«Con lo que costaba un Dodge nuevo te comprabas dos pisos en Bilbao»

Los vehículos causaron gran expectación entre los viandantes. / PEDRO URRESTI
Los vehículos causaron gran expectación entre los viandantes. / PEDRO URRESTI

Portugalete fue el escenario de la Concentración Nacional Tour Bizkaia de este clásico que siempre fue sinónimo de lujo

AZAHARA GARCÍA PORTUGALETE.

El Dodge siempre fue considerado como un vehículo de lujo. De ahí, quizá, la expectación ayer en la Plaza del Solar de Portugalete, a la que numerosas personas se acercaron para curiosear y deleitarse con la belleza y elegancia de los 39 coches clásicos, fabricados entre 1960 y 1975, que aparcaron delante del Ayuntamiento vizcaíno para tomar parte en la Concentración Nacional-Tour Bizkaia.

José Luis Otero, miembro del Club Dodge España, ejerció como anfitrión de la cita para los más de 70 aficionados que llegaron de todas las provincias del Estado a la localidad jarrillera. Confesó que tener un Dodge siempre fue su sueño, pero «en los años 70 el precio de este coche era de unas 500.000 pesetas y mi sueldo era de 600 al mes, con lo que costaba uno de estos te comprabas dos pisos en Bilbao», afirmó. Casi nada.

70
aficionados llegaron a la villa desde otros puntos de la península para disfrutar del evento.
39
bólidos aparcaron delante de la Casa Consistorial para tomar parte en la concentración.

El hombre, sin embargo, no se rindió y con el paso de los años, por fin, pudo presumir de ser propietario de un Dodge matriculado en la capital vizcaína. «La mayoría de los que ves aquí fueron todos registrados en Madrid, aunque luego se distribuyeran a toda España», de ahí que muchas de las placas empiecen por M, explicó.

Otero, se mostró muy contento con la cantidad de gente que se acercó a ver la concentración. «Estos coches siempre fueron usados por ministros o por gente importante, nunca fueron un utilitario más, quizá, por eso la gente sienta curiosidad, no era común verlos por la calle», comentó. Entre las personas que se acercaron a ver los espectaculares bólidos, Elena Muñoz y Ana Santa María, aseguraron no saber mucho de mecánica, pero señalaron que «este tipo de coches llaman la atención, aunque echamos de menos poder subirnos y comprobar si esos asientos son tan cómodos como parecen».

Reunión de amigos

El que sí acudió con ojo crítico a la muestra fue el portugalujo Rodrigo Fernández, que, aunque a día de hoy se dedica a reparar autobuses, recuerda con cariño cuando «le metía mano a motores como estos, ahora todo se hace con un ordenador, pero en aquel entonces desmontábamos nosotros mismos estos mecanismos».

Estas concentraciones, aparte de satisfacer la curiosidad de los vecinos de las localidades que las acogen, también sirven de excusa para que los miembros del Club Dodge España se encuentren de vez en cuando y puedan compartir experiencias de su afición.

Rubén Caballero, que llegó desde Madrid, acude a este tipo de eventos para hacer contactos y, en este caso lo hizo «para disfrutar de los paisajes y gastronomías del País Vasco».

 

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