Escolares promueven que Barakaldo sea el primer municipio vasco que instale placas en honor a los prisioneros del nazismo

Los alumnos que han participado en la iniciativa cursan 4º de ESO. / JORDI ALEMANY
Los alumnos que han participado en la iniciativa cursan 4º de ESO. / JORDI ALEMANY

El colegio Alazne de Cruces rescata la historia de seis vecinos del municipio que pasaron por varios campos de concentración

AZAHARA GARCÍABARAKALDO.

José Luis Mazo Sámano nació en el barrio baracaldés de El Regato el 8 de agosto de 1918. Con apenas 21 años, en pleno final de la Guerra Civil e inicio de la dictadura franquista, se vio obligado a exiliarse a Francia. Allí, las opciones que le dieron para sobrevivir fueron pocas: o alistarse en el ejército y marchar a combatir el nazismo en Holanda y Bélgica, o regresar a casa y enfrentarse a las consecuencias de haber pertenecido al bando republicano.

Con pequeñas diferencias, la historia de este baracaldés comienza de forma muy similar a la de los otros cinco vecinos del municipio fabril que vivieron el horror nazi. Tras su paso por la cruenta Segunda Guerra Mundial, terminaron siendo prisioneros en diferentes campos de concentración en los que sufrieron torturas inhumanas. Algunos sobrevivieron y otros no, pero esa fue la vida de Julián Aparicio Baranda, Luis Arranz, Emilio Cuevas, Gerardo Moro de la Fuente y Félix Urrutia.

Casi 80 años después de su apresamiento, de aquella dura vivencia que les marcó para siempre, los alumnos de 4º de la ESO del colegio Alazne de Cruces han rescatado la historia de estos seis héroes nacidos en Barakaldo con el objetivo de darla a conocer.

De la mano de Jagoba Álvarez, su profesor de historia, los estudiantes han puesto en marcha una campaña informativa dentro del centro con la esperanza de poder hacerla extensiva a todo Barakaldo. Para que la historia de estos seis vecinos de la segunda urbe vizcaína no caiga en el olvido, los chavales han solicitado al Ayuntamiento fabril la colocación de seis placas conmemorativas conocidas como 'Stolpersteine'. «Son baldosas que se ponen en las aceras de todo el mundo con el nombre del prisionero del campo de concentración a quien se quiere rendir homenaje», explicó a este periódico el docente y precursor de la iniciativa.

En todo el País Vasco todavía no se ha instalado ningún elemento de estas características, por lo que, «si el Consistorio dice que sí, sería el primer municipio del territorio en rendir honores a los prisioneros del nazismo», añadió el profesor.

«Un infierno»

'Stolpersteine' es una palabra alemana utilizada para hacer referencia a una piedra que puede hacer tropezar. Estas baldosas tienen un pequeño relieve perceptible al poner el pie encima. El objetivo es que el ciudadano que las note en su suela se incline a mirarlas, rindiendo honores al prisionero al que conmemoran. Esta iniciativa fue creada por el artista Gunter Demnig y se puede ver en las aceras de muchas ciudades, tanto del país germano como de Francia, Italia e incluso en España.

El Ayuntamiento de Barakaldo, tras escuchar el pasado mes de abril la propuesta del colegio Alazne ha emplazado a su alumnado a volver a tratar el tema en septiembre; después ya de la vorágine de las recientes elecciones municipales y de la creación del nuevo equipo de gobierno.

Gracias a los diferentes autores que tuvieron la oportunidad de hablar con el propio Mazo, que sobrevivió a su paso por el Stalag VII-A de Moosburg -conocido como el 'Campo de los Vascos'-, los alumnos han podido recoger en un blog -euroalazne.blogspot.com- parte de su conmovedor testimonio.

«Aquello era un infierno», relató el propio prisionero, quien añadió que «era imposible saber la gente que murió porque, así como algunos estábamos contados, otras veces secciones enteras entraban en la cámara de gas».