.

Hace casi ocho años, un 26 de mayo, vino al mundo el pequeño milagro de Robert y Fernanda. «Un niño sano que, aparentemente, no era un niño normal», explica su madre. En su primera consulta de pediatría, el doctor confirmó que sufría una hidrocefalia. «No sabíamos qué hacer ni por dónde empezar». Buscaron ayuda por todos lados. Caminaron tres días seguidos hasta la asociación de Espina Bífida en Argentina para poder hacerle los estudios oportunos al pequeño; pruebas gratuitas que en Bolivia, su país natal, eran muy costosas. Y, efectivamente, «no había vuelta atrás». El niño tenía varias carencias que venían acompañadas de una parálisis cerebral.

Evolución positiva

Se temieron lo peor. Los médicos les dijeron que el niño no iba a poder hacer «absolutamente nada». Además, un psicólogo aconsejó a la madre que dejara a Santi con una niñera y «viviera mi vida como una persona normal», recuerda. Aquella recomendación, que jamás siguió, no les arrebató las esperanzas. «Cada niño evoluciona de diferente manera», expresa Fernanda.

Gracias a la medicación y estimulación que hasta el día de hoy ha recibido, la evolución de Santi «es increíble». Es todo un batallador. Ahora el pequeño es capaz de estirar los brazos y tiene un poco más de movimiento. Está empezando a comer él solo, intenta hablar lo mejor que puede y entiende lo que se le dice. Es un niño que saca la sonrisa todos los días, «él nos anima a seguir adelante». La pareja se asentó hace un año en Sestao, buscando una vida digna para su pequeño y han encontrado todo un ambiente de solidaridad. Ven al pequeño en mejor estado e incluso va al colegio, mientras que en Bolivia tenían que «mendigar» la escolarización.