Fallece el último guarda del Pagasarri tras 30 años de servicio

Rafael Toral López./
Rafael Toral López.

Rafael Toral tenía tan solo veinte años cuando comenzó a cuidar de los montes municipales, una labor que llegó a emplear a cinco personas

LEIRE PÉREZ

«Hay personas que pasan desapercibidas, pero que sin embargo, el día que faltan bien que se nota que no están». Así resumía ayer José Ángel Carrero, responsable de Parques Forestales del Ayuntamiento de Bilbao, la pérdida de Rafael Toral López, conocido como el último guarda del Pagasarri. Familiares, amigos y compañeros de trabajo despidieron en el salón de actos del Tanatorio Funetxea de Bilbao a un hombre que se encargó, durante más de tres décadas, de cuidar al pulmón del botxo.

Rozaba la veintena cuando accedió a un servicio, el de cuidar y controlar los montes municipales, que en sus inicios llegó a emplear a cinco personas. Dos de ellos se jubilaron hace ya años y un tercero fue arrollado hace dos décadas por un coche. Durante cuatro ejercicios, únicamente los otros dos funcionarios se mantenían al pie del cañón. Uno de ellos era Rafa, que finalmente, en 2014, se quedó solo como vigilante del icónico monte bilbaíno. No era su única labor. También velaba por el bienestar de otras zonas verdes de la capital vizcaína. Era demasiado para un solo hombre, por lo que el Ayuntamiento decidió contratar a una empresa que echase un capote a Rafael.

Será esta la firma que, a partir de ahora, se ocupe de una labor que pasa desapercibida para la mayoría de los bilbaínos. Toral no les ha puesto fácil el relevo. Algo que suelen hacer aquellos profesionales que derrochan vocación y ganas, como era su caso. Apasionado del monte y de la naturaleza, este bilbaíno era capaz de saber el lugar exacto en el que había anidado un pájaro, por muy raro que fuese. En época de fuertes lluvias no dudaba en echar las herramientas al coche y subir a limpiar a fondo para que el agua descendiese por donde era debido. «Incluso acudía a diario a eliminar las hierbas que se amontonaban en los tubos para que no se taponasen y el desagüe fuera el adecuado», recuerda Carrero.

Pendiente de todo

Su conocimiento del trabajo, del entorno y hasta de quienes subían al 'Paga' era conocido por todos. Encargado de abrir y cerrar las puertas cuando se celebraban eventos y rutas montañeras, conocía al dedillo las rutas y recovecos del monte y sabía con certeza si algún montañero o turista se había quedado a medio camino. Con mil ojos siempre, no se olvidaba de tener limpias las papeleras o dar la alerta si localizaba algún escombro donde no debía estar. Siempre pendiente, hasta controlaba si había alguien realizando algún trabajo en sus dominios.

Su muerte dejará un vacío irrecuperable en el monte al que dedicó su vida, asegura el Consistorio. Pero no solo el espacio en sí notará la ausencia, ni los habituales del Pagasarri, a muchos de los cuales saludaba y conocía. Su falta se notará especialmente el próximo 16 de agosto en la celebración de San Roque, una fecha que se celebra en la ermita de la cumbre y en la que Rafael Toral se implicaba especialmente.

También le echarán de menos en el asador Mendipe, donde paraba a reponer fuerzas. Allí, Cyrile, un camerunés afincado en Bilbao desde hace quince años, se mostraba ayer abatido al saber de su muerte. «Ha sido muy triste. Todo el mundo le conocía, solía venir por aquí a tomar café», lamentaba el hombre.

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