Roban dos tallas en la ermita del barrio de Carral de Sopuerta

El San Roque estaba en unas andas que quedaron destrozadas. / E. C.
El San Roque estaba en unas andas que quedaron destrozadas. / E. C.

Los cacos destrozaron la cerradura de la puerta lateral el lunes por la noche y se llevaron al San Roque y a una virgen que estaba en el retablo

EL CORREO SOPUERTA.

Los vecinos del barrio de Carral, en Sopuerta, no dan crédito a lo que les ha pasado. El lunes por la noche vivieron un episodio que no olvidarán con facilidad. Una vecina oyó ruidos extraños procedentes de la ermita de San Roque y llamó a la Ertzaintza sobresaltada. Cuando los agentes llegaron, «en apenas unos minutos», descubrieron que los cacos (no se sabe si era una o varias personas) se habían llevado «al santo, a un virgen del retablo y un atril de madera para las lecturas», enumera Miguel Vera, el párroco del pueblo.

Además de los desperfectos en la puerta lateral del templo -por la que entraron al no poder hacerlo por la principal, más robusta- dejaron las andas de San Roque destrozadas. «Tuvieron que desmontar la talla», precisa el cura, que ayer mismo aún estaba haciendo los últimos trámites de la denuncia. La investigación está abierta y hay diversas hipótesis sobre la sustracción, entre ellas, «que se las han podido llevar para venderlas en el mercado negro». De ahí que todas las partes pidan la difusión del suceso y, sobre todo, de las imágenes de las tallas para ahuyentar a los posibles compradores y que alguno dé la voz de alarma.

Tanto el San Roque como la virgen están hechos en madera y «están apolilladas», señalan los vecinos. Sin embargo, el Museo Diocesano, a instancias del párroco local, que le ha pedido opinión, precisa que son dos piezas «de principios del siglos XVII de estilo popular». En el caso del santo, además, «tiene mucho detalle, su perro tiene un collar rojo con lunares negros», añaden los residentes.

Otro valor que tienen ambos objetos es el «sentimental». Y es que la imagen de San Roque es sacada en procesión cada 16 de agosto, una cita que reúne a cientos de personas. Los portadores son vecinos de la localidad, una tradición que lleva décadas y que pasa de padres a hijos. Ahora, lo que todos quieren es difundir lo ocurrido y, sobre todo, que aparezcan ambas figuras para que la romería del mes que viene, que ya calienta motores, no se vea ensombrecida por un suceso tan llamativo como incomprensible.

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