«Seguiremos juntándonos hasta el día en que nos muramos»

Los veteranos 'aprendices' de Altos Hornos compartieron un pote por Bagatza antes de la comida./Sergio Llamas
Los veteranos 'aprendices' de Altos Hornos compartieron un pote por Bagatza antes de la comida. / Sergio Llamas

La promoción del 54 de la Escuela Oficial de Aprendices de Altos Hornos mantiene viva la tradicional comida anual de hermandad

SERGIO LLAMASBarakaldo

Hace 40 años un grupo de antiguos alumnos de la Escuela Oficial de Aprendices de Altos Hornos de Vizcaya organizó una comida para homenajear a uno de sus históricos profesores, Vicente Ruiz de Alegría. Desde entonces, el encuentro se ha convertido en una tradición anual que todos los años reúne a decenas de compañeros en torno a la mesa. Ayer 31 de estos veteranos compañeros volvieron a quedar para mantener vivos los vínculos.

«Somos de la promoción del 54. Entonces entrabas a los 14 y salías cuatro años después como oficial de tercera», rememoró ayer uno de aquellos aprendices, el baracaldés Edmundo Fernández. Muchos han seguido viéndose de manera frecuente. Algunos hasta compartieron la mili. Otros coinciden sólo para esta comida que se repite cada mes de mayo. «Unos cuantos nos jubilamos a la vez, en el año 93», explicó ayer uno de los asistentes, el sestaoarra Luis Fernández.

Tanto Luis como Edmundo todavía recordaban ayer el número que tenía en clase. Iban por orden alfabético, así que sus apellidos les hicieron ocupar los puestos 28 y 29 respectivamente. El primero, también apellidado Alegría, y el último, Yenes con el número 119, han fallecido. «Yo era el 118», destacó Víctor Villanueva, en el encuentro previo.

El grupo se citó frente a la iglesia de Santa Teresa para compartir un pote antes de dirigirse al restaurante en el polideportivo de Lasesarre. Allí les aguardaban, entre otros manjares, un surtido de ibéricos, un revuelto de hongos, un lechazo asado o un taco de bacalao al pil-pil.

«A mí, mis muchachos»

Todos los años la sobremesa se alarga hasta bien entrada la tarde. «Quedamos en jueves porque es más fácil reservar», detalló el organizador, Jesús Docando, que apuntó que aunque se cambie de municipio –otras veces se ha hecho en Santurtzi o Portugalete– siempre se eligen puntos cercanos al metro para que nadie tenga que conducir.

Hay anécdotas que aparecen cada año. Docando recordó la del día en que cayó un torno de 3.500 kilos sobre uno de los aprendices. «El profesor Alegría dijo:'A mí, mis muchachos' y todos corrimos a levantarlo. Éramos tantos que no cabían las manos y lo alzamos como si no pesara», relató. La víctima del siniestro también asistió ayer. «Y seguiremos juntándonos hasta el día en que muramos», afirmó Edmundo.