«Casi matan a mi hermano por robarle un móvil viejo y una cartera sin dinero»

Gloria y su hermano Mario, en la foto que ellos se han hecho para denunciar la agresión. /E. C.
Gloria y su hermano Mario, en la foto que ellos se han hecho para denunciar la agresión. / E. C.

Dan una paliza a un discapacitado psíquico de Santurtzi cuando se dirigía a su puesto de trabajo en el taller Ranzari

DIANA MARTÍNEZ

El habitual camino al trabajo de Mario González, un vecino de Santurtzi que sufre una discapacidad psíquica, se convirtió el pasado martes en una jaula sin escapatoria. El hombre, de 49 años, acudía a su puesto en el taller Ranzari cuando dos individuos le asaltaron en el parque de Mirabueno, en las cercanías de la calle Pedro Icaza, donde reside. El agredido, que fue atendido en el hospital de Cruces, sufrió heridas en la cabeza y en el rostro, que precisaron puntos de sutura.

Los hechos tuvieron lugar a las 6 de mañana. «Casi le matan por cuatro cosas que llevaba encima», contaba este martes a este periódico su hermana Gloria, con la que reside, aún impactada por lo sucedido. El empleado de Ranzari subía las escaleras de acceso al parque y en ese momento se vio sorprendido por dos hombres, que le dijeron que «les debía dinero». Sin mediar más palabras «le dieron una paliza descomunal», relata la mujer. Los agresores le robaron el bolso, con una cartera en la que no llevaba dinero, su «móvil del año de la pera», el carnet y una pitillera. No tenía nada más encima. «Más que robarle, creo que cogieron un juguete para jugar. Sabían quién es mi hermano y que padece una minusvalía que le hace ser como un niño», asegura la hermana de la víctima.

Mario recibió varios golpes que le dejaron con la cara ensangrentada. Hasta que una joven que pasaba por el parque se percató del ataque y dio la voz de alarma a la Policía. «Se podría decir que tuvo suerte, porque si no fuera por esa llamada, podía no haberlo contado», incide Gloria. Al lugar se desplazó una ambulancia y fue trasladado al hospital. Mario se encontraba «desorientado y muy asustado» y nada más ver a su hermana se abalanzó hacia ella para darle un abrazo, «llorando como un niño».

«Conocidos en la zona»

«Cuando le vi la cara se me rompió el alma. Se trata de alguien inofensivo e indefenso, no entendemos cómo ha podido pasarle algo así». Sobre los agresores, de momento, no hay ninguna información oficial al respecto. Sin embargo, Gloria González asegura que «son conocidos en la zona». «Suelen estar en la iglesia viendo si pueden quitarles algo a las personas mayores».

Ahora Mario «tiene miedo por si los agresores toman represalias». El temor, sin embargo, no les echa para atrás. «No lo voy a dejar pasar. A ver si entre todos podemos hacer algo para que no se repita; esta vez ha sido mi hermano, pero mañana puede ser otra persona. A Mario le han roto la cara; a la familia, el alma».

 

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