Portugalete festeja su boda vasca

Itziar y Karlos se demuestran su amor arropados por familiares y el grupo de danzas./Fotos: Yvonne Fernández
Itziar y Karlos se demuestran su amor arropados por familiares y el grupo de danzas. / Fotos: Yvonne Fernández

Itziar Vega y Karlos Medina celebran en la villa jarrilera el primer enlace a la vieja usanza

SILVIA OSORIO

Hay gente que dice que si se casa será con una ceremonia diferente, en la playa y todos de blanco; en Las Vegas, a lo Elvis y Marilyn... Ayer, en Portugalete, Itziar Vega y Karlos Medina se dijeron 'bai nahi dut'. Ella tenía claro que lo suyo iba a ser una boda vasca. Y eso que no es la «típica novia que desea casarse». «Ya vivimos en pareja, tenemos una hija, está todo consolidado hace años».

Era la primera de estas caracterícticas que acogía la villa jarrillera y levantó una gran expectación. En general, las bodas vascas son representaciones no reales, aniversarios... o si son oficiales, suelen ser de carácter privado. No era el caso de Itziar y Karlos, en el que los invitados fueron, además de sus familiares y amigos, todos los portugalujos. Al banquete podía asistir cualquiera, con el único límite del aforo del Merkatu, donde se celebró el convite. «Puede venir cualquiera. Mi mayor enemigo y mi mejor amigo», explicaba ayer la novia.

Itziar es una apasionada del folclore vasco y había visto vídeos sobre enlaces euskaldunes, pero nunca había presenciado uno en directo. Le tiraba la idea y se lo propuso a su pareja, a quien no le llamaba mucho la atención y optó por una postura habitual entre los novios: «Me dijo que si me encargaba yo que muy bien. Dime la fecha y la hora más o menos», bromea.

Se puso manos a la obra. Preguntó en el Ayuntamiento. Allí le explicaron que nunca antes ninguna pareja lo había propuesto. «El alcalde, Mikel Torres, me dijo que si yo quería hacerlo, nos iban a apoyar». Dicho y hecho. El rito se siguió casi a rajatabla: no hubo cura, pues la ceremonia fue civil, y tampoco bueyes arrastrando el ajuar de los novios porque la normativa municipal prohíbe animales en kalejiras, de manera que se optó por un tractor. Los contrayentes salieron por separado para encontrarse en la plaza Larrantxe. Allí tuvo lugar la entrega de la dote, en la que la novia depositó muebles y su futuro esposo, tierras. «He puesto la antigua mecedora en la que me acunaba mi abuela cuando era pequeña», detallaba la joven visiblemente emocionada, aunque «cansada por todos los preparativos». Tras el trámite, los novios repartieron pastas y mistela.

El alcalde, Mikel Torres, ataviado para la ocasión, ofició el enlace.
El alcalde, Mikel Torres, ataviado para la ocasión, ofició el enlace.

Danza en vez de vals

Después, el cortejo nupcial se dirigió al Kiosko, lugar elegido para el enlace y donde les esperaba Mikel Torres, vestido de alcalde a lo antiguo. Como manda la tradición, con chistera y capa. «Me ha parecido un espectáculo precioso, en el que la gente ha podido asistir. En un futuro igual se puede establecer una anual y seguir la tradición», afirmó el regidor jarrillero. Los invitados fueron llegando con sus vestidos y peinados tradicionales. Les asesoró la novia. «Me recomendaron a una señora de Basauri, del grupo de Agin-tzari. A ella le debo toda mi boda».

Entre los allegados, los tíos indianos y el médico, encarnado por un amigo del novio, que fue de prestado. «Menos mal que me ayudó mi novia. Buscamos fotos y fuimos consiguiendo cosas». Una muestra de la implicación de los invitados. «Me hacía mucha ilusión», reconocía la ya esposa. Quien también se lo pasó de lo lindo fue la hija de Itziar y Karlos, Ainitze, de 3 años. La cría acaparó todas las miradas. Tras el casamiento, todos al banquete. El menú, de sidrería. Si una boda ya de por sí no se olvida, en este caso será Portugalete la que no lo haga. Después de la comilona, la gran fiesta. Los novios, cómo no, sustituyeron el vals por una danza vasca.

 

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