Un motor ecológico fabricado en Sestao busca comprador

El invento se ha desarrollado sin catalizador. / PEDRO URRESTI
El invento se ha desarrollado sin catalizador. / PEDRO URRESTI

El veterano piloto baracaldés de rallies, Fernando Brizuela, crea un motor de gasolina con niveles cero en monóxido de carbono y con menos consumo de combustible

AZAHARA GARCÍA SESTAO.

La necesidad agudiza el ingenio. Con más de 150 victorias como corredor de rallies a sus espaldas -entre ellas la Copa de España de 1987-, la preocupación de Fernando Brizuela, mecánico baracaldés afincado en Sestao desde hace varios años, por el gasto de gasolina que su gran pasión le repercute al bolsillo resulta comprensible. Una inquietud que le ha llevado a crear un motor que reduce a más de la mitad el consumo de combustible sin perder nada de potencia. Pero además de ahorrarse un pico, el invento también resulta de lo más eficiente a nivel medio ambiental, algo que en esto tiempos que corren no está de más.

El artilugio que ha creado el piloto fabril también consigue eliminar la emisión de gases contaminantes como son el monóxido de carbono y los diópsidos. Todo ello «sin necesidad de catalizador y sin que se note el cambio a la hora de conducir», afirma a este diario el mecánico vizcaíno en su taller de Sestao.

La idea surgió hace ya años, mientras Brizuela cumplía con el servicio militar. «Me venía bien reducir el gasto de gasolina sin perder potencia», explica. Sin embargo, con la llegada en 1981 de los motores turbo, el proyecto quedó aparcado. No fue hasta 2009, tras una operación de corazón en la que le colocaron tres baypass, cuando este mecánico decide retomar la idea y llevarla a cabo hasta el final. «Al principio lo que yo quería era crear un motor desde cero, pero el coste ascendía a 130.000 euros y no encontraba patrocinador», relata.

Por ello, se tuvo que conformar con adaptar uno ya fabricado, pagando de su bolsillo los 25.000 euros que le ha costado fabricarlo. Según sus palabras, «lo que he hecho ha sido sustituir las piezas desde la mitad del motor hacia arriba añadiendo cuatro piezas más por cada cilindro, la consecuencia es un aumento de la potencia y la resistencia reduciendo las revoluciones y la incineración de los gases».

Pese a que la idea resulta atractiva para el sector del motor, Brizuela se sorprende de los problemas que está teniendo para vender la patente de este invento. «No entiendo que, con toda la preocupación que existe con reducir los niveles de contaminación, nadie me llame para interesarse por este motor», lamenta con gesto contrariado. Máxima cuando, a su juicio, «la prueba está hecha solo con gasolina, pero con tiempo, inversión y estudio podría tener aplicaciones en todo tipo de motores de combustión», apostilla.

Un invento sostenible y que, además, podría ser generador de empleo, ya que «habría que cambiar el sistema de fabricación de todos los motores», apunta. De ahí, su incredulidad de que ni inversores privados ni públicos hayan dado señales de interés. «Aquí no llama nadie ni para preguntar», reconoce Brizuela. Su deseo es buscar una patente en el entorno, para generar trabajo. Ya se han puesto en contacto con empresas de Euskadi, el Estado de Europa, pero la respuesta ha sido negativa. Por eso, ya lo está intentando en Estados Unidos.

Rienda suelta a la imaginación

El motor ecológico no es el único invento que ha salido de la mente de este veterano de los rallies, que da rienda suelta a su imaginación siempre que puede. Ya en 2008, «con el auge de la energía solar», creó un seguidor solar, unas placas que se mueven buscando el sol.

La idea la tuvo que abandonar por falta de financiación. Sin embargo, pese a las trabas que ha sufrido en el camino, no se rinde. Confiesa este profesional de la mecánica que tiene más proyectos en mente y luchará por materializarlos. «Los llevaré a cabo si consigo vender la patente del motor porque entre su fabricación y los viajes que estoy teniendo que hacer para conseguir los papeles que lo certifiquen no quiero ni saber lo que llevo gastado». Por el momento, la patente ha sumado otros 12.000 euros al presupuesto de fabricación.