«Si con mi ejemplo ayudo a alguien, habrá merecido la pena pasar lo que me ha tocado vivir»

La deportista sufrió un accidente laboral con 26 años. /A. García
La deportista sufrió un accidente laboral con 26 años. / A. García

La triatleta paraolímpica, Raquel Mateo, trasladó a los alumnos del Instituto Ángela Figuera de Sestao la importancia de «no rendirse nunca»

AZAHARA GARCÍA SESTAO.

«Lo paso peor aquí que compitiendo». Con esta confesión y visiblemente nerviosa, la triatleta olímpica, Raquel Mateo se puso, ayer, delante de los casi 200 alumnos que asistieron a la charla organizada por el Instituto Ángela Figuera de Sestao. Una iniciativa que, cada año, tiene como objetivo poner en valor la diversidad y la integración a través del deporte, y homenajear a aquellas personas que no se rindieron ante la adversidad y que consiguieron levantarse cuando la vida les hizo caer.

La deportista de Mungia encaja, perfectamente, en ese ejemplo de superación. Con 26 años un accidente laboral le inutilizó completamente la pierna izquierda. Al trauma de verse impedida tuvo que sumar todo el trastorno de acciones judiciales y pruebas forenses que supone sufrir una lesión en horas de trabajo. Un «infierno» que duró nueve años y del que salió más fuerte que nunca. Hoy, viendo las cosas con la perspectiva que da el paso del tiempo, y siempre con una sonrisa, es capaz de afirmar que «el accidente me cambió la vida para mejor, porque a lo que yo pasé antes de esto no se le puede llamar vivir». Durante los años de adolescencia, sufrió una fuerte anorexia contra la que tuvo que luchar sin descanso para superarla; «aquello fue mucho más duro que afrontar las secuelas del accidente», asegura.

A día de hoy, Raquel reflexiona sobre si enfrentarse a esa enfermedad es lo que la hizo fuerte para plantarle cara a todo lo demás, después de pasar por aquello ya nada se le pondría por delante. Lo del deporte surgió por casualidad, sin meditarlo demasiado y, por supuesto, sin soñar, si quiera, con todo lo que ha conseguido.

Llegar a competir en las Olimpiadas de Río 2016 no entraba en sus planes cuando se plantó en la tienda de bicis de su pueblo para que le hicieran un «apaño» y, así, poder montarla. La sensación de libertad que le otorgó el desplazarse ella sola por las calles de Mungia le llevó a seguir practicando hasta llegar a competir. Una vez superado ese reto, su mente inquieta la llevó a intentarlo con el triatlón, «pero yo no sabía correr, todavía nadar, pues muevo una pierna y la otra flota con el neopreno, pero he tenido que aprender a correr con los brazos», relató ante los chavales. No solo aprendió a hacerlo, sino que su tesón la ha llevado a volver de unas olimpiadas con un diploma que mostró orgullosa a los estudiantes.

Positivismo e ilusión

A la triatleta vizcaína le preocupaba ayer que los nervios no le permitieran transmitir todas las emociones que quería compartir con el público. Pero ella irradia energía positiva sin necesidad de pronunciar una sola palabra. Es una mujer tímida y, aunque ya debería estar acostumbrada a las multitudes, le sigue impresionando hablar en público «sobre todo, si es delante de adolescentes porque escuchan con mucha atención».

Sin embargo, Mateo es consciente de que su historia sirve de ejemplo para otras personas que lo están pasando mal y es capaz de superar ese miedo escénico cuando se trata de ayudar a los demás, «si con mi ejemplo consigo ayudar a una sola persona de las muchas que se acercan a mí, habrá merecido la pena todo lo que me ha tocado pasar en esta vida», afirmó categórica ante un auditorio que, no solo no perdía detalle, sino que se rindió ante un discurso lleno de ilusión y positivismo.

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