El Puesto de Inspección Fronteriza de Bilbao ha controlado un millón de toneladas de alimentos este año

Loza visita las instalaciones del puerto. /Manu Cecilio
Loza visita las instalaciones del puerto. / Manu Cecilio

El delegado del Gobierno valora que sólo se rechaza el 0,2% de lo que llega, casi siempre por la rotura de la cadena de frío

Jesús J. Hernández
JESÚS J. HERNÁNDEZ

Uno lee que la avispa asiática pone en peligro la biodiversidad al devorar a la autóctona o se estremece ante uno de sus gigantescos nidos y se acaba preguntando cómo empezó todo. Fue, según dicen, en el año 2004 en una tediosa mañana en que los operarios del puerto de Burdeos estaban descargando una partida de containers recién llegados de China. Allí, entre miles de jarrones, salieron un puñado ejemplares de la 'vespa velutina'. Casi una anécdota hasta que sus millones de descendientes acabaron colonizando una extensión de unos 120.000 kilómetros cuadrados en el sur de Europa. La plaga pronto fue imparable y el error salió caro.

Evitar estos peligros y controlar los alimentos, esas son las principales funciones del Puerto de Inspección Fronteriza de Bilbao, por donde han pasado en lo que va de año más de un millón de toneladas. Unos 950.000 corresponden a productos de origen vegetal y las otras 50.000 provienen de animales. En el PIF se inspecciona tanto los alimentos para consumo humano como los piensos para animales y «se garantiza» que los envíos procedentes de países de fuera de la Unión Europea mantienen «los estándares sanitarios exigibles aquí, que son los mismos en todos los puertos», según explicó la responsable del PIF, Patricia Ceberio. El delegado del Gobierno en el País Vasco, Jesús Loza, y el subdelegado en Bizkaia, Vicente Reyes, visitaron este martes las instalaciones, ubicadas en el Puerto de Bilbao, el quinto de España por importancia.

Loza destacó la labor de «estos 13 profesionales –inspectores veterinarios, ingenieros agrónomos y técnicos– que garantizan la salubridad de los productos que llegan». Mientras las partidas de origen animal inspeccionadas se mantienen en torno a 70.000 toneladas anuales, las de origen vegetal se han multiplicado por siete en cuatro años, de 135.000 a las 950.000, debido a la inspección de graneles, que ahora resulta obligatoria. Loza valoró que sólo se rechaza el 0,2% de lo que llega, casi siempre por golpes entre contenedores durante el viaje que afectan a la cadena de frío.

Plagas

¿Qué importamos? Además del atún centroamericano para una conservera bermeana que ayer estaba siendo analizado, llegan crustáceos de Centroamérica, Perú, Argentina, India y Vietnam, el surimi estadounidense, cefalópodos de América Latina y pesca de China. Entre los de origen vegetal, aceite de girasol ucraniano, piensos brasileños, habas de soja norteamericanas y derivados de la palma, que llegan de Indonesia y Malasia, así como alcachofas y espárragos que han crecido en Perú y China.

En el PIF de Bilbao han frenado varias plagas. El año pasado una de xilófagos –carcoma– en maderas de embalaje de un buque ucraniano y este año el insecto 'anodium', que se reproducía a gran velocidad en la madera de estiba de un cargamento indio. Se prohibió la descarga y se dio una alerta internacional. Una lástima que en Burdeos no estuvieron tan atentos aquella mañana de 2004.

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